¿Necesitamos una pedagogía Caribe para el COVID-19?

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Iniciemos humildemente por lo político, parece una obviedad, pero no lo es, otros pudieran plantear empezar por el dato ‘duro’, objetivo, “apolítico”. Es necesario por tanto llevar la contraria y abrir la conversa sobre el tema de la educación en Venezuela en el contexto (político) del coronavirus COVID-19, colocando algunas dagas de plata sobre la mesa. Social y políticamente diferenciamos algunos conceptos para desde allí hacer algunas observaciones y planteamientos; distinguimos educación, formación, pedagogía, instrucción y didáctica. A la educación la concebimos como complejo proceso socio-histórico de formación de seres humanos y humanas, no en el sentido de la instrucción a la que ubicamos fenoménicamente como enseñanza sistematizada, probablemente escolarizada, incorporada a determinados sistemas, respondiendo a específicas leyes y normativas, localizada, vigilada abiertamente por el Estado; ¿y la formación? la asumimos como multiplicidad de procesos de constitución, de edificación del ser histórico, contextualmente dados; así, educación y formación no son (solamente) instrucción escolar. A esta última es a la que se refiere habitualmente la didáctica, como compleja disciplina –igualmente dada históricamente- ocupada de los procesos de enseñanza-aprendizaje en planos bastante sistematizados, regularmente escolares. La primera aclaratoria nos conduce a afirmar que pedagogía y didáctica son dos espacios teóricos y prácticos diferenciados: la primera en el sentido de un reflexionar espontáneo o como práctica teórica en torno a la educación como totalidad socio-histórica y, la segunda, más como acción y reflexión vinculada a la instrucción. Así, “mirar” la pedagogía en la sociedad contemporánea requiere ubicarse en distintos planos, uno de ellos es el del contexto histórico-social, otro, indudablemente, es el de los contextos de saber –filosofía, ciencia, artes, tecnología- (O. Bolívar dixit).

Estos conceptos, queda evidenciado, los ubicamos en determinada realidad social (como totalidad concreta, compleja, posible de asumir con una visión ideológica y potencialmente  transformable). Entonces, ¡malas noticias!, aquí no hay inocencias, nos jugamos la vida cuando hablamos de lo social, la educación y lo escolar. Luego-luego, ubicar estos conceptos es un hecho político -necesario- porque su manejo social es un fenómeno socio-político. Así que, cuando hablamos de educación no nos referimos necesariamente a esas cosas extraordinarias que ocurren en el sistema escolar todo –desde el maternal hasta el post-doctorado-, eso es lo que denominamos escolaridad. Cuando nos referimos a pedagogía no estamos hablando de formas de dar clases, la imagen que tenemos es la de pensamiento crítico (M. Téllez dixit) sobre los complejos procesos socio-históricos de formación, en los que está el todo social –genes, familia, calle, medios de información-difusión-comunicación, unidades de producción, cárceles, iglesias, despechos y esperanzas- luego: cero inocencias. Como dirían nuestros mayores: para ser gente hay que formarse. Así pues, marcamos estas concepciones (políticas) para mostrar algunos aspectos a continuación:

  • El sistema escolar venezolano no viene ni está en la nada, es parte del sistema educativo –como una totalidad-, está en la contradictoria y tensionada realidad social, móvil, desplazándose a distintas velocidades y direcciones simultáneamente, llena de falsas concepciones y falsas noticias, llena de utopías y ansias de transformación: puros líos y amoríos, pues.
  • El sistema educativo venezolano contemporáneo y dentro de él el sistema escolar no son agentes libres, devienen, forman parte, nadan, se quitan la pereza, se enamoran –ahora mismo están enamorados de las redes sociales-, en pleno contexto socio-histórico occidental, nuestroamericano y caribeño: requerimos una  pedagogía del Caribe y de esta estirpe para ‘observar’ las implicaciones de la pandemia del coronavirus COVID-19 en su ser.
  • Esta pandemia se expresa y soporta en gran medida en una sociedad signada por la cultura de la modernidad (con el empirismo, la razón tecnocrática, la segmentación, el fulano mercantilismo, las exclusiones y cosas peores). Esta época moderna se pinta con una hegemonía de lo técnico-científico, metiéndole una línea recta a la historia, empotrando al tiempo en una máquina, casada con la innovación. La modernidad da respuesta al COVID-19 en sus centenarios y seglares términos: aislando –como un aula o laboratorio-, observando –como con microscopio-, cuantificando dictatorialmente –como rating hollywoodense-, objetivando y cosificando –como un televidente o individuo cibercontrolado-, vigilando, tranzando, controlando y hoy sobre todo, obteniendo plusvalía ideológica: cero inocencias.
  • En algunos de los visos de posmodernidad en nuestro Caribe hoy (procesos de producción post-industriales, disolución de la clase obrera, radicalización de las burguesías, tecnociencia mercantil, golpiza entre perspectivas epistemológicas, imposición del aparataje mediático, cultura y estéticas de incertidumbres o inaprehensibles, racionalidades y orgánicas locales, y más), el estilo de pensamiento posmodernista (y en las colocaciones transmodernas) desarrollarían una crítica a la escolaridad de la modernidad-colonialidad: estructura excluyente del aparato escolar, críticas a la didáctica (cerrada) del aula; irrupción política impositiva de las TIC; objetivismo y antisubjetividad en lo escolar; nuevos comportamientos y roles de docentes, alumnos, empleados; teletrabajo académico; promoción de las didácticas 2.0 y más). Lo que nos coloca en una interesante posición de ausencia de certezas terminadas o absolutas para colocarnos contextualmente en un dándose  social (Zemelman) en plena construcción acelerada. Para nosotras y nosotros en el Caribe es un poco más difícil la contienda pues debemos vivir y pensar la educación y la escolaridad en diversos complejos culturales, sin remansos, todo es marejada político-pedagógica subyacente. Entonces la abuela nos explica gramática «con mucho cariño», la maestra un poco de matemáticas o geografía «en la pizarra», el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE) nos da clase «por televisión» alguna pana nos enseña algo de las redes «en la compu» o «en el celular…» La sociedad toda en simultáneo nos instruye y forma en determinadas formas del ser (Humano).
  • La educación en el Caribe y las escolaridad en la Venezuela de esta coyuntura histórica, se dan simultáneamente a una contienda sabrosa entre la fenomenología, con su planteamiento de comprensión –en vez de explicación-, subjetividad –en vez de objetividad pura y ruda-, hospitalidad, cuidado, etc., y otras concepciones de la realidad social. Por eso frente a las clases por televisión o por ‘guasap’ con sus enlaces y todo, reivindicamos la sentimentalidad tibia del aula como vientre materno y la explosiva adrenalina del recreo. ¿Cómo zipote olemos la cabellera de la amiguita o la cintura de la maestra –si somos niños- o los remates del amiguito o la voz del maestro –si somos niñas-, … por ‘guasap’ o cualquier otra pantalla? Las caribeñas y los caribeños preferimos las pieles, olores y sudores escolares…
  • Frente a la pandemia del coronavirus COVID-19 (algunos pensamos que un poco impuesta) observamos una respuesta escolar del Gobierno bolivariano a esta, con pros y contras. El MPPE coloca vía ‘guasap’, desde el mismo día 16 de marzo y varios días subsiguientes, materiales orientadores para enfrentar la cuarentena escolar, documentos de orden didácticos (no pedagógicos) y administrativos, se inicia igualmente, casi de inmediato, una serie de programas por televisión denominados Cada familia una escuela, en los que se exponen (enseñan, muestran, manifiestan, expresan) determinados objetivos y contenidos curriculares de los distintos grados y años del sistema escolar. Y es eso: la colocación del aula frente a las cámaras. Es de los precursores en esta coyuntura en Latinoamérica. Alguna gente ha hecho observaciones: que si la estética, que las tareas, que el poco uso de la pizarra, que la ausencia de las comunidades organizadas; otros han reivindicado cosas como su aparición en vanguardia, la presencia de docentes normales, más maestras que maestros, la incorporación real y masiva de la familia al fuerte y complejo trabajo del aula y más. Solo este punto es pertinente para abrir un amplio foro.
  • Lo provenir. A diferencia de lo que plantean algunas reconocidas figuras de la sociología y la política, no creemos que el atroz capitalismo mundial se derrumbará solito a causa del virus COVID-19, por el contrario consideramos que, ya en el poder político-cultural, se reacomodará desde sus espacios fuertes en la contemporaneidad: lo controlable y transable digitalmente, hegemonía económica de lo bancario –menos producción física y más producción de determinadas subjetividades-, radicalización de ciertas propuestas económicas liberales, muerte de los “improductivos”, absoluto control social y de las conciencias, legitimación violenta o coercitiva del teletrabajo, determinación supranacional de quiénes y cómo se protesta ahora y más.
  • «Concluidera»: Es el tema del fenómeno y esencia, de la objetividad y la intersubjetividad. No podemos ver nuestra escolaridad televisiva y digitalizada en esta coyuntura sin el contexto internacional, por ejemplo, se derrumban los precios del petróleo por ausencia de demanda a corto plazo, se dice que algunas corporaciones productoras están pagando hasta 2,5 dólares para que retiren miles de barriles de sus depósitos, Venezuela es un país petrolero ¿o era?, ¿cómo afectará en lo inmediato a la escolaridad venezolana en su complejidad? La educación global está en gran medida intervenida por el poder de las corporaciones que controlan la información y la imagen, cinco grandes corporaciones que descaradamente aplican violencia epistémica para nuestra resignación y pasividad. Esta coyuntura educativa y escolar nos plantea una revisión de los mecanismos de poder con la educación y la escolaridad en la casa, el incremento de la explotación del teletrabajo en casa, la violencia de género en casa; todo para lo cual requieres de cierta formación).
  • Corremos muchos riesgos entre las pocas opciones instruccionales masivas que en el país tenemos (si vemos esta coyuntura material y críticamente). La solidaridad en las comunidades ya está creando mecanismos de superación de las ausencias de internet o aparatos en ciertos espacios; la socialización de ciertos saberes la están resolviendo las comunidades y familias con lo que tenemos: nuestros amores, despechos, violencias, paciencias, manovueltas, cayapas, silencios, disimulos, griticos, conciencias, abrazos y más. Estamos incomodas e incómodos: somos caribeños y caribeñas y nos gusta trabajar, el bochinche, el abrazo, la besadera, el guaguancó y el revire. Y estamos disciplinadamente en cuarentena.

Sí, necesitamos una pedagogía Caribe para el COVID-19. Pedagogía Caribe que nos permita pensar la educación y la escolaridad entre historias y coyunturas, que nos libere del consumismo, que re-abra las maneras solidarias de relacionarnos. Lo que queda son preguntas risueñas…

José Leonardo Sequera