Caraqueñidad | Baralt, una avenida con mucho apellido

0

La cultura venezolana, y qué decir de la caraqueña específicamente, lleva implícita una celebración cada vez que alguien cumple años, más si se trata de un personaje de relevancia en la historia patria… Imagínense el jolgorio si el aniversario asciende a 210 años. Es el caso de Rafael María Baralt, quien nació en Maracaibo el 3 de julio de 1810, en plena turbulencia independentista.

Destacado hombre de letras, estratega militar, historiador y poeta que en sus cortos 50 años, finalizados en España, tuvo una prolija producción intelectual que le otorgó el privilegio de ser el primer latinoamericano incluido en la Real Academia Española (RAE).

Tantos méritos logró el hijo del capitán descendiente de catalanes Miguel Antonio Baralt y la dominicana Ana Pérez, que sus restos reposan en el Panteón Nacional, apenas a una cuadra de la avenida caraqueña identificada con el apellido de tan distinguido intelectual.

Cuando se decidió que el epónimo de tan central avenida fuese el periodista Rafael María Baralt nadie pudo proyectar el deterioro general que experimentaría la obra vial.

Consideraciones históricas

Parece que el destino hubiese cobrado memoria y relacionó la turbulencia de los días independentistas en que vio luz el joven Baralt con el agitado comportamiento cultural y social, desde y hasta siempre, de ese corredor vial incluso mucho antes de tener el importante significado que ostenta hoy en el marco de la ¿planificación urbana? que como urbe moderna debe tener Caracas.

Baralt, el hombre, sería el primer graduado de la Academia Militar de Matemáticas, así como autor del primer Diccionario de Galicismos, lo que le otorgara el primer cupo a un latinoamericano en la RAE. Varias primeras veces marcarían el desarrollo de aquel niño cuya infancia transcurrió entre sonidos de consignas, balas y cañones en nombre de la libertad de Venezuela, porque en Caracas, un año y dos días después de su nacimiento se estaría firmando el Acta de Independencia, que aún hoy está por lograrse del todo, aunque respecto de otros imperios y de otros monstruos.

Para evitar el turbulento ambiente sus padres deciden marcharse a República Dominicana pero tuvieron que regresar en 1821, en el marco de la Batalla de Carabobo. ¿Existe relación entre las experiencias del personaje y lo tormentoso que ha resultado desde siempre la avenida Baralt?

Quizás el poeta estaba predestinado y lo sabía al escribir el último verso de su obra central y más difundida, Adiós a la Patria: “No te duela mi suerte/ no maldigas mi nombre, no me olvides,/ que aún vecino a la muerte/ pediré con voz fuerte/ victoria a Dios para tus justas lides.”

De rural a moderna

Cuentan que en el período postindependentista, en 1811, la municipalidad caraqueña, emulando acciones y efectos de la Revolución Francesa, trató de rebautizar algunas vías que consideraron icónicas para la gesta libertaria: calle Primavera, Leyes Patria, Ricaurte, Triunfo, Unión y Agricultura, entre otras.

No obstante, la historia registra que en 1876 hubo un intento por modificar la toponimia capitalina con el plan de Arístides Rojas para, literalmente, “acabar con la mala costumbre provinciana de llamar a una calle ‘de La Pelota a La Marrón’”. Se decide dividir la ciudad en forma de cruz, con eje en la torre de la Catedral. Se daba a las calles nombres relacionados con los puntos cardinales, así como su distancia con respecto al citado eje. Nomenclatura que bautizó a ese corredor como avenida Norte-Sur, que unía el Guaraira Repano, por San José, con las riberas del Guaire, por los lados de Quinta Crespo.

La arteria vial, concluida por el MOP de Pérez Jiménez en 1953, comienza a sufrir ampliaciones que la aproximan a la fisonomía actual. En los años sesenta, los nombres de personajes comenzaron a sustituir la nomenclatura de los puntos cardinales. Entonces a la Norte-Sur se le bautizó Rafael María Baralt o sencillamente avenida Baralt.

