PUNTO DE QUIEBRE | Una falsa alarma en El Observatorio

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La calle estaba desértica y ni siquiera perros había cuando se escucharon los primeros gritos dentro de la casa de Don Filomeno. Los que ya se habían despertado a esa hora pegaron la oreja de las paredes para tratar de precisar qué era lo que estaba pasando. Y escucharon las quejas del hombre, gritaba que no aguantaba aquel dolor, pero desistieron de la idea de ir hasta su casa a tratar de ayudar, cuando oyeron que Filomeno se quejaba de que no podía respirar. Una hora después el barrio La Velutini en el barrio El Observatorio del 23 de Enero se llenó de policías y militares, quienes tomaron las entradas y las salidas e impidieron el paso de personas. También llegaron funcionarios del Ministerio de Salud y de Barrio Adentro quienes, enrollados con trajes azules, entraron a la vivienda, les tomaron muestras a todos los integrantes de la casa y al ratico sacaron a Don Filomeno en una camilla. Iba llorando. Se quejaba de que no podía respirar y ya se estaba poniendo morado. Los funcionarios también les realizaron la prueba a casi todos los vecinos y luego se marcharon, pero los militares se quedaron allí. Nadie entra ni sale del barrio hasta nuevo aviso.

El chisme pica y se extiende

Qué vaina, carajo, pobre Filomeno. ¿Viste cómo se estaba poniendo rojo? Y esa gente buscó la peor camisita que tenía para llevarlo al hospital, ese pobre hombre se va a morir de frío esta noche, porque allá no le dan cobija, ni una sabanita. ¡Hay que ver! ¿Y quién le pegaría esa vaina, si ese pobre viejo no sale de ese rancho? Eso fue el negrito del carajo ese que llegó de Colombia el mes pasado. En vez de haberse quedado jodiendo por allá. Tanta mala vida que les dio a la Josefina y al Filomeno. O si no, fue ese que llaman Yastreiker, el hijo de la Veriuska con el negro Meleán, porque ese se la pasaba metido en esa casa, vaya usted a saber dónde carajo recogería ese virus. Ay, Dios Santo, ojalá y no se vaya a morir Filomeno, porque esa gente no tiene pa’ enterralo. Pero también puede ser que la que trajo el virus haya sido la Patricia, que desde que llegó se la pasa metida en esa casa. Yo creo que esa tiene una vaina con el negrito. Esa llegó no hace nadita del Brasil y por allá sí es verdad que la cosa está fea con el virus ese, según dice la televisión. Esa cree que uno es pendejo. Ella y que estaba trabajando en una casa de familia. Yo te aviso, chirulí! Para mí que esa trabajaba era en un prostíbulo, porque eso es lo que ella sabe hacer desde que estaba chiquitica. Bueno, haya sido quien haya sido, lo cierto es que ahora nosotros estamos jodidos y no podemos salir para ningún lado, y con el corazón en la boca ligando que no nos hayan pegado esa vaina a nosotras también, y con el pobre Filomeno está a punto de pasar al páramo.

Los contactos de Patricia

Patricia trabajaba alquilando su cuerpo al mejor postor y además vendía sus besos y sus caricias. Tenía la ventaja, y todo gracias a su esbelto cuerpo, de que sus clientes los seleccionaba ella y ella podía aceptarlos o rechazarlos, lo que no podían hacer sus otras compañeras.

Y tenía esa ventaja porque el dueño del local estaba embelesado con ella y ella lo manejaba a su antojo, además de que le proporcionaba jugosos ingresos. Tenía como punto de honor la no aceptación de borrachos. Los detestaba y solo de pensar que uno de aquellos hombres se le fuese a vomitar en la cama la daba náuseas. No es que fuera el mejor trabajo del mundo, pero ella en lo particular estaba contenta, pues le permitía ganar buen dinero y tenía todo el día disponible para dormir o estudiar, si así lo quisiera, de hecho estaba haciendo dos cursos simultáneos de portugués e inglés. Y fue gracias a este trabajo que tenía que las cosas se le facilitaron cuando, aterrada por la pandemia del coronavirus y como se estaba esparciendo por todos los rincones de Brasil, decidió regresarse para Venezuela. Fueron largas noches sin poder pegar un ojo. No hacía sino llorar y pensar en su hijita de 4 años, a quien había dejado con su mamá. La cosa se le estaba poniendo color de hormiga, pues ya no podía ni siquiera trabajar. Y las cosas se le facilitaron porque tenía infinidad de amigos y conocidos, todos clientes de ella, vinculados con la policía, con el mundo militar, con las mafias y el crimen organizado. Ellos son los que mueven todo, por lo menos en las regiones fronterizas. Lo cierto es que, con escoltas y todo, pasó a Venezuela y allí la contactaron con otro grupo que se encargó de llevarla a Santa Elena de Uairén y una semana después ya estaba llegando al sector La Velutini, del barrio El Observatorio del 23 de Enero.

Devolvieron a Don Filomeno

Los guardias charlaban animadamente en la entrada de la calle, mientras varias mujeres rumiaban dentro de sus casas porque apenas asomaban la nariz en la calle las regañaban. Los únicos que andaban realengos eran los perros del barrio, los cuales no entendían qué es lo que estaba pasando que nadie salía. Primero llegó una ambulancia y luego llegaron dos más. A los parientes de Filomeno les fueron a avisar y temieron lo peor y varios de ellos salieron corriendo hacia la entrada de la calle donde se habían estacionado los recién llegados. No podían creer lo que veían. Allí estaba Filomeno, sonriente, sentado en una camilla. Ese bicho no pudo conmigo, lo vencí, dijo entre risas, mientras era ayudado a bajar. No me vean así, que estoy vivo, no soy un fantasma, ni me vine a despedir de ustedes, Ahora es que hay Filomeno pa’ rato. Luego lo sentaron en una silla de ruedas y lo ayudaron a llegar hasta la casa. Resulta que al llegar al hospital le hicieron dos pruebas más, las cuales salieron negativas y luego determinaron que lo que tenía es que había agarrado una pulmonía, por haberse mojado en la lluvia y no haberse quitado rápido la ropa mojada. Durante toda la noche le pusieron un tratamiento y por la mañana, al ver que había mejorado, lo devolvieron para su casa, no fuese a ser cosa que lo contagiaran de verdad con el coronavirus allí en el hospital. Los médicos explicaron que la prueba rápida no es 100 % fiable y que, por eso es que buscan una segunda confirmación con la PCR, que sí es más segura.

Y menos mal que devolvieron a Filomeno al barrio, porque la cosa comenzaba a ponerse peliaguda. La noche anterior intentaron quemarles la casa. A eso de la medianoche, uno de los hijos de Filomeno sintió un olor a quemado y cuando fue a averiguar vio que la puerta de la entrada se estaba quemando y la apagó y luego salió con una pistola, no vio a nadie y echó varios tiros al aire, como mandándoles un mensaje a quienes intentaron quemarlos en la vivienda. Y después se acordó que los guardias nacionales estaban en el barrio y se metió de nuevo para su casa calladito. Al poco rato vio cuando pasaron no menos de seis militares, todos fusiles en mano.

WILMER POLEO ZERPA / CIUDAD CCS
 

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