Al teatro venezolano le falta estrategia

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En el marco de la celebración del Día Nacional del Teatro, este 28 de julio conversamos con el director y dramaturgo Rodolfo Porras para conocer sus impresiones sobre el teatro venezolano en tiempos de pandemia.

La Gente de Teatro

—Para cualquier hacedor de teatro: tramoyista, escenógrafo, vestuarista, maquillista, director o directora, actor o actriz, escritor o escritora –expresa Porras–, hay momentos en los que la soledad es la mejor situación creadora. Porque hay chance para la reflexión, contemplación, inventiva, creatividad, investigación y replanteamiento y, si el momento se prolonga demasiado, él buscará alternativas, no solo para sobrevivir sino para vivir.

El rol del actor con respecto al teatro, en este y en todo momento, es definitivo –nos comenta Porras. Sin actores y actrices no hay teatro, al igual que no lo hay sin público. Y tanto unos como otros están en condiciones muy particulares para ejercerlo, pero no solo por las estrategias que permite la tecnología. En todos los casos, de que cumplen su rol lo cumplen, desde lo imaginario, desde la prospectiva y también guardando esta distancia.

Dramaturgos venezolanos hay muchos y muy buenos –expresa Porras–, gran cantidad de escritores mandan piezas a los concursos que se han abierto, y los resultados así lo dicen.

Me refiero, también, al teatro que se hace en el este del este. Que aunque se monta mucha cosa europea y norteamericana, se cuenta con dramaturgos criollos dentro y fuera del país.

Las compañías, agrupaciones y colectivos están de capa caída –puntualiza–; no solamente por las condiciones que impone el bloqueo, también porque no hemos sabido instrumentar mecanismos para la sobrevivencia de los grupos. El “vente tú” se ha convertido en práctica general. Muchos actores y actrices se ufanan de trabajar simultáneamente en varios montajes. La imagen es aquella del océano con un centímetro de profundidad. Artistas suelen repetirse, no tienen tiempo de madurar el personaje. Los grupos permitían eso, y eran propicios para abrir proposiciones estéticas y actorales.

Sobre el uso de las nuevas tecnologías para la difusión del teatro, expresa Porras que se están haciendo maravillas, un ejemplo es la Compañía Nacional de Teatro, que brinda clases magistrales, talleres a distancia, monólogos lecturas.

El Crecimiento del Teatro

Para Porras, el crecimiento del teatro venezolano en los últimos años es inasible. En ese sentido, manifiesta: –¿Crecer porque ahora hay más teatreros? ¿Crecer porque se han transformado los métodos, la tecnología, y hay mejores o más dramaturgos? Son mediciones que terminan siendo relativas. Hay países donde hay muchas salas, profesionales, público, dinero, y andan llorando por las esquinas porque se ha estancado su teatro. En Venezuela tenemos problemas de índole variado, desde lo económico, la formación, la difusión.

En el centro de Caracas –añade Porras– se recuperaron varias salas, pero perdieron su razón de ser. Una quedó como sede del movimiento César Rengifo, y se cerró a otras agrupaciones. Otra se usa poco, la mayoría de las veces para eventos no teatrales. Otra se convirtió en estudio de TV. Por otro lado, teatreros de oposición abrieron círculos en el este de la ciudad. No hay cohesión ni coherencia en hacer teatro. En el interior del país hay un estancamiento. Se hace poco y en pocos estados. Yo no podría decir que es el mejor momento del teatro en Venezuela. Sin embargo, la gente hace teatro. Lo hace bien, con amor, pasión, alegría y eso es bastante.

El Estado y el Teatro venezolano

En su valoración sobre los aportes del Estado al teatro hoy –enfatiza Porras–, el mejor aporte que puede hacer el Estado es generar estructuras de funcionamiento desde una perspectiva estratégica. El que haya escuelas de teatro, salas y algún tipo de financiamiento, no da cuenta de un marco estratégico. Debe impulsarse desde la organización popular, los organismos del Gobierno, los entes privados, culturales o no, una estrategia que optimice los recursos, estableciendo líneas comunes y planificadas, que genere mecanismos estables de financiamiento, formación y promoción. Alcanzar convenios en el exterior para visibilizar nuestro teatro y ser parte de escenarios internacionales. No es solo dinero, es pensamiento estratégico, voluntad política y trabajo arduo.

Los teatreros venezolanos –finaliza Porras– tenemos que pensar mas que en aportar al teatro universal, en cuál es nuestro aporte al teatro venezolano. Entender, hurgar, en la teatralidad venezolana o en la venezolanidad teatral.

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Biografía Mínima 

Licenciado en Letras por la UCV. Director de teatro, productor y dramaturgo. Realizó diplomado en lexicografía.
Fue director del Instituto de Artes Escénicas y Musicales (Iaem) y coordinador de Teatro de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Cultor de fiesta de Reyes Magos. Director fundador de la agrupación Caballo Teatro.
Ganador del Premio Nacional de Dramaturgia César Rengifo con su obra La punta del Iceberg.
Dentro de sus obras publicadas destaca El arte de los senderos que se bifurcan, ensayos sobre teatro.
Columnista del periódico Ciudad Ccs, la revista Épale y Aporrea, entre otros medios.

Ciudad CCS / José Javier Sánchez