Inameh pronostica lluvias para comienzos de junio

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El fenómeno se produce, en parte, por la gran cantidad de incendios forestales.

El sol calienta el ambiente hasta más allá de los 38 grados centígrados. El imaginario y caliente abrazo del vaporón parece tornarse más largo e intenso durante esta época del año, mientras que la gente en las barriadas y hasta en las zonas urbanas busca cualquier chorrito para mitigar la sed.

Es la escena típica del verano que nos azota. Estamos en pleno período seco y no “en verano”, como suelen llamarlo los venezolanos. Nuestro país, por estar ubicado por debajo del trópico de cáncer, solo cuenta con dos períodos: uno seco, o de menos precipitaciones, y otro lluvioso.

José Pereira, presidente del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), explicó que la temporada de lluvias está influenciada por un cinturón de nubes que “abraza” al planeta en las latitudes tropicales, se le llama Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT).

Este cinturón de nubes se desplaza de manera irregular entre los hemisferios norte y sur los 365 días del año. Esto significa que en cualquier momento pasará por encima de la geografía de nuestro país. El barrido de la ZCIT sobre Venezuela ocurre entre finales de marzo y hasta los últimos días de noviembre. Entonces, es dentro de ese lapso cuando se produce la temporada de lluvias sobre nuestro territorio.

Hay otros factores que también determinan el período de lluvias, según el experto del Inameh, se trata de la Región de Desarrollo Potencial del Atlántico y del Caribe. Esta zona va desde las costas africanas, pasando por el Ecuador, y se extiende hasta las costas de Centroamérica.

“Es allí donde, año tras año, se desarrollan las perturbaciones atmosféricas u ondas tropicales. Además, por este callejón también circulan los ciclones tropicales que llegan a formarse temporada tras temporada. Las ondas tropicales comienzan a formarse a partir de mayo”, detalló Pereira.

Ondas y ciclones refuerzan la actividad de la ZCIT cada vez que pasan cerca del territorio venezolano. También comienzan en mayo y culminan en noviembre. Esto quiere decir que, aunque no están lejos de activarse, aún falta para que ambos sistemas meteorológicos se desarrollen plenamente y comiencen a generar las anheladas lluvias.

¿Y si aceleramos el proceso?

En 2010 la peor sequía conocida hasta ese momento obligó al Gobierno Nacional a tomar medidas de “bombardear” las nubes con aviones para estimular el inicio del período de lluvias. Este procedimiento consiste en colocar a las nubes con mayor cantidad de agua una especie de “inyección” de yoduro de plata para que la nube termine de condensar y se produzcan las lluvias.

El procedimiento es repetible ahora, pero ello depende de cuánta lluvia caerá durante junio y julio para poder tomar en cuenta los niveles en los cuales queden los embalses del país.

Estamos cerca de la frescura

Según el Inameh, la primera quincena del próximo mes arrancará el verdadero período de lluvias en la región capital y en el resto de la región central del país. También comenzará a llover como “Dios manda” en Delta Amacuro, sur de Falcón, norte de Lara y norte del Zulia.

Sin embargo, y como es normal, los expertos estiman que durante el transcurso del período seco se pueden presentar precipitaciones ocasionales no asociadas a la temporada de lluvias. En donde ya comenzaron a caer los primeros aguaceros desde la primera quincena de abril fue en Amazonas, el sur de Bolívar, sur de Apure y sur de Barinas, es decir, lugares realmente importantes, dado que es en esas entidades donde se cultiva y donde se ubican los embalses importantes.

“De acuerdo con los modelos de predicción meteorológica, se estima que este año las lluvias en Venezuela se ubicarán cercanas a los registros y moderadamente por encima de las medias a partir de agosto, previendo una posible variable climática relacionada con el fenómeno La Niña para finales de año”, concluyó Pereira. Eso quiere decir, según este pronóstico, que diciembre podría ser un mes muy lluvioso.

El fenómeno de la calima

Cuando el país atraviesa el período de sequía, entre los meses de enero a mayo, es común ver cómo el cielo de las grandes ciudades se torna de color blanco oscuro o marrón durante el día y anaranjado al amanecer y al atardecer. Este fenómeno se conoce con el nombre de calima o calina, señaló José Pereira.

La calima se ha intensificado este año 2020, como resultado de los múltiples incendios de vegetación, en su mayoría provocados por la mano del hombre.

Pereira señaló que este fenómeno deteriora la calidad del aire y reduce de manera significativa la visibilidad del horizonte, al extremo de que este último se pierde de vista y ni siquiera las montañas se pueden observar con definición.

“Esto es consecuencia de la presencia en la atmósfera de partículas muy pequeñas de polvo, humo, cenizas, arcilla o arena en suspensión, que se mantienen muy cerca de la superficie, debido a la subsidencia del viento (descenso del aire desde la altura), típico también de la época seca y lo que limita el desarrollo de nubosidad”, explicó.

Cuando se presenta alguna masa de vapor de agua –prosiguió Pereira– la calima se torna de un color azulado. Cuando la situación ocurre por efectos del polvo, sales (sodio) o elementos propios del ambiente, se conoce como calima o calina tipo A.

Entretanto, cuando se produce por eventos especiales, tales como incendios forestales u otros de carácter contaminante, se le denomina calima o calina tipo B. La calima va desapareciendo a medida que se establece el período lluvioso, y las primeras lluvias van “lavando” el aire y deposita todo esos residuos de humo, cenizas y polvo en la superficie.

“Es sumamente importante no ingerir esas primera aguas de lluvias, ya que pueden contener cantidad importante de partículas dañinas para el organismo”, concluyó el experto.

JOSÉ RAMÓN LUGO / CIUDAD CCS