¿De qué vale la cuarentena si no se cumple?

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Grupos de ciudadanos esperan transporte público en las paradas sin respetar el distanciamiento mínimo.

El cumplimiento de la cuarentena voluntaria se inició con una disciplina intachable y un acatamiento por parte de la población que ameritó el reconocimiento de sectores nacionales e internacionales y permitió el no crecimiento de la curva exponencial durante los primeros 60 días de esta acción.

Pero últimamente se registra un repunte de casos de COVID-19 en Venezuela, la mayoría importados de ciudadanos llegados al país por trochas y alcabalas desde Colombia, Perú, Ecuador y Brasil.

Esta realidad enciende las alertas nacionales y obliga a profundizar el cumplimiento de la cuarentena voluntaria.

La flexibilización y el control de la pandemia por parte del Estado, así como la sensación de normalización dentro de la dinámica social y la cotidianidad en la población, ha llevado a la ciudadanía a romper con el cumplimiento estricto de la cuarentena voluntaria a riesgo de incrementar el número de casos en la ciudad.

Un bulevar de Catia convulso

El día martes visitamos el sector Pérez Bonalde a primeras horas de la mañana. Montarnos en el Metro resultó un poco escabroso. En la entrada funcionarios tomaban la tensión, exigían tapabocas y salvoconducto. A pesar de estos controles al abordar el vagón, un comerciante informal vendía chupetas a decenas de usuarios que no respetaban el distanciamiento social.

Pero llegar a Pérez Bonalde sería el trago fuerte. Al salir de la estación caminamos en dirección a Plaza Sucre y la cantidad de gente dejaba ver un alboroto opuesto a la discreción que se le está pidiendo a la ciudadanía. Desde las primeras horas del día y hasta la una de la tarde vendedores informales ofrecían en dólares y bolívares arroz, plátano, pasta, mango, sardina, a una población que se desplazaba por el bulevar como cualquier sábado de mercado.

Estaban casi unos encima de otros. Una gran cantidad de santamarías levantadas a la mitad daban acceso al público para la compra no solo de alimentos sino de telas, ropa, zapatos y electrodomésticos.

Todo ocurría ante la mirada de funcionarios de la Policía de Caracas, la PNB y la GNB, a los que vimos, días antes, exigir con disciplina el cumplimiento del distanciamiento y evitar que la gente realizara actividades de esparcimiento.

El Metro de Caracas reforzó las medidas de acceso pero en los trenes la historia es otra.

Una avenida como mercado

Otra parada fue el día jueves en la avenida Fuerzas Armadas, desde San José hasta Socarrás. Allí los locales comerciales están abiertos como cualquier día normal y la gente hace las colas sin mantener el metro y medio de distancia. Vendedores de frutas toman las aceras y, aunque la mayoría de la gente mantiene el uso del tapabocas, son muchos los que están en la calle y la situación comienza a parecerse a la antigua normalidad.

La calle como salón de fiesta

Otra situación han sido las fiestas públicas que se desarrollan en urbanizaciones y barriadas de la ciudad. En un barrio de Altagracia sería la quinta vez que en plena calle un cumpleaños feliz se celebra y al aire libre se hacen parrillas, guarapita, baile de salsa y piscinas de hule para los niños.

El pueblo tras los servicios

Otro caso social y crítico que se visibiliza en muchas comunidades caraqueñas es la situación a la que se ven sometidos los ciudadanos para acceder a los servicios públicos: esperar el servicio de gas muchas veces obliga a permanecer uno o dos días en una parada; colas para la obtención de agua de gente que no tiene el servicio y lo busca en cisternas, tomas ilegales o manantiales cercanos a la ciudad y colas en las estaciones de servicio para conseguir gasolina, eleva el riesgo de exposición al virus.

En las mañanas muchas personas transitan calles y bulevares de la ciudad. Fotos Javier Campos

Demasiada gente en la calle

En la parroquia Sucre, a pesar de que se ha desarrollado el plan “yo compro en casa” que favorece la compra de productos sin que la familia tenga que salir a la calle, se ha realizado una campaña por los medios para mantener la distancia social, pero hay demasiada gente transitando en la calle.

Connacionales que regresan

En este tiempo el inminente regreso de connacionales de países como Ecuador, Perú y Colombia ha incrementado de manera alarmante el número de casos en Caracas y en los estados fronterizos, y la población caraqueña –más allá del esfuerzo realizado por el Estado para desinfectar la ciudad– se expone a contraer el COVID-19.

Dos testimonios que cumplen

Carmen Linares, jubilada del Seguro Social, recibe en su casa a hijos y nietos que vienen a saber de su salud y a beber café, nos comenta: “Siento que ellos no se protegen lo suficiente aunque tienen tapabocas y me pregunto si vale la pena protegerme tanto para que uno de ellos termine infectándome”.

Janice Serrano vive en la avenida Panteón y nos comenta: “Al llegar a casa desinfecto mis zapatos, lavo mis manos con antibacterial y no recibo visitas, y salir un momento a la calle me expone al virus ante la cantidad de gente que sale como cualquier día ordinario”.

Ante el incremento de casos de COVID-19 en el país, el actual comportamiento de la población y la necesidad que presentan las comunidades para acceder a los servicios, se hace necesario revisar cuán efectiva sigue siendo la campaña de concientización y los beneficios de la flexibilización, cómo la asume la población y cuál será la estrategia del Estado ante esta nueva realidad sanitaria.

JOSÉ JAVIER SÁNCHEZ/CIUDAD CCS