HISTORIA VIVA | Entre rapiñas, despojos y desparpajos

Aldemaro Barrios

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Tal y como lo fue en 1811, Venezuela sigue siendo desde entonces “una amenaza inusual y extraordinaria” para los imperios y por ello en 1899 Gran Bretaña le hurtó más de 150 mil kilómetros de territorio y ahora Estados Unidos le despojó de la filial petrolera Citgo, propiedad de PDVSA, y desató un bloqueo económico y financiero brutal contra nuestro país, con la pérdida de miles de millones de dólares.

Más de 340 millones de dólares en fondos del Estado venezolano (BCV) fueron robados por la Reserva Federal, Inglaterra intenta arrebatar 31 toneladas de oro venezolano ($ 1.100 millones de dólares) y retienen más de 5.000 millones de euros en bancos de Europa, Estados Unidos y Japón. Somos pues una rara “amenaza”.

Estamos ante un tiempo de rapiña y despojo imperial similar al de la Santa Alianza de 1819, en medio de la Guerra de Independencia, cuando en nombre de lo “divino” Europa rapiñó territorios en América; o durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, cuando EEUU dispuso a discreción de su fuerza bélica el control del mundo y ahora percibimos que es la hora de otra ola ofensiva de rapacería imperialista.

En esa enredadera política ofensiva se realizó el pasado 30 de junio de 2020 la primera audiencia en la Corte Internacional de Justicia solicitada por Guyana para la disputa territorial del Esequibo.

Tal y como señaló José Roberto Duque: “El trapo rojo de más reciente manufactura es un poco más complejo, más delicado y de difícil manipulación, porque involucra un asunto sensible llamado soberanía y otro mucho más sensible, llamado posibilidad real de cierre de la tenaza alrededor de Venezuela. Se llama territorio Esequibo[1]. Los halcones lanzan a la diplomacia guyanesa con un anzuelo de humo para ver si Venezuela toma el señuelo y reacciona de forma súbita y violenta para que La Supremacía aplique una “guerra humanitaria” contra Venezuela.

David Granger, el “presidente reclamado”, (cuestión de moda, son tiempos de presidentes autoproclamados y reclamados), también esgrime su espada de punta roma para acusar a Venezuela de “agresora”, pero en el mar territorial venezolano y en la plataforma marítima en reclamación, el Estado guyanés autoriza la exploración y explotación de pozos petroleros y concede a la Exxon Mobil el bloque Stabroek, donde han realizado “16 descubrimientos desde mayo de 2015 y comenzó la producción en diciembre de 2019 a partir del desarrollo de la fase 1 de Liza, frente a Georgetown” [2], según un reporte de esa misma empresa. Venezuela es una rara especie de “agresor” que bajo ataques constantes debe salvaguardar su integridad.

Así que estamos ante un tablero de ajedrez político en el que Granger (presidente reclamado) intenta dar un jaque mate, si lanzamos una contraofensiva a sus agresiones, nos atacan, sino no nos defendemos, somos “débiles” según Guaidó (autoproclamado). Pero Venezuela sigue en la jugada diplomática del Acuerdo de Ginebra de 1966 y la Corte Internacional de Justicia tendrá cuatro años o más para determinar si tiene competencia en el asunto y luego iniciar un juicio que durará otros años más, si no hay otro desfalco judicial.

Mientras tanto la Exxon Mobile felizmente estima la producción en el pozo Liza 1 de Bloque Stabroek en 120 mil barriles diarios de petrolero y 1.700 guyaneses trabajando para la transnacional con proyección de expansión según su propio mapa hasta la plataforma marítima de Venezuela. Y que “según declaraciones del departamento de Energía de Guyana, tiene un potencial de producción de 750.000 barriles diarios para 2025”.[3]

La Armada Venezolana detuvo la incursión de barcos exploradores asociados a Exxon en la plataforma marítima de Venezuela en 2015 y 2018 y los obligó a retirarse, huyeron al sector en reclamación. Así Guyana pareciera “entender” que el asunto de la reclamación es marítimo y no territorial, la conducta hostil de su mandatario es evidente, picando adelante con amenazas. Mientras las aves de rapiña esperan y sacan sus cuentas estimando la minería en oro, coltán y diamantes que el territorio Esequibo contiene.

