LA MISS CELÁNEA* | El Metanosotrus In-Filtradum

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En el ámbito de los juegos de video existe una clasificación especial para aquellos que plantean al usuario la posibilidad de vivir una vida paralela en un entorno sin limitaciones económicas, espaciales o legales. Es la realidad virtual puesta al alcance del ser humano en forma de meta-universos donde usted y yo podemos construir un avatar que nos represente, ponerle nombre, quitarle edad, sumarle carnes por aquí y restarle canas por allá, decidir el color de sus ojos, elegir a dedo sus talentos y hacerle vivir nuestros sueños más frustrados.

El meta-usted puede estudiar, rumbear y trasnocharse sin arrugarse mientras esté usted ahí achicharrándose las neuronas para poder manejarlo. Formará una familia, vestirá como quiera. Se comprará pellejos, pieles, cueros para forrar su cuerpo de todos los colores e incluso hasta podrá cambiarlos cuando quiera.

Manejado cual marioneta, el avatar puede tener relaciones sexuales de forma virtual con gente de todas partes del mundo y sin protección, viajar a cualquier lugar, comer sin engordar, visitar cualquier templo, cometer cualquier delito, y todo desde la comodidad de su computadora. No hay olores, no hay sabores, no existe el sentido del tacto. Pero es todo ideal y artificialmente hermoso, extravagante. Seduce a través de la vista y el oído a sus usuarios de tal forma que éstos pueden desarrollar dependencia emocional ante la fantasía, y perder años de sus vidas aferrados a los encantos de esa vida imposible.

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Hubo una vez en la historia de este mundo, un homínido ya extinto que cuando utilizaba el verbo “filtrar” hablaba de la acción de pasar por un sólido poroso algún líquido, a fin de despojarlo de impurezas o sedimentos. Una versión hiperevolucionada de este ser desarrolló una nueva forma de filtro cuya función consiste en pasar por una aplicación de celular su propio rostro a fin de despojarlo de impurezas y verdades. Y dicen los más agudos observadores, casi todos personas de edad más o menos avanzada que lograron escapar a las tendencias, que hubo un momento en que ya no se supo quién era quién, y las mujeres comenzaron a creer que esos ojos agrandados, esos cutis perfectos, esos labios carnosos eran suyos. Los espejos, de tan agraviantes, se arrojaron a las llamas y al olvido.

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Un influencer es una figura pública que utiliza las redes sociales para mostrar su vida e imponer tendencias entre sus miles o hasta millones de seguidores. Supe hace poco, leyendo sobre las más famosas figuras del internet, que existen numerosos influencers que no son gente, sino robots manejados por empresas que les atribuyen incluso posiciones políticas para inocular ideas y modificar tendencias. Personajes eternamente jóvenes y hermosos que, aunque en sus fotos casi parecen gente real, sucumben ante un escrutinio delicado, evidenciando que esas caras, esos pelos, esos bellos escenarios, son una ficción inalcanzable de ese gran espectáculo montado para imponer ideales de belleza y vida que de tan inaccesibles nos mutilan en silencio el albedrío.

El público más vulnerable, como siempre, son los jóvenes: para una muchacha de quince años que vive en un país asediado por el imperio, que no posee recursos para comprar todo lo que le han metido por los ojos es, mejor vivir como seguidora de un robot extraordinario que conformarse con la crudeza de la vida verdadera.

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¿Cómo sería yo vieja?, ¿cómo sería usted hombre?, ¿a qué base de datos van a dar las comisuras de mis labios empujadas hacia arriba para hacerme ver más joven y sonriente?

Movidos por la mano invisible del capitalismo, hombres y mujeres estamos superando las fronteras de cualquier distopía entrando voluntariamente a un meta-universo que se infiltra en nuestra cotidianidad para hacer más llevadera la escasa fracción de vida que todavía nos parece nuestra. Para hacer más digerible la intrascendencia a la que estamos destinados como esclavos de la publicidad y del consumo.

La verdad más sencilla nos resulta espeluznante y la más devastadora pasa de moda después de cinco mil tweets.

¡Abajo cadenas! Vamos a mirarnos cara a cara. Porque, ¿cómo puede enderezar el mundo un ser que no tolera la crudeza de ver su imagen ante el espejo?

*Miscelánea: mixta, varia, compuesta de cosas distintas o de géneros diferentes

Malú Rengifo