Acto Revolucionario en 2020

0

La búsqueda por alcanzar la revolución en el mundo siempre estuvo concebida bajo el método de la vía violenta. Los antecedentes del proceso actual en Venezuela hay que ubicarlos en la lucha armada de los años 60. Allí está el origen de lo que hoy se construye en nuestro país.

Esos pioneros, que a lo largo de más de tres décadas lucharon y hasta entregaron su vida por la revolución, tienen que ser reivindicados y considerados semilla e imagen objetivo de la meta a alcanzar. Su acción y su pensamiento influyeron en la vía revolucionaria.

No obstante, el año 1997 marca un hito en la historia política de Venezuela. Me refiero a la Asamblea Extraordinaria del MBR-200 en Valencia. Las decisiones que en ese evento se adoptaron crearon un nuevo paradigma para hacer la revolución. Ya no sería la acción violenta el método revolucionario, sino el electoral. A partir de entonces la táctica cambia:

  • Ir al gobierno por las elecciones;
  • Estimular la vigencia del poder constituyente del pueblo;
  • Mantener vigente la estrategia de consolidar la Revolución por la vía del cambio de estructura.

Aunque el cambio de paradigma se inclinó por las elecciones, eso no significa que el modelo político revolucionario tiene que ser igual al representativo. Es más, hay que diferenciar muy bien, y con sus respectivas especificidades, entre lo que es ganar las elecciones como acto burocrático o tomar el poder como acto revolucionario. Para ambos actos se emplea el método electoral.

Pero, el burocrático es darle continuidad a la democracia representativa. Es mantener el Estado concebido para el usufructo del poder. Es seguir sosteniendo a los representantes electos como cúpulas y así materializar la «teoría del manguito». Ésta, se refiere a darle un solo manguito al pueblo, mientras que las cúpulas se quedan con la mata entera, cargada de jugosos y dulces mangos. La misma mata que le pertenece al pueblo. Pero el pueblo adormecido por sus limitaciones (clientelismo, dependencia del poder cupular, alienación), no la reclama.

La oposición, la derecha reaccionaria, así como los “falsos rojos” (contrarrevolucionarios dentro del aparato de mando de las instituciones del Estado y del gobierno), simbolizan a la democracia representativa.

Su acción está inmersa dentro del concepto de las cúpulas reformistas, que se apropian de la «mata de mango» del pueblo. Algunos «revolucionarios» que no se han dado cuenta todavía de las diferencias ideológicas entre lo representativo y lo revolucionario, asumen las elecciones como acto burocrático. Aspiran el poder no para el pueblo sino para usufructuarlo.

El acto electoral como acto revolucionario es tomar el poder para entregarlo a las comunidades organizadas. Ceder la toma de decisiones a los colectivos que se establecen en alguna instancia del poder constituyente del pueblo.

Este año, para las elecciones a la Asamblea Nacional, tiene que ser un momento de revisión del Proceso Revolucionario y reubicar el camino electoral para que ese acto sea revolucionario.

William Izarra