La página de Aquiles | Sobre Aquiles

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En homenaje al centenario de su nacimiento, Ciudad CCS emprendió en octubre pasado un camino encantador y también encantado por la obra del inmenso poeta caraqueño Aquiles Nazoa. La Página de Aquiles llega hoy a su final y, por una vez, sin los acostumbrados textos del poeta sino con algo de lo que sobre él se escribió y aún se escribe. Sus primeros tiempos, los de la persecución, los del poeta ya consolidado en su lugar de venezolano valioso y valeroso, los del erudito conferencista e intelectual consagrado y de muy alto vuelo, y hasta los posteriores a su partida. Todos los textos dan fe de la estatura literaria del poeta y del hombre impecable frente a la vida, al tiempo y las circunstancias en que le tocó vivir. ¡La fiesta sigue, Ruiseñor de Catuche, tú vas en nuestros corazones!

Ese ritmo violento que imprimió a la sociedad venezolana en lo que va del siglo el ímpetu torrencial del negro petróleo, y la posesión y explotación de este por los imperios ultramarinos, lo refleja Nazoa, burla burlando, pero con una precisión escalofriante y amarga. Aparente cronista jovial de su tiempo venezolano, desde sus octosílabos, endecasílabos y alejandrinos nos da un testimonio de un acontecer donde lo trágico y lo irrisorio conforman paradójicamente una realidad nacional. Realidad que él ansiaba cambiar, porque, como a muchos, le quemaba las entrañas. Por eso también encontramos en el fondo de esas aguas luminosas que son los versos de Aquiles, un oscuro limo de tristeza y la concha de arista rebelde e hiriente. Su tiempo y el dolor de su país lo obligó en ocasiones a usar certeramente ‘el puñal con gracia’ que molestaba a Darío; pero al usarlo Aquiles lo dotaba de balsámico lirismo y de ese humanismo que acompaña siempre a la violencia justa cual es la guerra del pueblo o la que ejerce el cirujano con el bisturí, una y otra en persecución del bien”.

César Rengifo, 1978.

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“Caraqueño por los cuatro costados, nadie amó tanto a su ciudad natal como él. Y digo mal, pues nadie la sufrió tanto como su corazón enfermo por tanta depredación, tanta rotura, destrucción tanta. Lo feo le era abominable. Poco a poco los urbanizadores, que carecen de la más elemental urbanidad harían agostados y secos su Guaire, su Catuche, su Anauco, su Caroata.”

Héctor Mujica, 1981

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“Aquiles es un niño fugado del libro primario. Son sus amigas la nube, la hierba,
la rosa, la fuente.
Aquiles aprendió a escribir
en un cuaderno de muchacho pobre,
con una cajita de lápices de arco iris
que le veteaba sus dedos”.

Alarico Gómez, 1961 

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“Aquiles ya está en el pequeño Panteón del alma que alegramos con flores silvestres todos los venezolanos.
Su sonrisa hace falta en el otro Panteón, donde entristecen tantos héroes ante las lluvias de amarguras que suelen azotarnos”.

Luis Brito García, 2019

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Tenemos razones para no olvidar a Aquiles cuando analizamos el periodismo que hizo, el ejercicio inspirador de comunicar comunicando, desde la palabra, desde el humor, desde el ejemplo. No se puede olvidar lo incisivo del verbo nazoano al atacar a la burguesía enseñoreada en su mal gusto aprendido para parecerse al otro, despreciando la exquisitez genuina del ser venezolano.

Lil Rodríguez, 2011 

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“Pero no hay que pensar que Aquiles Nazoa haya sido un poeta de esos que algunos llaman “sociales”; no fue un poeta principista, ni mucho menos doctrinario: salvo en contadas ocasiones, su mensaje no es directo, ni siquiera político. Él cuenta las cosas que ve, entretejiéndolas de ironías, pero eso sí: se trata en sus versos de dignificar a los miserables y ridiculizar a los poderosos. En lo político, por lo demás, su actitud siempre fue claramente progresista”.

Ludovico Silva, 1987

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“Siempre con el Ávila en las pupilas y trajinando los puentes del Guaire, de Caroata, de Catuche, del Anauco, Aquiles fue creciendo en el amor de Caracas, como Paul Éluard en el de París y Walt Whitman en el de Long Island y Manhattan. Invocando nuestro sagrado derecho a ser cursis, diremos de una vez que desde chico ha sido un lírico novio de Caracas. No hay ninguna exageración en afirmar que ningún poeta caraqueño ha dado más de sí en la defensa de este valle. Caracas es una constante en su poesía desde el principio y para siempre”.

Aníbal Nazoa, 1967

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“La dura noticia recorrió los calabozos, los presos comentaban ‘se fue el poeta de nuestro pueblo, el hombre del futuro, el luchador incansable’… ‘sin conocernos fue nuestro gran amigo’… ‘siempre estuvo al lado de los humildes y combatiendo a los ricos… ‘su poesía se convirtió en arma emancipadora’… ‘participó también en el festival por nuestra libertad el año pasado’… ‘sí, ¿recuerdan qué hermosas e históricas frases?, allí dijo aquello: aquí está la presencia cautiva de los presos políticos de Venezuela… ‘¡Maldita sea!, por qué se tienen que morir los hombres como Aquiles?’… Y así seguimos expresando de distintas formas nuestro dolor infinito. Pero en medio de tanta tristeza, surgió invencible la alegría. La alegría de Aquiles, la del “Ruiseñor de Catuche”, la del “Burro flautista”, la alegría de la vida, que es también la nuestra (porque no puede estar triste un preso que se mantenga en lucha irreductible). Y allí mismo afirmamos que Aquiles debió morir con su mejor sonrisa, con la sonrisa amplia, fresca y dulce de los que nunca mueren.”

Carta de los presos políticos del Cuartel San Carlos a la muerte de Aquiles Nazoa, 4 de mayo de 1976.

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El alcance de su obra es difícil de calcular, porque combina todos los géneros literarios y el espíritu de un investigador, cronista, humorista, siempre despierto ante su entorno y lo que estaba más allá también.
Amante de la justicia, soñador, con alma de niño y corazón de héroe justiciero.

Laura Antillano, 2020

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Es que para él, hombre de frágil contextura quijotesca, uno de los polos de la vida era el amor; el otro, la dignidad.”

Pedro Beroes, 1977

Ilustración Clementina Cortés