LETRA DESATADA | Atarraya guyanesa

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Hace unos años tuvimos la oportunidad de ir a una cárcel con “nuevo régimen penitenciario” para cumplir o hacer una pauta para la revista Épale CCS. Ahorita con la cuarentena todos hemos sentido un poco cómo es eso de no tener libertad. No importa cómo se le llame para efectos de este texto. Estoy en cuarentena, estoy presa o privada de libertad, seguro es distinto dependiendo del lugar donde se esté cuando no se disfruta de esa libertad.

El día que visitamos esa cárcel –la cárcel siempre es un lugar donde uno supone que hay gente que cometió delitos pero a veces eso no pasa, también hay gente inocente en los centros penitenciarios de Venezuela y del mundo– participamos en una actividad (con presos o privados de libertad, obviamente) y la idea (de la pauta) era que contáramos todo lo que allí vimos.

Dimos una clase de periodismo en un salón donde había gente pendiente de escribir poesía, vimos a gente sembrando, a gente haciendo un periódico digital, a gente estudiando, a gente cocinando, a gente trabajando carpintería, a gente administrando y usando una biblioteca, a gente comiendo y a gente haciendo deportes. Y vimos un lugar muy lindo dispuesto para que los privados de libertad recibieran visitas. Todo eso lo contamos. ¿Eso seguirá así? Habría que volver a El Rodeo II para saber.

Pero hubo algo que no contamos a las y los lectores de Épale CCS. Hubo un acto protocolar, un acto en una cancha deportiva. Ese día por primera vez (y creo que única vez si la memoria no nos falla) quien escribe “presidía” el acto y debía decir una consigna cada vez que entregáramos un estandarte o bandera, incluido nuestro tricolor patrio. Eso sucedió tres veces. Y dijimos tres veces: “El sol de Venezuela nace en el Esequibo”. “Nace en el Esequibo”, respondieron los privados de libertad. Alguien me dijo que no había dicho la consigna “con fuerza”.

La historia viene a cuento porque más allá de esa consigna surgida del mundo militar comprobamos, una vez más, que ignoramos todo o casi todo del territorio Esequibo o la Guayana Esequiba. Que la mayoría de quienes vivimos en Venezuela y que tenemos décadas viendo el mapa con un bracito con rayitas, ignoramos que el río Esequibo es el segundo más largo y caudaloso de América del Sur, que nace en Brasil y discurre unos mil kilómetros por sabanas y selvas venezolanas para llegar al océano Atlántico, que en ese trayecto hay varias islas y en esos más de 150 mil kilómetros cuadrados la palabra río no lleva acento porque se escribe river y porque se habla en inglés.

Y que más allá de todo eso que ignoramos, esa atarraya que el Gobierno guyanés arroja sobre el Esequibo, pretende pescar en río revuelto y que es mejor que tengan cuidado porque en Venezuela está prohibida la pesca de arrastre.

Por eso creemos y queremos que la diplomacia bolivariana de paz siga marcando el camino, pero también queremos que sepan los guyaneses que El sol de Venezuela nace en el Esequibo. Y lo digo y lo pienso y lo escribo con fuerza. Sigamos.

MERCEDES CHACÍN