Auge y caída del capitalismo rentístico

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En este momento, que la economía venezolana atraviesa una de sus crisis más profundas, es común escuchar y leer expresiones como: “el rentismo petrolero se acabó” o “se agotó el modelo rentista en Venezuela”, ideas imposibles de entender en todo su alcance y profundidad sin recurrir al pensamiento del profesor Asdrúbal Baptista, uno de los economistas más lúcidos en la historia del país, fallecido el pasado jueves 25 de junio. Comparto aquí una breve revisión de su extenso aporte a las ciencias sociales.

Destacado docente, pensador, intelectual y académico, Baptista, a quien sus estudiantes de pregrado de la Universidad de los Andes recuerdan como El Caballero de la Economía, fue Regente de la cátedra Andrés Bello de la Universidad de Oxford, profesor vitalicio del IESA, miembro de la cátedra Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge, además presidió la Academia Nacional de Ciencias Económicas de 2007 a 2009. Su partida representa una pérdida incalculable e insustituible para el mundo intelectual y académico de Venezuela.

Su palmarés académico no significaría tanto de no ser por su preocupación constante, incansable e incondicional por la generación y difusión de conocimiento. Así como el empeño en que ese conocimiento se manifestara en el desarrollo del país y el bienestar de la población. Asumió su rol como pensador, intelectual crítico y pedagogo, en el marco del compromiso y la responsabilidad de aportar para construir una sociedad mejor.

Uno de sus más importantes aportes fue recolectar, estandarizar y estimar estadísticamente las variables y agregados macroeconómicos de la economía venezolana desde 1830 hasta 2008, en su trabajo Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana, que desde su primera publicación en 1991 es fuente obligatoria para tesis de grado e investigaciones que se hacen en el país.

En esta obra muestra como la economía venezolana permaneció con muy poco desarrollo de 1830 a 1920, cuando empieza a ser impactada por la renta petrolera y el desarrollo industrial que venía detrás de esa renta. Y así comienza un ascenso acelerado del crecimiento del PIB de Venezuela, que lleva al país de ser el más pobre en la región en 1920, a ser el más rico para 1960.

A partir de esa base cuantitativa y de la comprensión de la economía política como ciencia histórica, Baptista publica Teoría Económica del Capitalismo Rentístico, en 1997. Allí, hace un análisis exhaustivo de la renta petrolera y su impacto en los problemas estructurales de la economía venezolana. Identifica la renta como la variable explicativa fundamental.

Deja plasmada la alerta sobre el fin del rentismo petrolero como dinamizador para el crecimiento económico, porque desde finales de los años 70 había comenzado el declive de la economía venezolana. Ratifica advertencias que había repetido durante más de una década:

  • «La renta ya no sirve para hacer crecer la economía venezolana. La renta del petróleo no es el futuro del país, pero sin la renta no tenemos futuro»
  • «Todo crecimiento en adelante será espasmódico, porque ninguna economía desarrollada puede hacerlo sólo sobre la base de un ingreso no producido»

Hay que comprender que “la renta” no es el ingreso petrolero, sino únicamente la parte del ingreso que corresponde estrictamente a la propiedad del recurso, luego de cubrir los costos de extracción. En consecuencia, el Estado sólo debe disponer de una parte de la renta, orientando otra parte para la reinversión y ampliación de la industria. En ese sentido, siempre advirtió Baptista:

  • “Lo primero que debe hacerse es calcular, cuantificar estrictamente el tamaño de es esa renta”

Conscientes de que para distribuir renta primero hay que producirla, y más que la renta en sí, lo más importante es el tejido industrial que se debe instalar  a partir de ella, es necesario seguir explorando alternativas en la búsqueda del desarrollo.

Para eso es fundamental comprender de una vez y por todas que el capitalismo rentístico llegó a su fin, es un modelo agotado, cuyo final fue gestado en el marco de sus propias contradicciones, pero que fue acelerado a partir de decisiones gerenciales erradas en la industria petrolera, así como el terrible e ilegal bloqueo financiero al que ha sido sometida Venezuela por parte de EEUU.

Venezuela seguirá siendo un país petrolero, cuenta con las reservas más grandes del planeta. Pero sin la capacidad inmediata para extraerlo y comercializarlo, lo mejor es entender que en el corto plazo no estará disponible la renta petrolera para financiar el desarrollo, esa oportunidad se nos esfumó, el ciclo de crecimiento culminó. Llegó el futuro que ya conocíamos, y  hoy más que nunca es necesario el surgimiento de una nueva visión de desarrollo.

Eso implica construir un cambio profundo en todos los estadios de la sociedad, diseño de políticas públicas productivas no rentistas con incentivos sectoriales por parte del Gobierno, surgimiento de un sector industrial que deje de aspirar a dólares baratos, evadir impuestos y proteccionismo, un sistema financiero que se dedique a la intermediación bancaria y no a la especulación, además de una población dispuesta a trabajar y producir, y que cobre salarios justos.

Raúl Peñaloza