CARACAS CIUDAD CARIBE | Venezuela en la encrucijada histórica (y II)

0

EL DILEMA DE ESTADOS UNIDOS

Estados Unidos está prisionero de una serie de situaciones dilemáticas: se halla empantanado en el Oriente Medio y en Afganistán, si se quedan no podrán salir jamás, si se van no retornarán nunca.

En el corto plazo, la lógica indicaría que debería negociar con la Venezuela Bolivariana una salida política. Pero la soberbia y la ceguera proverbial de la clase política estadounidense, donde se incrusta el neofascismo populista de Trump, impedirán que se negocie con un ser que ellos consideran inferior, como nuestro Presidente Maduro. La lógica del fascismo, desde los tiempos “inefables” de Herr Adolfo Hitler, aconsejaba asesinar a los seres que ellos consideraban para la época como subhumanos, untermenschen: judíos, eslavos, gitanos, negros, discapacitados, enfermos mentales, etc. En este sentido, la matriz de opinión creada por la llamada actual oposición venezolana de considerar al Presidente Maduro como un dictador, le ha hecho el juego a los intentos para asesinarlo comandados por lacayos fascistas como el Santos, Duque y Piñera y de payasos como Julio Borges y Johnny “White Dog” entre otros.

La tesis de los imperialistas estadounidenses, cubano-americanos y venezolano-americanos incluidos, es que asesinando a Maduro como hicieron con Chávez, se acabaría todo el proceso bolivariano, abriendo el camino para que las mascotas del imperio que habitan en Acción Democrática, Voluntad Popular, Proyecto Venezuela, Primero Justicia, Causa R y toda la calaña golpista de la derecha, le entreguen nuestro petróleo y nuestro gas recibiendo a cambio la posibilidad de lamer la mano del amo y obtener jugosas comisiones en dólares por su fidelidad –como ya ocurrió con el robo de Citgo, regalada a White Dog– luego, eso sí, de pagar puntualmente los correspondientes impuestos federales al fisco estadounidense.

Esta tesis simplista obvia un hecho fundamental para el análisis dialéctico de la situación: el legado del Presidente Chávez que lleva adelante el Presidente Maduro, representa para los pueblos oprimidos de América Latina la esperanza de que es posible lograr los cambios sociales para salir de la pobreza, desarrollando la democracia participativa. El intento de asesinar al Presidente Maduro prueba que el imperialismo nunca permitirá que por las buenas o por la vía democrática se logre erradicar la pobreza. El asesinato de Salvador Allende es una demostración palpable ¿Cuál sería la única esperanza de los pueblos excluidos? la revolución violenta. La guerra de Vietnam y luego las de Irak, Afganistán y Siria han mostrado que Estados Unidos, aun con todo su enorme arsenal militar no es capaz de ganar guerras asimétricas. Asesinar al Presidente Maduro no resolvería el dilema del imperialismo.

Los secuaces de la mafia de Trump nunca podrán tomar el poder en Venezuela a menos que Estados Unidos lance una invasión militar. Pero no podría hacerlo mientras el ejército colombiano, su principal aliado para invadir a Venezuela, a pesar de los acuerdos de paz, siga empantanado en los rezagos de la guerra interna, proceso que puede tomar meses, si no, años.

Embarcarse en una acción suicida contra Venezuela en las presentes condiciones no garantiza a Estados Unidos que el petróleo barato comience a fluir libremente hacia su territorio 72 horas luego de haber atacado. Es muy posible que la guerra convencional dure no más de unas semanas, pero la guerra asimétrica, la guerra de resistencia al bloqueo económico y financiero puede tomar largo tiempo, cerrando definitivamente la posibilidad de apoderarse en el corto plazo del petróleo barato, del gas, del oro y sobre todo de la gasolina barata.
Las refinerías y los campos petroleros venezolanos serían las primeras víctimas de un conflicto cuyo fin, ni los más osados meritócratas de la vieja Pdvsa habrían podido imaginar. ¿Qué pasará con Cuba, Colombia, Brasil y Argentina? ¿Se acomodarían China, la India y Rusia a una renovada hegemonía mundial de Estados Unidos? ¿Cuál sería la reacción de Irán?

Estados Unidos está tratando de transformar las Naciones Unidas en una especie de Santa Alianza actualizada, a los fines de poder perseguir, con el apoyo legal y material de sus aliados occidentales, a los Estados petroleros que ellos denominan delincuentes porque no siguen sus mandatos con docilidad y –sobre todo– porque no les quieren entregar combustible barato. Pero esta vía es difícil, ya que potencias emergentes como China, Rusia y la India que casi tienen en sus manos el control de la economía mundial, es posible que veten cualquier resolución que perjudique sus propios proyectos políticos.

El proyecto de asesinar a Maduro, de invadir y asfixiar económicamente a Venezuela, no es técnicamente imposible de llevar a cabo, pero es muy difícil realizarlo con éxito debido a la férrea presencia de la unidad civico-militar-policial, a la disciplina y el grado de conciencia, dignidad, movilización y organización social alcanzado por el poder popular venezolano como lo demuestra la participación popular en la derrota de la invasión mercenaria gringo-colombiana practicada por Macuto el pasado 3 de mayo.

El riesgo de producir una conflagración mundial que se llevaría por delante al sistema capitalista es hoy muy evidente. La razón aconsejaría a la banda de espíritus supremáticos que gobiernan actualmente a Estados Unidos, reconocer que por esta vez no llevan consigo todas las de ganar. Para evitar un colapso similar al de la Unión Soviética, que podría degenerar en un Götterdämmerung, en un Ocaso de los dioses más terrible que el compuesto por Wagner, sería conveniente negociar, como gente sensata, con los que tienen en sus manos la posibilidad real de resolver la encrucijada histórica en la que nos hallamos embarcados todos los pueblos del mundo.

MARIO SANOJA OBEDIENTE/IRAIDA VARGAS*
Cronistas de Caracas

*Oficina del Cronista de la Ciudad. Alcaldía y Cámara Municipal del Municipio Libertador
Caracas, mayo 2020.