Autoridad de salud de EEUU recomienda mantener la cuarentena

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Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos (EEUU) y quien es la cara visible de la divulgación de información sobre el coronavirus en ese país, alertó este martes ante el Senado que una reapertura prematura podría tener consecuencias «realmente serias» y admitió que las muertes son «probablemente» más que las que registran los datos oficiales.

Mientras EEUU se acerca al millón y medio de contagios, prácticamente un tercio del total de casos en el mundo, el máximo asesor en salud del Gobierno estadounidense asume que no tienen el «brote de coronavirus bajo control».

Fauci, principal consejero médico del gobierno de Donald Trump, durante una esperada audiencia ante el Senado de Estados Unidos, advirtió de las «serias» consecuencias de levantar prematuramente el confinamiento decretado por la pandemia del COVID-19.

El experto en enfermedades infecciosas advirtió al Congreso que aunque el Gobierno federal está trabajando en elaborar una vacuna contra el nuevo coronavirus, «podría pasar tiempo» hasta que las dosis estén disponibles en el mercado.

Fauci, previo a la comparecencia, en un correo electrónico dirigido al diario The New York Times, advirtió que el plan del Gobierno federal para que los estados reabrieran «no solo resultará en sufrimiento y muerte innecesarios, sino que en realidad nos retrasará en nuestra búsqueda de volver a la normalidad».

América es la región con más infectados del mundo por COVID-19, y se ha convertido en el epicentro de la pandemia por el creciente número de casos registrados en la última semana en países como Estados Unidos, Brasil, Canadá y Perú.

De acuerdo con las cifras de las autoridades sanitarias Estados Unidos está a la cabeza del listado mundial con 1,3 millones de enfermos de coronavirus. A pesar de los altos números, ya comenzaron a ensayar el desconfinamiento para retomar la actividad económica sin haber ralentizado los contagios de la primera ola.

Pensar en una «segunda ola» de contagio no es una opción para los EEUU. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido al mundo el peligro de nueva expansión de la pandemia del coronavirus; y desde ya, el máximo ente de sanitario a previsto que las consecuencias probablemente sería más grave de las que actualmente se haya evidenciado.

Esta misma posición la han manifestado virólogos de distintas naciones, quienes aseguran que una nueva avanzada del COVID-19 podría ser más peligrosa que la primera, porque el germen ya está en todas partes y su reproducción se daría a mayor velocidad.

Un gran número de naciones afectadas se encuentran en el dilema de cómo reducir las restricciones a las actividades comerciales y públicas sin hacer que la ola mortal del virus regrese.

Si bien algunos países asiáticos ya han recorrido el camino a la normalidad relativa con cierto éxito, y que los Gobiernos europeos analizan cómo impulsar estrategias comunes para contener el posible rebote de contagio, los responsables políticos de los Estados Unidos de Norteamérica parecen apelar a elementos de carácter psicológico, y a la explosión de los valores hedonistas en su sociedad para minimizar los efectos de la expansión de la influenza pandémica cuyo costo humano superó ya las 80 mil vidas.

El presidente Donald Trump se niega a ponerse la mascarilla, a pesar que uno de sus asistentes más cercanos y la jefa de prensa del vicepresidente Mike Pence han dado positivo a la prueba del COVID-19.

Permitir la reapertura de salones de belleza, gimnasios, playas, entre otras actividades recreativas, es un desafío a las advertencias de sus propios funcionarios de salud pública, que han catalogado como «prematuro» el levantamiento de las medidas de distanciamiento social.

Aunque el virus continúe acechando a la población y no se haya encontrado una vacuna o tratamiento único, se insiste en imponer desde los mandos de poder de la Casa Blanca que la pandemia del coronavirus socialmente terminará.

Naomi Rogers, historiadora de la Universidad de Yale, dijo al The New York Times, que «los funcionarios de salud pública tienen un final médico a la vista, pero algunos miembros del público ven un final social».

Ciudad CCS / Agencias