De suicidios, incendios y otros males

Lamentablemente, estigma o realidad, la Baralt está signada por episodios trágicos, de sangre, de desamores, de demoliciones y de deterioros, incluyendo por supuesto a los fantasmas que siempre han figurado en relatos de la ciudad.

En el puente El Guanábano la historia registra cerca de dos mil suicidios, ya que por su altura y su fácil acceso las y los caraqueños de aquella primera mitad del siglo pasado veían efectivo su propósito de pasar a otro plano al lanzarse al vacío. Este punto de Caracas, similar al Viaducto de Mérida, era una suerte de pasaporte al más allá…

Expuso Guillermo Meneses que “pertenece a nuestra época moderna la siniestra fama del lugar a la que ha contribuido el famoso Puente del Guanábano, tristemente célebre por los muchos suicidios que allí se han realizado”.

Pero todo eso quedó en el pasado. Transcurre el tiempo hasta 2002 y se registra la que consideran la mayor “tragedia etílica” del país, cuando 47 personas perdieron la vida tras un incendio en el night club La Goajira… Después vino lo de Puente Llaguno. Y hay quienes aseguran haber oído y visto a los fantasmas de muchas de esas almas en pena.

La Baralt, casi de punta a punta, se fue poblando de bares y sitios de peligrosa vida nocturna que fueron extendiendo radio de acción y de horario, y en la actualidad, a pesar de operativos policiales y estrategias de seguridad, en toda su extensión es una zona roja y vulnerable ante el covid-19.

Las cosas buenas

No todo es negativo. La avenida Baralt es variopinta en gustos, modos, usos y parroquias.
En la parte norte, parroquia La Pastora, cerca de la entrada de la Cota Mil (avenida Boyacá) funciona la Universidad Católica Santa Rosa, institución que brinda formación desde el 29 de agosto de 1696.

Muy cerca de allí está la Iglesia parroquial de San Benito o simplemente Parroquia San Benito, que antes era la Abadía de San José del Ávila. Un par de cuadras bajando (sentido norte-sur) funciona el Tribunal Supremo de Justicia, anterior Corte Suprema de Justicia.

En la esquina de Piñango, parroquia Altagracia, desde 1937 funcionó un tradicional negocio que describe la gastronomía de la zona: La Casa de los Espaguetis brindó siempre un menú accesible consistente en una generosa ración de pasta larga con salsa bologna, reforzada con un buen bistec y panes de a locha. Si querías a caballo con huevo frito y si querías manchado con una cucharada de mantequilla.

Interceptada por la céntrica avenida Universidad (de este a oeste) en la esquina Pedrera, parroquia Catedral, la Baralt muestra la estación del Metro Capitolio, referencia además por el centro comercial Metro Mercado Capitolio, motor para los pequeños comerciantes del sector.

Seguidamente está la plaza Caracas, Parroquia Santa Teresa, entre las Torres de El Silencio. La zona este de la plaza luce una estatua de Simón Bolívar denominada “El Genio”, del escultor español Victorio Macho.

En el ombligo de la Baralt, en plena parroquia San Juan, en El Silencio, diagonal con el Centro Simón Bolívar, frente al Saime y transversal con la avenida Lecuna, destaca la plaza Miranda, en honor al precursor de la Independencia, el Generalísimo Francisco de Miranda.

Seguidamente está el Instituto Nacional de Nutrición como antesala al extremo sur de la Baralt, límites de las parroquias Santa Teresa y San Juan, donde funciona desde 1951 el Mercado de Quinta Crespo y el subcomercio que acarrea. Funcionan en toda su extensión, que incluye sus 16 esquinas: Dos Pilitas, Guanábano, Truco, Balconcito, Cuartel Viejo, Puente Llaguno, Piñango, Muñoz, Pedrera, Gorda, San Pablo, Miranda, Maderero, Bucare, El Carmen y Quinta Crespo, diversas líneas de transporte para el público, agencias bancarias, hoteles y escuelas.

Habría que comparar a Baralt con Sucre, Lecuna y Medina, epónimos de avenidas afectadas por la anarquía cotidiana que todo lo corroe.

Ciudad Ccs/Luis Martín