Se fue el actor siempre sonriente y bonachón

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No era negrito pero era fullero y le gustaba bastante la guachafita. Así era el actor marabino Daniel Alvarado, quien tenía un humor genuino como pocos y se ganaba rápidamente a la gente con esa chispa y risa contagiante. Pero, inesperadamente, este hombre tan saludable, querido por todos, perdió la vida este miércoles 8 de julio por un accidente doméstico en su residencia de Caracas.

Gran pesar ha dejado su partida, pues quienes lo conocían han señalado durante tantos años que se trataba de un hombre de buenos sentimientos, noble, sensible, humilde, bonachón, además de mostrar siempre alegría con sus ocurrencias jocosas y divertidas.

¡Maracucho tenía que ser!, dirían algunos.

A los ocho año ya cantaba y un año después estaba en las lides de la actuación. A los 12 interpretaba canciones, pero no en tarimas ni escenarios pomposos sino en burdeles, porque así podía continuar con sus estudios y, además, ayudaba económicamente a su madre y hermano.

“No canto más. Yo cantaba para sobrevivir. Cantaba en bares de prostitutas… Quien hable mal de las mujeres me va a irritar mucho y menos me hablen mal de esas mujeres”, dijo en una ocasión Daniel Alvarado en una entrevista que le hizo César Miguel Rondón. Y es que ellas fueron quienes lo salvaron en varias ocasiones, sobre todo en una redada que hizo la policía cuando intentaron llevárselo: 10 de esas damas no lo permitieron, se subieron a la perrera para que también las llevaran presas y tuvieron que dejarlos libres a todos.

Gaitas, merengue, salsa y bolero

Daniel estudió con el músico Elvin Portillo, en El Catatumbo, y ambos formaron el grupo Estrellas del Lago, pero fue en 1965 que se dieron a conocer, cuando contaban con 16 años de edad, al formar parte de Los Tropicales del Éxito. Allí Alvarado impactó, en 1969, al interpretar el tema La sapaguapa, que estuvo en los primeros lugares de la radio. Para él fue una experiencia inolvidable, pues se trataba de una agrupación que siempre consideró innovadora y en la que interpretaban gaitas tradicionales.

En los 70 ya estaba en la banda Juventud de Aranza, con la que ganó el concurso de Ondas del Lago por ser la voz de la canción El Esequibo.

Luego vendrían Los Cardenales del Éxito, con el que popularizó hasta ahora el exitoso y pegajoso tema El Negrito Fullero, y después estuvo un año en la banda Los Melódicos.

En 1973 cantó con Los Caracuchos, y sería en 1975 cuando armó su grupo Daniel Alvarado y Los Fulleros, con el que interpretó Homenaje a Genaro Herrera, y después de 34 años interpretando gaitas, boleros, salsa y hasta merengue, se retiró definitivamente del canto.

Su pasión fue la actuación

Se dice que la mitad de las películas venezolanas las ha protagonizado Daniel Alvarado.

Con poco más de 60 años en estas lides, Alvarado contaba entre risas que una de sus travesuras era que en bachillerato no presentaba las pruebas de las materias que tanto evadía (física, química y matemáticas), pero los profesores le pasaban la materia por ser actor.

Entre más de 90 telenovelas en las que participó están Un Demonio con Ángel, Niña Bonita, Alba Marina, La Revancha, Bellísima, Doña Perfecta, Peligrosa, Rosangélica, Pecado de Amor, El Perdón de los Pecados, Samantha, Guerra de Mujeres, Mambo y Canela, Calle luna, calle sol, Mi gorda bella y La virgen de la calle.

Uno de los personajes más recordados es el de Mauricio Lofiego, en La dueña, junto a Amanda Gutiérrez.

En el cine criollo, muchos lo recuerdan por su actuación en Desnudo con naranjas, así como en De mujer a mujer, La Gata Borracha, Macu, Disparen a matar, Con el corazón en la mano, Río Negro y Wayuu: La niña de Maracaibo, por nombrar algunas.

Alvarado consideraba que cantar y actuar eran un vicio para él y hasta confesó que le daba gran timidez cuando sus fans le solicitaban fotos y autógrafos.

Audaz en el amor para todos

A sus 70 años no se le quitaba el acento maracucho, aunque decía con orgullo que eso no se le notaba en sus actuaciones.

En la entrevista con Rondón dijo que se consideraba una persona firme y siempre esperó tener mucha vida para ver a sus hijos crecer.

Tuvo tres matrimonios, dos de ellos con las actrices Carmen Julia Álvarez y Emma Rabbe.

Tuvo siete hijos, uno murió el año pasado y dos pertenecen a la vida pública: Daniela Alvarado y Carlos Daniel Alvarado.

Ella, su única hija, le dedicó un emotivo escrito en Instagram el día del padre, sin saber que pronto él partiría de esta vida: “A mi papá le he visto reír, reír hasta las lágrimas (…)

A mi papá le he visto cocinar, plantar frutas y vegetales, tocar cuatro, cantar y bailar, a mi papá le encanta bailar. A mi papá le gusta aplaudir y llamar la atención, le gusta comer, besar y abrazar hasta asfixiar. A mi papá le veo caminar un poco más lento y aún sigue igual de testarudo y replicón. A mi papá le admiro, le respeto y le amo como cuando era niña pero desde mi madurez (…) A mi papá pocas veces lo he visto llorar, no me gusta verlo llorar. A mi papá lo he visto perder, perderse, ganar y levantarse… A mi papá le debo mi corazón, porque su nobleza e inocencia, también son las mías…”.

En fin, Daniel Alvarado era un “zuliano rajao”, como dice la canción, y con tendencia de parrandero. Como dijo su familia: el cielo se llenó de gaita, de arte y de sentir zuliano.

Rocío Cazal
rociocazal@gmail.com