Gasolina y felicidad

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Gasolina. Este combustible ha sido asociado en Venezuela desde 1989 con chispas que encienden y prenden praderas de asfalto. Ese año, un paquete de medidas económicas neoliberales tuvo, en otras medidas antipopulares, la del aumento de la gasolina. Se afirma que empezó en Guarenas con el aumento del pasaje hasta Caracas, producto del mencionado “paquete”. Existe un argumento, nada descabellado, según el cual si en nuestro país producimos gasolina, ¿por qué venderla como si no la produjéramos? El asunto se complica cuando producirla no depende sólo de nuestra voluntad o capacidad de producción. Está lejos pero aún fresca aquella imagen en la que el comandante Chávez despidió por televisión a la plana mayor de Petróleos de Venezuela, por allá en el año 2002, con un pito: fuera del juego. Esa era la guinda que le faltaba a la torta del golpe de Estado. Chávez argumentó entonces que la “plana mayor” de Pdvsa hacía, literalmente, lo que le daba la gana.

Pero no solo hubo un golpe de Estado, que terminó 48 más tarde cuando Chávez vuelve a Miraflores con la fuerza del pueblo venezolano. En diciembre de ese mismo año un paro petrolero impulsado por la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) impidió la producción petrolera. Secuestraron buques, sabotearon centrales informáticas y quisieron poner al Gobierno Bolivariano de rodillas. Hubo escasez de gasolina y en diciembre de ese año casi casi que no vi a mi mamá y a mi papá (QEPD). Ya no recuerdo cómo conseguí gasolina, pero tuve la fortuna de viajar en medio de aquel paro que era sin duda patronal, con el apoyo de una gran masa de trabajadores de la industria. Hoy tenemos escasez de gasolina nuevamente por otras razones. Estamos en guerra de ya no se sabe cuál generación con el imperio estadounidense y éstos han estado bloqueando desde 2013 la compra de alimentos y también la compra y venta de productos derivados del petróleo. La lista de fechorías imperiales es larga. Y las colas y las denuncias que hoy se hacen que tienen que ver con la gasolina, también. Un litro de gasolina “bachaqueada” se cotiza hasta en cinco dólares. Una barbaridad si se compara con el precio internacional. Además de la barbaridad que significa tener la certeza o la sospecha de que hay complicidad con quienes están encargados de las estaciones de gasolina: los militares. Hoy supuestamente llega gasolina iraní. Ojalá a Trump no se le ocurra “prender” el mar.

Caras pandémicas. La pandemia ha traído otra epidemia. Sin luna llena y sin vampiros. Sin castillos y sin princesas. Ya es un problema reconocer a los amigos en la calle, salvo los que tengan características especiales. Una gran barriga, un gran esqueleto, unos ojos inconfundibles. Una mirada de amor. O de odio. Pero, debajo de esas telas multicolores de asaltabancos, resulta que ahora nos encontramos con los hombres lobo. Barbas rojas, negras, blancas, lisas, rizadas, castañas y hasta catiras. Donde hay pelos hay felicidad, dicen. Estoy de acuerdo. Sigamos.