Hay que atar a Trump

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Atar de manos a los fascistas que promueven la guerra en la fase mortífera del
coronavirus es la tarea más dura de la humanidad para salvarse de ambos males. Hay
que insistir en el peligro que la guerra y el maligno virus representan en la presente
coyuntura política, social y económica del mundo.
Según algunos, todo esto, recae en Donald Trump, presidente de EEUU, el farsante
mayor de la Casa Blanca, cuyo terrorismo, negligencia, casualidad, capricho y errores de
cálculos que comete, pueden desencadenar en un aumento de la catástrofe del
coronavirus en esta época de paz quebrantada.
Para muestra un botón, en EEUU el coronavirus reporta cerca de un millón y
medio de infectados y casi cien mil muertos, debido en gran parte a la desidia del
Gobierno de ese país. Entre tanto, la economía de esa nación marcha al abismo en
continua recesión.
Es importante en esta situación virulenta, presente y futura, contribuir eficazmente a
apartar las manos del genocida Trump. Sería la mayor garantía de vida para la población
de su país y la del mundo.
Este dilema de guerra o de paz simulada,en que coloca al mundo la administración Trump,
es de vital observancia para todos los países.
El periodista francés Ignacio Ramonet en un ensayo reciente inspirado en el libro La
doctrina del shock de la periodista canadiense Naomi Klein, publicado en el periódico
Granma de Cuba (15/05/2020), señaló cómo está activada la prevalencia del fascismo
sobre el sentido común de los pueblos. Esta oscura realidad, conectada con el desastre
del coronavirus, concluye con preguntar en ese contexto: ¿Otro mundo peor es posible?
La población mundial sufre los estragos más despiadados de la COVID-19 repotenciado en
los laboratorios de la CIA, ya juristas norteamericanos están pensando en la creación de
un tribunal penal internacional ad hoc para iniciar un juicio político (tipo Impeachment,
fuera del congreso) para maniatar a Trump.
El mundo solo espera ver a Trump en la cárcel, condenado.

Juan J. Álvarez