Vidal Atencio

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Como en una premonición onírica, me soñaba siendo director de una serie para TV, y lo nombré en el rodaje sobre la vida y muerte de Felipe Pirela, cuando escuchaba a mi productor proponiendo a un actor para hacer de cura en la misa de cuerpo presente, en la Basílica de La Chinita. “No chico, ¿cómo vais a desperdiciar a ese actorazo para una sola salida? … ¡Busquen al Padre Vidal!”… Me desperté en las letanías “Dale Señor el descanso eterno y brille para él la luz perpetua”… y seguí soñando despierto.

En la mañana, supe la triste noticia de la muerte del amigo Vidal, en el sentido recuerdo de mi hermano Darvin Romero Montiel: “Fui testigo de excepción de algunas de sus locuras… como aquella de meterse en el centro del fascismo cruceño en Bolivia, donde casi lo matan… no por reconocerlo sino por su inocultable fenotipo indio. O aquella de quitarse la sotana en un restaurante de Las Mercedes en Caracas y exponer una franela con la estampa del Che… en plena época de guarimbas y en territorio guarimbero… Ese era el Padre Vidal: el sacerdote sin poses de ungido, el periodista, el chavista, el camarada Vidal. Volá alto hermano”.

La última vez que hablé con el Padre Vidal fue en la última noche del novenario de Cheo y La Chicha, luego de aquella hermosa misa en la iglesia Las Mercedes de la avenida Bellavista de Maracaibo. Cuando subí al altar a felicitarlo por tan bellas palabras me mamó gallo: “No podéis entrar a una iglesia porque se caen los muebles”. En referencia a un reclinatorio que se cayó cuando entré al recinto de la fe. Me voy de cierre con el poema de mi otro hermano Choncho Finol:

“Te despido con el idioma de mi pueblo añú,
Aka iima ti mou (tenemos tiempos malos)
Ayaawa Yoúgheyeen (peleamos contra la gran serpiente)
Ayaawa oú-dagá (luchamos contra la muerte)
Ayaawa kayingh (enfrentamos la oscuridad)
Shikï we (somos fuego)
Mïkaïña we (somos humo)”.
“Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis”.