RETINA | Adolfo y Leopoldo

Freddy Fernández

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El fascismo es una defensa violenta y paranoica del capitalismo. Surge como respuesta al avance político de las fuerzas populares.

Su auge en Europa, en el siglo XX, fue la respuesta a la Revolución Soviética y al avance de los trabajadores que en todo el continente reclamaban mejores condiciones de vida.

Es verdad que los fascistas encerraron en campos de concentración a los judíos, pero pocos recuerdan que los comunistas, los socialistas y los líderes sindicales también fueron a morir en esos campos, sin importar si eran austriacos, españoles, italianos, rusos o alemanes.

El fascismo tiene como objetivo destruir a las fuerzas populares, pero trata de imitar su óptica y lenguaje. Con el propósito confeso de destruir a los marxistas, Adolfo Hitler hizo llamar “nacional socialista” a su partido y todavía hoy hay idiotas que se confunden con esto. Leopoldo López logró que Felipe González registrara su partido en la Internacional Socialista, y también hay idiotas que alegan que es socialista.

En América Latina el fascismo tiene su primer auge como respuesta a la Revolución Cubana. La región es toda sometida por dictaduras fascistas. El golpe de Estado contra Allende marca groseramente este período.

Hoy vivimos un período de intensa actividad fascista en la región. Esta vez como respuesta a la Revolución Bolivariana.

En nuestro país, el núcleo es el entorno de Leopoldo López, formado en la secta Tradición, Familia y Propiedad, portadora de valores tan fascistas que hasta los gobiernos copeyanos tuvieron que proscribirla.

Básico en la construcción de su discurso, el fascismo dice que hay muchos buenos y un grupo pequeño de malos a exterminar. Siempre pocos. Para los nazis eran los judíos, aunque su noción de judíos incluía a seguidores de pensadores judíos, por lo que comunistas y socialistas encajaban en la definición. En Venezuela son solo los chavistas y sus colaboradores, es decir, apenas unos cuantos millones.

Freddy Fernández

@filoyborde