Aquiles en ritmo de parodia (II)

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La música le ofrecía a Aquiles Nazoa excusas magníficas para desnudar la “cultura” dominante con  sus mordaces críticas contra la clase adinerada y su costumbre de apoderarse de las expresiones culturales para establecer con ellas una suerte de código de privilegios, creando fronteras entre sus “Bellas Artes” y las manifestaciones propias del pueblo (como si  Mozart, Picasso o Shakespeare no formaran parte de ese pueblo y sus creaciones no hubieran sido imaginadas desde su profundo sentir popular). El Arte, visto así, acaba convertido, no en un medio de expresión sino en un símbolo de estatus, un objeto decorativo y demostrativo del poder. Es la cosificación del arte. Tal como lo recalcaba Aquiles cuando ponía a una señora de la aristocracia a alabar su biblioteca porque todos sus libros estaban forrados en cuero.

La Música Plástica

Aquiles no despreciaba a la mal llamada “música clásica” -ya hemos dicho que era un gran melómano-, su ser sensible intuía y se regocijaba con la belleza intrínseca en la obra de Mozart (su favorito). Retaba a la aristocracia al percibir con su oído de pueblo humilde, las magníficas obras que esta burguesía había secuestrado para sí. Su desprecio iba dirigido, precisamente, hacia esa superficialidad con la que la clase dominante, representante tanto del viejo como del  “nuevoriquismo”, hacía gala fatua de su “cultura”, esa burguesía que no iba a conciertos porque prefería dormir en casa y si iba era solo con el fin de lucir atuendos bastante inadecuados para latitudes tropicales. Y nada mejor que la parodia para ponerlos en evidencia.  De allí ese retrato elaborado a base de un repertorio de disparates del cual extraigo algunos ejemplos antológicos: De acuerdo al ingenio de Aquiles, Beethoven, el divino sordo de Bonn, era transfigurado por esta fauna grotesca, en “El divino  sórdido de papel Bond” y  la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner en  “Tin Tan y la Sorda de la Warner Brothers”. El ballet  “Las Sílfides” de Frederick Chopin  era transformado por estos charlatanes acumuladores de capital en ”La Sífilis de Chaplin” y el «Cascanueces» de Chaikovski en el “Mascanueces”. No podemos dejar afuera de este repertorio de la ignorancia hegemónica  a la señora que compró un disco con una sinfonía de Schubert y que le costó más barato porque venía incompleta (refiriéndose a la Sinfonía Nro. 7, D 759 conocida como “Inconclusa”).

Parodiando

La parodia, el arte de hacer uso de una obra ya existente para crear algo nuevo  con alguna intención preestablecida (política, religiosa, moral, etc.), es una técnica de vieja data. En música, por ejemplo, existe un género que se cultivó en la edad media y que se conoce como Misa de Parodia. La misma consistía en utilizar alguna canción popular, que ya estuviera en los labios y gargantas de las comunidades y se le sustituía el texto profano por uno litúrgico. De esta manera la feligresía, al escuchar la melodía sentía familiaridad y con esto se esperaba que el mensaje llegara con más facilidad. En algunos casos el autor de la misa recurría a canciones cuyo contenido original  era sugerente o  explícitamente  erótico. Personalmente tengo mis dudas sobre la efectividad de la estrategia toda vez que resultaba imposible evitar la reminiscencia al texto original al identificar la melodía. Alguna risa, perturbación o sonrojo levantaría la Misa súper “Entre vous filles” de Orlando di Lasso durante su ejecución, ya que la misma utiliza el material musical de una chanson cuyo texto se refiere a las niñas de 15 años de ojos codiciosos, pezones conmovedores y bocas risueñas. En contraposición a este ejemplo, pudiéramos decir también que nuestro hermoso Himno Nacional es una parodia, con fines políticos, de una vieja canción infantil cuya melodía era harto conocida. De allí su efectividad, el afecto y la identificación que siempre tuvo el pueblo con esta canción nacional.

Con la música popular existe en Venezuela una verdadera tradición en eso de la parodia pero basta citar dos ejemplos: El célebre vals «La Ruperta», parodia elaborada por Francisco Delfín Pacheco de Madreselva de Pedro Elías Gutiérrez y un tango que estuvo muy de moda por el año 1936 titulado “Abuelita ¿Qué horas son?», con música de  Roberto Díaz y Letra de C. Oreste. El mismo fue parodiado para denunciar las políticas hambreadoras y represivas de Felix Galavís, Gobernador de Caracas, de fuerte inclinación gomecista. La creatividad caraqueña transformó el título en “Abuelita ¡Qué hambrazón!”. Este tango fue tan popular que el propio Aquiles lo cita en su parodia “Míster Hamlet”.

Aquiles  usó la parodia con fines políticos, morales y culturales. Famosas son sus adaptaciones humorísticas de grandes clásicos del teatro  haciendo uso en ellas de la parodia musical. En “La Dama de las Cámaras” la primera escena inicia con un cantante en un local nocturno interpretando un hermoso tema cuya autoría es de la mexicana María Grever:  ”Júrame”. Este tema ha sido grabado por infinidad de intérpretes  y aún sigue siendo de las favoritas del repertorio popular que manejan algunos cantantes líricos, como fue el caso de nuestro Alfredo Sadel. Aquiles convierte “Júrame” en  “Bríndame”:

“Todos dicen que es mentira que yo bebo

Porque nunca me habían visto enratonado

Yo te juro que ahora mismo estoy bebiendo,

El coctel, el champán y el anisado

Bríndame

Que aunque está pasando el tiempo

No me has dado hasta el momento

el palito que pedí

Bríndame

Que tu estás en el segundo

Y has brindado a todo el mundo

Y no me has brindado a mí”

 

En “Los martirios de Colón” aparece la canción infantil de los años 50  “La Vaca Lechera” del  compositor español Fernando García Morcillo. Este tema sigue sonando en la memoria musical del colectivo. Aquí la vaca es la Carabela de Colón:

Tengo una gran carabela

No es una barca de vela

Está bien calafateada

Y la lleva timoneada

Colón Colón

 

En “Otra vez Don Juan Tenorio” parodia Aquiles dos temas. Primeramente hace uso de “Mamá Inés”, obra del cubano Eliseo Grenet, perteneciente a su Zarzuela “La Niña Rita, o La Habana de 1830” que ya por 1927 era popularizada por Rita Montaner. Es Doña Inés la de las quejas, pues ha caído en las redes de amor del Tenorio:

Ay Doña Inés Ay Doña Inés

Con este tiro paraste los pies

 

Pero Don Juan Don Juan Don Juan

Dónde estará ese bandido

Que jugando con cupido no hay quien lo vuelto le dé

 

Yo estaba con un amigo

Que pronto se va a casar

Y está muy bravo conmigo

Porque lo voy a tumbar

 

En otro momento hace uso Aquiles de esa canción de ronda, considerada germen de nuestro Himno Nacional, la canción de «Doñana». En esta versión sirve para enterar a Don Luis Mejía que su prometida también cayó en las redes de su rival:

¿Dónde está Doñana?

Está en su vergel

Se fue esta mañana con el tercio aquel

 

Ignacio Barreto