La invasión es real

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Tras las confesiones de los mercenarios capturados recientemente, los clanes del narcotráfico proveedores de drogas a EEUU que operan junto a la DEA libremente en el Caribe colombiano, fueron descubiertos al ser denunciados por el Gobierno Bolivariano, aun así siguen con sus planes de invasión a nuestra Patria.

La Embajada norteamericana en Colombia –y no el sub presidente Duque– anunció la llegada de 800 soldados norteamericanos que reforzarán el Plan Colombia y se suman a los 600 contratistas distribuidos en las siete bases militares del vecino país.

Este es el centro operativo del ataque que planean contra nuestra soberanía, necesitan fortalecer el anillo militar en toda la guajira colombiana conectado con Curazao y dirigido por EEUU desde la base militar de Palmerola en Honduras.

Requieren extraer nuestra gasolina, que les garantiza materia prima, apoyo logístico en la producción de la droga y base operativa en una incursión militar con apoyo directo del narcotráfico para derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro, alcanzar el anhelado control del petróleo venezolano a partir de la toma de la región zuliana como cabeza de playa.

Es una amenaza de guerra que afecta directamente la paz de la región y que debe mantenernos en alerta permanente.

Simultáneamente preparan, junto al FBI, nuevas acciones para sabotear el convenio petróleo por alimentos, al imponer medidas coercitivas unilaterales a empresas de América Latina y Europa que comercializan petróleo con nuestro país, profundizan el bloqueo para impedir la importación de gasolina y de insumos estratégicos vitales para reactivar nuestra economía postpandemia.

Ajuste del precio de la gasolina

Estados Unidos busca impedir que nuevas potencias se relacionen en su “patio trasero”, zona rica en recursos estratégicos y de pueblos aguerridos. Es un acto histórico, valiente y fija un precedente el que Irán haya transportado sus buques en las narices del desacreditado imperio.

Defendimos nuestro derecho a comercializar con el mundo y acercamos las fronteras con Asia. Representa de facto la pérdida de hegemonía del imperio norteamericano en el actual cambio del orden mundial acelerado por la pandemia del COVID-19.

Estamos en vísperas de que arribe el quinto buque iraní “Clavel” cargado de gasolina para el pueblo venezolano. Es una victoria parcial que establece la ruta a seguir para afianzar la cooperación, solidaridad e independencia de dos pueblos, aunque separados físicamente por miles de kilómetros hoy, gracias a la geopolítica de la multipolaridad, nos unimos para entreayudarnos y cortar las cadenas del bloqueo imperial.

Es la oportunidad precisa para desarrollar la política de ajustes al precio del combustible, subsidiado en 98% con aproximadamente doce mil seiscientos millones de dólares.

Tenemos cuatro millones y medio de vehículos, el 2% es transporte colectivo y el 98% es particular (carga, taxis, motos). El 69% del subsidio beneficia a sólo el 20% de la población que tiene vehículos particulares.

Ese enorme e inequitativo subsidio permite que el precio de la gasolina equivalga a 69 litros en comparación con el precio promedio en la región, que ronda 1,4 $.

Consumimos en promedio unos cuatrocientos mil litros diarios de gasolina, los mayores consumidores de gasolina en América Latina, pasamos de lejos a México. Aunque gran parte de ese combustible vaya a parar a las mafias del narcotráfico que lidera el negocio del contrabando de extracción hacia Colombia.

Entonces, si el 80% de la población utiliza transporte colectivo el subsidio a este sector debería ser mayor e invertir parte de esos recursos en la dotación, reparación y modernización del sistema de transporte público severamente afectado por el bloqueo que encarece todas las políticas de inversión en este importante sector.

Avanzar hacia adelante y superar con argumentos, planificación y disciplina el chantaje en la narrativa que intenta impedir el ajuste del precio de la gasolina, sobre todo en este momento que los precios del petróleo están bajos, dependemos de aditivos importados y enfrentamos la política imperial de robo y asedio a nuestros recursos que impiden atender efectivamente las necesidades más sentidas de nuestra población.

Las consecuencias de nuestros planes para proveer combustible a nuestro pueblo afectaron directamente los carteles de la droga. Por eso han sido convocados para invadirnos.

Ellos activarán sus bandas criminales –como ocurrió en Petare durante la fallida operación Gedeón– que actúan como quintas columnas desde la cima de nuestras barriadas.

El plan general para enfrentarlos ya está diseñado, nos falta llevarlo a cada sector, comunidad y calle.

El plan consiste en saber el papel que nos corresponde desde cada organización popular. Conocer en detalle la correlación de fuerzas actual en cada territorio de nuestros ejes parroquiales y el funcionamiento de cada una de nuestras organizaciones. No puede haber vacilaciones, distracciones ni equivocaciones. Nuestro objetivo es vencer.

Guerra avisada, no mata soldado…

Omar Pérez @omarjpsuv