María Lionza hazme un milagrito: llévate al COVID (I)

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La segunda flexibilización en medio de la lucha contra el COVID-19 coincide con la décimo cuarta semana de aislamiento y de relativo éxito por la curva aplanada que indica bajos niveles de infectados en el país; no obstante, el pueblo se aferra cada vez más a sus íconos religiosos, vírgenes, santos y deidades para erradicar definitivamente el mal.

Se multiplicaron las súplicas a José Gregorio Hernández, quien, a pesar de los retrasos burocráticos de la cúpula eclesiástica venezolana y del mismísimo Vaticano para beatificarlo, es y será nuestro gran santo para asuntos de salud, propósito con el que algunos lo idolatran en yunta con el importado San Lázaro.

Pasó Semana Santa: ni El Nazareno ni su Limonero pudieron con el virus que hace del subcontinente el foco más peligroso.

En los altos mirandinos se agotaron velas, cohetones y plegarias en las conmemoraciones de la Virgen de Fátima y de San Antonio (bendito): ni normalidad total, ni novias ni novios bonitos. Ni siquiera los rituales de Corpus Cristi pudieron dar al traste con tan letal enfermedad.

San Juan está en el círculo de espera, pero la feligresía busca refuerzos en María Lionza, para que la “madre de la naturaleza” en esta nueva normalización (donde lo natural recobra terreno) le dé un jonrón al fulano coronavirus.

No obstante, los rezos, velas, bailes sobre candela, mechurrios de tabacos baratones (por la crisis), repiques de tambores y otros desesperados ritos paganos de la fusión “afroamericana” con tradiciones católicas, espiritualistas, santeras y hasta de vudú, la reina yaracuyana no ha emitido respuesta.

Debe ser que rezo bajo “y no me puescuchá”, cantó un cultor… ¿Será por los tapabocas que interrumpen el fluir de las plegarias?

Original o réplica

María Lionza (que vigila Venezuela “desde la Guajira hasta Cumaná” y gran parte de Latinoamérica desde, al menos, inicios del siglo XX), reclama que adoramos a una efigie que no es ella. La que está en la autopista del Este es una réplica como la de la autopista de Yaracuy, vía Sorte, su terruño.

La rebelde caquetía aprovecha el momento de exacerbados instintos de conservación (el miedo es proporcional a solicitudes de “milagritos”) para exigir más atención… Considera que la obra original, está arrumada en un galpón de la UCV… Lo demás es pura fachada.

¿Por qué en la UCV?

Muchos expertos en arquitectura, artes escultóricas, estatuarias y preservación de patrimonio cultural dominan el tema sobre la Guaichía. Desde lo técnico consultamos al profesor universitario Martín Padrón, quien encabezó desde Fundapatrimonio las diligencias para la obligatoria restauración de la obra maestra de Alejandro Colina.

Un estatua que estuvo al aire libre, en la autopista del Este, prácticamente desde su develación en 1951, es lógico que sufriera los rigores del clima y de la polución citadina, así como la dejadez política y abusos de atrevidos incrédulos…y dicen que ella no olvida.

Una comisión mixta de expertos, incluyendo gente de fuera del país, de la UCV y de la Alcaldía de Caracas canalizaron las propuestas de la Fundación Alejandro Colina. Hubo concordancia en planes y estrategias, pero faltaron recursos…además, la Copred UCV (Comisión de Preservación) incumplió varios acuerdos (comprobado en informes y actas), lo cual torpedeó la refacción que pedía a gritos la propia María Lionza, que casi hecha añicos, en 2004 ingresa a los talleres de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo para su repotenciación. Y allí está aún.

La idea era retornarla a un sitio que permitiera su debida atención periódica y mayor facilidad para que le rindieran culto, no en el peligroso sitio historizado de la autopista del Este, donde pretenden reubicarla algunos indolentes: tiempo y recursos perdidos.

El 8 de junio de 2004 el TSJ, entonces muy identificado con intereses del Vaticano (adverso a la rica tradición indigenista), desinformado sobre algunos aspectos, le dio plena potestad a la UCV para decidir y accionar sobre algo que no le pertenece.

La historia no miente. Cuando el capitán e ingeniero Luis Damiani, presidente del Instituto Autónomo Ciudad Universitaria, dio luz verde a Carlos Raúl Villanueva para el paisajismo y las obras del naciente entorno ucevista, privó el carácter de selección abstraccionista que exigía la modernización en aquella Caracas que pasaba de rural a metrópoli. Por ello María Lionza, la diosa bucólica cuyas voluptuosidades muestran el carácter indómito de lo tradicionalista, no clasifica como obra de ese elitista entorno ucevista. La estatua pasa del estadio Olímpico a las zonas aledañas hasta que es sembrada en la autopista. No desapareció por respeto a la confesa fe del hombre de armas, jefe del proyecto.

De lo contrario, quién sabe dónde hubiese ido a parar aquella representación de la guerrera que hoy tiene a Venezuela entera rendida a sus pies en fervorosas súplicas para que borre del mapa la pandemia y sus consecuencias… (En la segunda entrega lo explicaremos).

Ciudad Ccs/Luis Martín