CRÓNICAS Y DELIRIOS | No sólo de pandemia vive el hombre

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Doctor, acudo a su consulta por Internet esperando que no necesite internarme en ninguna clínica de electro-show (según advierte mi esposa legal, es decir, con título de abogada…y ahora en absoluto ejercicio como juez hogareño), pues a la oscura luz de esta cuarentena que ya pasa de la ochentena, me siento confinado y casi finado por el encierro, aunque percibo en mi fuero interno, o sea, en el nerviosismo del hemisferio occipital, que no hay otra manera de enfrentar el covid-19  sin caernos a cobas ni hacernos los “locuaces” (como explica mi suegra desde las trochas madrileñas, donde aguarda la visa y también la Mastercard). Doctorísimo, espero me oriente frente a ese virus cuyo origen es oriental según las gríngolas de los gringos, aunque nada de ello creo porque el horrible bicho con antenas anti-parabólicas ha emergido por diversas partes del planeta terrícola, ¿estoy en la certeza de lo cierto, estimado médico galeno, o redundo en disparates?

Si después de esta rápida introducción, no percibe usted ningún maldito mal neurálgico, neurasténico o neurótico, prosigo con la reláfica: cada tarde voy a la ventana del apartamento para tomar aire ya que la cerveza hace tiempo se me acabó, continúo allí como un solo hombre pues las células de mi mujer y las dos chamas están encadenadas a sus respectivos celulares, y me pongo a comparar nuestra pandemia nacional con el pandemónium que existe en otros lugares.

Como una película repetida, veo a (in)dignos dignatarios sin máscaras ni mascarillas en demostración de quiénes son en realidad; sueño despierto que a míster Trump le ponen un tapabocas de acero eterno, además de transfusiones continuas de cloro sin cloroformo y una rígida chaqueta contra la fuerza bruta, a fin de que no siga burlándose de la humanidad; miro al más Bolsanaro de Brasil pasearse en una bicicleta de agua, mientras el pueblo con gritos ahogados pide que lo hunda hasta siempre el coronavirus para mostrencos; “¡Distancia y…categoría!”, ordena una dama al resto de la cola en un supermercado del Grupo Piñera, porque le aterra que la contamine esa chusma; observo cómo un aislado Lenin Moreno galopa hacia las islas Galápagos en su silla presidencial (de ruedas), para que no le alcancen los correazos verbales de Rafael Correa; miro las tétricas formas colombianas de morir por causa del virus o por la virulencia del gobierno.

Cambio de soles, ¡Oh my god!, y me abisman familias enteras explayándose sin ninguna precaución en los balnearios de Florida; sonrío un poco, ¡Oh my dog!, ante el absurdo  disfraz de perro que utilizó un joven español para deambular por la calle a horas prohibidas; se me pone el corazón al galope cuando advierto a supremacistas blancos exigiendo, armados y en nombre de la libertad, que termine ya el confinamiento. Y como ahora, doctor, debo acostarme según prescripción facultativa de mi esposa, dejo en reserva para la próxima consulta otros aspectos y espectros.

Post data (sin post mentira): Amigo doctor, le haré la transferencia bancaria por sus honorarios cuando usted me transfiera por esta vía las conclusiones del caso. Muchas gracias de antemano y de antepie. Vale

Igor Delgado Senior