Como quien mira robar

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Hace años me asaltaron en una camionetica en la avenida Baralt. Con pistola, pero con calma. Viajaba junto a una amiga – que iba despistada viendo por la ventana – cuando el hombre que estaba del otro lado del pasillo me pregunta dónde queda Capitolio.

Alarmas internas encendidas: Esto está medio vacío, este se ve raro, ¿quién va en camionetica por la Baralt y no sabe eso?

“En tres cuadras estamos en Capitolio”, contesto.  Segundos después: “Reina, ¿tú estás viendo esto que tengo aquí? – decía mientras se subía la franela blanca y me mostraba un arma – pues bueno, si no quieres que la use, dame tu teléfono, los reales y los de tu amiga también, eso sí, calladitas las dos”.

Obediente, le digo a mi compa: “Mira, dame tu celular y la plata que nos están robando”, cosa que hizo sin chistar. Yo, nerviosa,  entregué todo y rematé con: “aquí tiene señor ladrón”. El hombre se bajó de la unidad y hasta pagó su pasaje con nuestro dinero.

En los minutos siguientes nos cayó la locha, mi amiga gritaba: “¡nos robaron!, ¡fue el de franela blanca que se acaba de bajar!, ¡tiene una pistola!”; los otros pocos pasajeros, que ni cuenta se dieron, dijeron: “¡ah!, pero ese ya está lejos”, y así nos bajamos, indignadas y bien robadas.

Hace tiempo que no pensaba en esa historia, porque la mente se defiende como puede, pero en estos tiempos de pandemia y cuarentena, es decir, de susto y encierro; la pensadora se activa de otras formas. El detonante fueron las noticias.

No esas en formato “última hora”, sino aquellas que vienen sonando como piedra de río desde hace rato: “Nos embargaron Citgo”, “son como 8 mil millones de dólares en activos”, “los gringos bloquearon eso con la venia del ‘procurador’ de Guaidó”, “el Banco de Inglaterra no nos quiere dar los casi mil millones de dólares en oro que tenemos allá”, “hay una chorrera de cuentas de Venezuela en el exterior bloqueadas”, y la perla: “nos van a tumbar el Esequibo y si nos descuidamos, se agarran el Golfo”.

Verán, una intenta estar tranquila, como cuando el señor ladrón me preguntó dónde quedaba Capitolio, pero claramente no se puede. No es un simple mal presagio. Es un hecho. Nos están robando. Saqueando. Sustrayendo. Expoliando. Quitando.

Hay que dimensionar. Si le molesta que le roben el celular, ¿a cuánto debe ascender su ira con semejante lista? No podemos salir a gritar indignados una vez se consume el despojo. Nadie nos va a oír. Nadie nos va a devolver nada.

Conocemos las infames condiciones en las que el pueblo y el Gobierno Bolivariano deben defender la soberanía nacional, es decir, pandemia, bloqueo y el descaro e indolencia de las potencias y sus cómplices locales.

Sin embargo, hay que hacerlo y exigirlo: ¿Vamos a tolerar que con la deleznable ficha de Juan Guaidó y su gobierno de fantasía, el imperialismo nos robe medio país?, ¿la Revolución (que nos incluye) va a permitir la que sería la pérdida más grande para la nación en siglos, incluyendo territorio?

Si bien se han iniciado algunas acciones legales (caso oro), necesitamos y merecemos una explicación detallada – así como la que tenemos del covid-19 – del plan para la defensa de lo que nos pertenece a todos y todas.  No vaya a ser que terminemos bajados de la camionetica, gritando al vacío, mientras los ladrones se van calle abajo con la patria como botín.

Mariel Carrillo García