Carta a un obispo

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Irreconocible Moronta: ambos sabíamos del otro, pero fue en las exequias del comandante Chávez cuando cruzamos palabras. Estabas un asiento delante de Adel El Zabayar y mi persona. Adel tocó el cordel que llevan ustedes y te preguntó qué pensabas hacer con ese mecate. Hoy vuelvo a saber de ti al leer en el libro de  John Bolton que, en la llamada “Batalla de los puentes”, esperaban un pronunciamiento de la iglesia contra el gobierno, papel que cumplió para su complacencia “el obispo de San Cristóbal”, o sea, tú. Siempre se te vio como un cura progresista, ¿amigo de Chávez?, y de repente, Bolton revela tu  puntualidad con el imperio. El apóstol Judas también fue puntual con el Sanedrín.

Earle Herrera