LUNASOL | El Espíritu del 19 de abril de 1997 en 2020

William Izarra

0

Cuando se erigió el nuevo paradigma para hacer la revolución, me refiero a la vía electoral como método para consolidar los cambios de estructura que hasta ese momento se planteaba alcanzar por la vía violenta (irrupción popular con apoyo de las Fuerzas Armadas para la toma del poder), y se decidió por unanimidad ir a las elecciones de 1998 con el candidato Hugo Chávez, en ese momento se establecía que ese acto electoral sería asumido como acto revolucionario.

El 19 de abril de 1997, punto de arranque del Proceso Revolucionario Bolivariano liderado por Hugo Chávez, la Asamblea Extraordinaria del MBR-200, realizada en Valencia en el Club Social Mañongo con 1.000 delegados, estableció en la Tríada Conceptual que la forma de hacer la revolución sería por la vía pacífica y electoral.

No obstante, lo electoral como acto revolucionario significaría tomar el poder (inicio de su gestación con el triunfo electoral) para transferirlo al colectivo nacional organizado en comunidades o entidades de participación político-social. Concepción antagónica con la que prevalecía en las fuerzas del statu quo de ese entonces (modelo de democracia representativa, cupular y reformista) que lo asumían como acto burocrático; valga decir, ganar las elecciones para usufructuar el poder (beneficios para la cúpula y clientelismo para el colectivo).

Este episodio, que sigue vigente ya que el MBR-200 nunca fue disuelto sino que permanecería vivo como foco de iluminación, guía y orientación de la Revolución Bolivariana, hay que traerlo a la realidad concreta de 2020, a cinco meses del acto electoral del 6D.

La Revolución es cambio de estructura; es crear un nuevo modo de vida. La Revolución no es continuar perpetuando la base de funcionamiento de la sociedad materializada en el modelo político de la reforma (aquellos reparos inocuos que estimulan la continuidad del capitalismo fundado en las leyes del mercado).

La Revolución es cambiar de modelo político-social bajo los postulados de la tesis del Socialismo Bolivariano; que si bien no se concretará por decretos ni en un acto violento, sí se requiere que como proceso tengamos que ir avanzando por fases y etapas continuas y permanentes.

Si el acto electoral del 6D no se asume como acto revolucionario (transferir la toma de decisiones al colectivo organizado para dirigir su destino); la Revolución seguirá estancada y dominada por el reformismo; continuará su desaceleración y no se cumplirá con la razón de ser del Proceso Bolivariano. Si se continúa haciendo del acto electoral un acto burocrático, seguiremos en reforma y prevalecerán las relaciones que se generan para mantener la estructura capitalista en todos sus alcances y dimensiones.

Si el acto electoral del 6D se toma como acto revolucionario entonces se iniciará una etapa de re-aceleración de la Revolución que irá estableciendo nuevas fases para avanzar en el cambio de estructura y en la implantación del Socialismo Bolivariano dentro de las especificidades de la realidad venezolana.

Por lo tanto, les hago un llamado a las autoridades constituidas (pivote que sirve de palanca generadora de la direccionalidad colectiva) a que se involucren con el espíritu del 19 de abril de 1997, vigente como imagen objetivo del MBR-200 impregnado de la acción del inmortal Chávez, para que establezcan de manera inequívoca que estamos en un proceso revolucionario (no reformista), que busca el cambio de estructura y que las elecciones marcan puntos de inicio de momentos temporales de la Revolución para la transformación de los entes de dirección de la sociedad en Vocerías Populares y generar los mecanismos del ejercicio del autogobierno.

William Izarra