Por ahora Granger está concentrado en el frente marítimo de donde consiguió los petrodólares de Exxon para financiar su campaña electoral de 2020, Según el expresidente Bharrat Jadgeo, del PPP, el Gobierno «vendió los intereses de Guyana” [4], cita el portal France 24.com. En Georgetown ahora se desarrolla un proceso judicial contra el Director de Elecciones (CEO), Keith Lowenfield, por varios cargos judiciales, entre otros, porque “él supuestamente conspiró con el Oficial de Regreso del Distrito de la Región Cuatro, Clairmont Mingo para alterar los resultados que se habían declarado en marzo para ese distrito”.[5]

¿Qué pasará con el Esequibo?

Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y las Granadinas, acaba de asumir la presidencia de la Comunidad del Caribe (CARICOM) por seis meses y ha declarado: “Nuestra CARICOM ha (alcanzado) logros impresionantes en sus cuatro pilares de integración: cooperación funcional, coordinación de la política exterior, colaboración en materia de seguridad e integración económica, incluidos los acuerdos comerciales en el mercado único. Pero el diseño de CARICOM en sí destaca sus posibilidades y limitaciones… CARICOM fue concebido y diseñado como una comunidad de Estados soberanos e independientes completamente combinados para perseguir una serie de objetivos, medidas y tareas”.[6]

Aunque aún no se ha pronunciado sobre el asunto del Esequibo se conoce que es fuerte partidario de una solución pacífica al conflicto, es decir que apoya las bases del Acuerdo de Ginebra, lo que coincide con la posición de Venezuela.

En la política del engaño, Gran Bretaña y Estados Unidos, así como gobiernos del llamado Grupo de Lima, no reconocen al presidente Nicolás Maduro, sino al interino autoproclamado Juan Guaidó, en una suerte de fantasía animada del “may belive”, será Washington quien tenga la última palabra.

De esta extravagancia grotesca no nos extrañaría que el Banco de Inglaterra le “preste” a Guayana los mil millones de dólares (oro venezolano) para financiar proyectos en el Esequibo y que para completar la torta, Guaidó, quien es por vía de coerción el “cuentadante” según el Banco de Inglaterra, reciba la orden de Estados Unidos para producir una verdadera atrocidad, cuestión que en tiempos de rapiña y despojo puede ser posible.

Muestra de ello, el último escamoteo electoral en Guyana que hasta la Embajadora de los Estados Unidos, Sarah-Ann Lynch, el Alto Comisionado británico, Greg Quinn; la Alta Comisionada canadiense, Lilian Chatterjee y el Embajador de la Unión Europea, Fernando Ponz-Canto, en Guayana, emitieron una declaración conjunta “preocupados de que 114 días después de las elecciones del 2 de marzo, el pueblo de Guyana sigue esperando la declaración de un resultado electoral”7. Más estrafalario y burlesco no puede ser.

Aldemaro Barrios R.
venezuelared@gmail.com

[1] Duque, José Roberto (2020) Trapos rojos y el Esequibo. Misión Verdad.

[2] Disponible en: https://corporate.exxonmobil.com/Locations/Guyana/Guyana-project-overview#DescubrimientosenelbloqueStabroek

[3] Hernández Stephany (2019) Análisis prospectivo del conflicto territorial entre Guyana y Venezuela. Instituto español de Estudios Estratégicos. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_marco/2019/DIEEEM18_2019STEHER_Guyana.pdf

[4] Disponible en: https://www.france24.com/es/20200229-guyana-elecci%C3%B3n-petroleo-granger-david

[5] Ibidem

[6] http://guyanachronicle.com/2020/07/04/gonsalves-assumes-six-month-chairmanship-stint-of-caricom