Nada original

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Escribe, pues…

Escribe

en el comienzo de la primera página

que no aborrezco a nadie,

ni a nadie robo nada.

Mas, que si tengo hambre,

devoraré la carne de quien a mí me robe.

¡Cuidado, pues!…

¡Cuidado con mi hambre,

y con mi ira!

 

Así culmina el poema de Mahmoud Darwish, Carnet de Identidad, del cual copiamos su nombre para titular esta columna, en homenaje eterno a la palabra hecha arma para disparar esperanza; convertida en espada para abrir caminos, herramienta para desalambrar y romper cadenas, y piedra para enfrentar demonios.

Darwish, el poeta nacional palestino, nos recuerda el derecho a la vida, a ser reconocidos y el derecho a soñar y a defendernos, con los dientes si es preciso, que tenemos todos los hombres y mujeres libres del mundo, incluso los de Palestina.

La tierra cananea, semita, de más de 11 mil años de historia y de millones de años de presencia en el mundo, es un tema obligado para los candidatos a la presidencia de Estados Unidos, pues “la causa de Israel es asunto de Washington”.

Si en 2004 George W Bush instó a los refugiados palestinos a renunciar al retorno, hoy Donald Trump, comprobado “mejor amigo del sionismo”, ha impuesto a palestinos y al mundo en general,  Jerusalén  como capital de Israel, en el marco de su llamado “Acuerdo del siglo”, el cual se ha ido concretando mientras el covid-19 -o quien lo inventó- nos tapa la boca y nos obliga a escondernos de él.

Burlando cualquier llamado de la Organización de Naciones Unidas, la principal responsable de la tragedia del pueblo palestino, y omitiendo las resoluciones emanadas de esa instancia internacional, Israel primero inició la construcción del muro criminal a lo largo de Cisjordania y judaizó Jerusalem. Y una vez declarado el Estado judío, robó a los palestinos, con apoyo de varios gobiernos lame botas de Washington, la Ciudad Santa para convertirla en la capital de un Estado ficticio.

Trump, a nuestro juicio, no aporta nada nuevo al proyecto criminal contra Palestina, sino que devela de manera obscena y descarada el proyecto para concretar la limpieza étnica llevada a cabo desde la ocupación en 1948. Pero que el sionismo planificó desde mucho antes.

El director del Departamento de Política de la Agencia Judía, Benny Morris, en 1947 dijo: “Cuando esté establecido el Estado Judío…es muy posible que el resultado sea la ‘transferencia’ de [los palestinos] árabes”. Aquí está planteado el no retorno de los refugiados a sus  hogares; la concreción de la ocupación total de la tierra por parte de los invasores y el exterminio de los árabes palestinos.

Pero ese proyecto no inicia hoy 1 de julio de 2020, con la supuesta anexión a Israel de una parte de la franja de Gaza, y tampoco culmina con la desaparición de Palestina y sus originales pobladores, sino que continuará en todo el Levante. El Medio Oriente es la meta de Israel.

Sólo  un detallito más,  Irán, Jordania, Siria, Líbano y Palestina han anunciado que enfrentarán a los invasores. Pareciera que una vez más la humanidad está a las puertas de una conflagración calificada  por algunos como el Armagedón. La locura por imponernos a sangre y fuego el sistema… nada original.

Hindu Anderi