CONVIVIR PARA VIVIR | Seguir adelante sin mirar atrás

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Dibujando con mis tremenduras

En el preciso instante en el que anunciaron la llegada del covid-19 a Venezuela, me encontraba en mi lugar de trabajo, mi segunda casa, la Escuela de Artes y Oficios El Cementerio, recuerdo que me dio una crisis de nervios y lo único que repetía era “mis hijos, mis hijos”.

Beber una taza de té de malojillo preparado por mi compañero de trabajo, el señor Silverio Torribilla, y escuchar las palabras esperanzadoras de mi jefa, la Directora Patricia Henao, una mujer guerrera y luchadora, surtieron efecto, puesto que me sentí un poco más relajada.

Llegó la hora de salida en la Escuela. En anteriores ocasiones iba apresurada para buscar a mis hijos al colegio, llevar a mi hija Sophia a sus clases de música, compartir con mi suegra algún tema y adelantar la preparación de la cena, mientras se hacía la hora de retirar a la niña; en fin, quería llegar rápido a casa.

Pero este día 14 de marzo a las 12:30 pm, me daba miedo salir a la calle, estaba súper alarmada con la noticia del primer caso de coronavirus en mi país, pero finalmente, me armé de valor, y salí.

La mayoría de las personas en la calle usaban guantes y tapabocas, esta situación me alarmó aún más, nadie quería ser tocado por nadie.

Esa tarde, no utilicé el Metro, tomé dos camioneticas para llegar a mi casa, en el camino veía por la ventana y pude constatar, por la mirada de las personas, que yo no era la única que sentía ese miedo por dentro, y que se me reflejaba en los ojos.

En el último autobús que tomé, luego de hacer una larga cola, ya que a medio día despacharon a la mayoría de los trabajadores y estudiantes de sus aulas y puestos de trabajo, se subió un muchacho de unos 20 años de edad, que miraba por encima y presentaba un cuadro de alergia notorio; unas voces burlonas (nunca falta el bullying) murmuraban “ese está contagiado que se tape o que se baje”.
Al fin, llegué a mi casa, donde convivo con mi esposo e hijos. Y luego de un protocolo de limpieza, lo primero que hice, fue abrazar a mis tesoros.

Y desde ese día, el covid-19 me convirtió en maestra provisional de mis chamos. A pesar de cómo tomé la noticia de la llegada de este virus a mi amado país, hoy día y siempre busco el lado positivo de esta situación.

Sophia enseñando a Samantha a tocar cuatro

Mi hijo mayor se llama Xavier y tiene 15 años. Practica fútbol, (y digo practica, porque en el patio de la casa no ha dejado de patear ese balón). Desde el principio se ha comportado muy maduro, sobretodo en el tema de las clases a distancia. “Dios me lo guarde”.

Samantha es la más pequeña de la casa, y la más tremenda también. Con ella ha sido más llevadera la cosa, ya que le encanta que yo esté metida en la casa todo el día y le gusta hacer tareas, así que todo ha sido muy fácil con Samantha.

Sophia (mi Sophie, como yo le digo), con ella, no es que se ha tornado difícil, sino que por su edad, este tema la ha puesto un tanto rebelde, ya que quiere salir y no se puede. Pero yo siempre le doy la vuelta porque me pongo a hacer cualquier tipo de actividades con ellas para que no se aburran. Hacemos bailoterapia, no todos los días, pero sí a veces. Nos guiamos con algunos programas de televisión, y ahí nos ponemos a bailar, saltar y hacer maromas, tanto así, que hace un par de días me doblé el tobillo al saltar, (nada grave gracias a Dios).

Es esta cuarentena, aprendí a dibujar, mis niños me buscan cualquier imagen en internet, y yo se las hago tal cual, al principio no me quedaban bonitas, pero ahora les encanta. Nos ponemos a pintar, a leer cuentos… me ha tocado hasta inventarles historias, hasta al “grandulón” de mi hijo, que siempre lo veré como a un bebé. Lo único que tenemos pendiente por hacer, y que pronto haremos, es yoga.

Últimamente mi cuñada Jennifer, quien vive en Chile, me ha estado animando a maquillarme en casa, aunque no para salir, pero ella dice que eso levanta el ánimo, y como tengo a mis dos princesas, se colean en el maquillaje. Nos hacemos distintos modelos y aplicamos muchas técnicas viendo tutoriales en Youtube, eso también las distrae, porque la idea es mantenerlas ocupadas.

Hace un par de días los tremendos de la casa, me sorprendieron con una serie de vídeos tipo sketch, de varias series animadas: La Cenicienta, Blancanieves y los siete enanitos, entre otras… fue un momento de muchas risas.

Mi lema es: “todo pasa por algo”. Yo trato de disfrutar al máximo cada instante con mis seres queridos, encerraditos. Siempre hay alguna cosa o actividad para realizar, y en familia todo es más bonito.

DELIA PÁEZ  / CIUDAD CCS