LA ARAÑA FEMINISTA | Agresores, la otra pandemia

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Millones de personas en el mundo están en situación de confinamiento o cuarentena como medida de protección ante el miedo al contagio del covid-19. La campaña “Quédate en Casa” ha recorrido el planeta. Es que ¿acaso hay algo más seguro que el hogar? “por supuesto que no” nos aventuraríamos a responder prontamente. Sin embargo, no todo es color de rosa. Para las mujeres maltratadas que se encuentran inmersas en el círculo de la violencia, el efecto es contrario, la casa se torna en el lugar más peligroso, aún en una pandemia a escala planetaria.

Ellas están obligadas a convivir día a día con un hombre agresor, lo que pone en peligro su vida y la de sus hijos. En cuarentena los delitos por violencia de género no cesan, lejos de disminuir, aumentan.

Y qué perfil tiene ese agresor

Inés una joven esposa lleva 2 años casada, dice estar viviendo un infierno al lado de su esposo y refiere: “ahora que estamos más tiempo juntos, lo que hacemos es pelear. Casi no habla conmigo, pareciera que no le gusta la comida que preparo, está irritable. Yo me siento muy mal, quisiera salir a caminar sola y de hecho lo hago. Cuando regreso, él comienza a pelear, se siente celoso, yo no entiendo lo que le pasa”.

Esta pareja quizás esté pasando por alguna condición psicológica que puede afectar su salud. Lo curioso es que la esposa se siente mejor cuando sale a caminar, en cambio él no encuentra alivio alguno a esa tensión o ansiedad de estar encerrado.

Según lo manifiesta Inés, su esposo se vuelve irritable, no da rienda a sus emociones, no se queja, no quiere reconocer que se siente deprimido y con muchas ganas de llorar. Él no lo hace, pero su esposa lo conoce bien, dice que por su condición de machista no lo hace.

Realmente, él siempre ha sido celoso, violento y poco comunicativo. Él no reconoce sus sentimientos y emociones, ni habla de ellos.

Inés intuye que está frente a un maltratador que acumula sus sensaciones negativas, hasta que explota con un episodio de violencia. No es la primera vez, ella sabe que en cualquier momento pasará y se repetirá ese momento que ella ha vivido varias veces. Teme que sea peor que las veces anteriores, que no pueda zafarse, que la mate.

Ella tiene miedo y por eso sale a caminar, es como un mecanismo de defensa, como si el camino le recordara que es dueña de sí, que puede huir, que se merece algo mejor. Está preocupada y siente miedo al agresor, su marido, ese hombre que juró amar para toda la vida y por sobre todas las cosas. Piensa: él va a cambiar, me lo prometió la última vez luego que me golpeó… es el encierro de la cuarentena, esos celos se le van a pasar.

Los celos son un rasgo que están presentes en casi todos los hombres controladores, posesivos, obsesivos y violentos. En este relato se puede apreciar el peligro que está corriendo Inés, pasando días y días al lado de un hombre agresor. Las mujeres como ellas, deben animarse a buscar ayuda antes que sea tarde.

Por Carmen Hernández
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