PARABIÉN | Parabién

0

1.

Existen palabras bellas que desconocemos. En ese estado, en el del desconocimiento, perdemos muchas cosas, entre tantas, vocabulario, lengua, poesía, pensamiento –y su consecuente mirada de horizonte–, pero, muy especialmente, sentimiento. Perdemos, en definitiva, mundo. Y al perder esas palabras o, cedamos un poco, no tenerlas cerca, perdemos presencia, perdemos vida.

Este espacio que hoy se estrena lleva el nombre de “Parabién”, una palabra desconocida para muchos, o, digámoslo así, muy poco utilizada casi por todos. “Parabién”, según la conocida en muchas oportunidades como Irreal Academia Española significa, y así se entiende, felicitación. Así de simple. La idea procede de la frase “para bien sea”, y que “se suele dirigir al favorecido por un suceso próspero”.

2.

No faltará, y que no falte, quienes consideren poco ajustado, cuesta arriba, y hasta imposible, hablar en estos tiempos en términos optimistas. Si se fuera más preciso se diría que, precisamente, para esos escépticos es que estará dedicada esta estela semanal de ideas y palabras.

Como ya sabemos, una de las perspectivas más interesantes de la condición dialógica (diálogo) reside en la práctica con aquél que no piensa como uno. Qué beneficio conlleva, sostuvo en su momento el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman, conversar con el que piensa igual que uno. Dónde está el provecho más intenso de ese ejercicio, ¿acaso darse la razón frente a un espejo?

Una de las riquezas del encuentro con el Otro está en escuchar un modo de pensar diferente, la opinión discrepante, disonante, diferente, o sea, otro juicio en torno al hecho, lo justo, lo pasajero, lo eterno, lo humano, y quién sabe, lo divino. Esta postura, llámese existencial en tanto que el existencialismo es humanismo, como dijo Jean Paul Sartre, es de tal provecho que sirve, no sólo para el sano confrontar de pareceres, sino hasta para uno reafirmase en los principios y convicciones que lo conforman como individuo.

3.

Como esta primera entrega, estas primeras palabras del primer Parabién, es una suerte de introducción, de preámbulo, permitámonos aclarar un postulado esencial: en este texto no se encuentra el saber per se, el único saber, y, mucho menos el todo saber, el saber todo. Faltaba más. (La lucha es y será siempre contra el Ego).

Entonces, desde estas líneas se entiende y se asume que hay saberes, y no un saber absoluto. Cada uno, cada lector, posee, así como el que escribe, saberes. Variados, intensos, relevantes, inquietantes, singulares, y también, obviamente, colectivos. Todos valiosos de ser difundidos. Esperemos que podamos ser eco de ellos a través de este espacio, que se agradece a la buena familia de Las Gradillas.

En ese sentido, quien suscribe, y se responsabiliza, por lo aquí escrito, procurará ofrecer una posible mirada, una posible postura, una posible propuesta (ojalá logre aunque sea una vez todo eso junto en un escrito) de un tema para que reconozcamos, hasta en el mal, o en el peor de los males, un bien. A veces, como apunta el filósofo esloveno Slavoj Zizek, necesitamos alguien que nos empuje fuera de la inercia. Que así sea.

4.

Así es: el Bien. Iremos tras el Bien que construye para que nos sepamos lo que somos, un bien. Con todas las herramientas que proveen diferentes conocimientos, diferentes saberes, como la filosofía, la sociología, la historia, la poesía y la calle, esta última la más académica de todas, procuraremos indagar en el Bien, rastrear su existencia entre nosotros, y entre los que no son vistos, o no se creen, como nuestros, descubrir el Bien para exaltarlo y exaltarnos. Porque, se sabe, lo sabemos todos, ahí está, siempre listo y a la espera.

5.

¿Y el Mal? La pregunta se hace sola. El Mal habla en muchos antes que el Bien y antes que nada. Tiene su propia existencia y nadie pretende que desaparezca. Por el contrario, sin el Mal, el Bien no existiría como noción, como concepto, como objetivo y razón última. Necesitamos el contraste.

Hablaremos, por lo tanto, también del Mal. Pero la intención, y discúlpese la inmodestia, es muy buena: acotar el Mal, reducirlo, empequeñecerlo, confinarlo, como nos manda en estos días uno de sus enviados especiales, a confinarnos en nuestras casas. El Mal será aquí arrinconado porque el Bien será su virus. Para bien.

Rubén Wisotzki