Ver

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Ver es complejo. Ver en cultura y política requiere de entrenamiento permanente y aprendizaje constante. Uno nunca está aprendido.

Se empieza a ver con la retina, una parte especializada del sistema nervioso central. Su nombre es el diminutivo de la palabra rete, del latín, red. Es una suerte de tela orgánica sensible a la luz. Está dentro del ojo y allí se captan las formas, los colores y las distancias que, transformados en impulsos nerviosos, llegan hasta el cerebro, responsable de interpretar lo que se ha captado.

Yerra quien se siente seguro de que ver equivale a comprender. No es cierto siempre que una imagen diga más que mil palabras, por ello Platón inventó el Mito de la Caverna, para educar a sus discípulos sobre la necesidad de ir más allá de lo que ofrece la vista.

Todo esto tiene un impacto especial para acercarse a la comprensión de lo político y lo cultural, dos conceptos que están absolutamente involucrados el uno en el otro.

Ver más allá de la primera apariencia enriquece nuestra percepción del mundo, nos permite una comprensión que podría incidir en que nuestras acciones fueran más adecuadas a una realidad que es siempre más compleja que las imágenes que se presentan como si fueran sencillas.

Como ejemplo de lo que quiero afirmar, mi generación creció educada en la idea de que nuestra Guerra de Independencia fue una lucha entre venezolanos y españoles. No es del todo cierto que así fuera. Fue también una guerra entre venezolanos. Hubo contingentes de apátridas que dispararon desde el bando realista contra sus hermanos que luchaban por la independencia de la patria.

Esa otra perspectiva, que descubrí leyendo al historiador Carlos Irazábal, me ha servido para ver mejor nuestra lucha de hoy, cuando hay un grupo de oposición vasallo de las mafias de Miami.

Dudar e indagar con base en esa duda es el ejercicio que quizá mantenga en forma los 6,5 millones de conos y los 120 millones de bastones que contiene nuestra retina. Ver requiere de buena sinapsis.

Freddy Fernández

@filoyborde