EstoyAlmado | Los nuevos lectores digitales

Manuel Palma

0

Leer en voz alta las sílabas de la ma hasta la mu frente a una “multitud” de 15 niños, con maestra cascarrabias incluida, era un acto terrorífico en mi salón de clase.

Era la prueba crucial para saber si ya no eras un niño sólo de vocales. Eran los pininos de la comprensión lectora elemental. Un examen enmascarado muchas veces de acto lúdico para dominar el clásico Mi Jardín.

Superada esa etapa, sin Internet y con pocos libros a la vista, la comprensión lectora se podía ejercitar a trompicones con recursos alternativos. Valían crucigramas usados, el periódico provinciano con su eterna apuesta por los sucesos, hojas sueltas de una Gaceta Hípica abandonada o novelas vaqueras de bolsillo, siempre huérfanas en un rincón de la casa.

Ahora el panorama cambió. En estas dos primeras décadas del siglo XXI se habla de la lectura móvil. Una opción que según la Unesco se sustenta en 6.000 millones de personas que tienen acceso a teléfonos celulares.

La fórmula del organismo mundial es sencillita: mientras más aparaticos se usen en el planeta, se estima un mayor acceso a la información digital. Y, por tanto, emergería una suerte de generación de “lectores digitales”.

No tengo claro si funcione ese experimento. Y no me refiero a leer más o menos, eso es otra cosa. Hoy, muchos se consideran lectores sólo con revisar un hilo en Twitter, la nueva trifulca en el grupo wasap del condominio o las historias más polémicas en Facebook e Instagram.

De hecho, a la luz de las redes sociales todos somos ávidos lectores. Expertos en temas que duran uno o dos días, como mucho. Somos mares de conocimientos efímeros que se diluyen con lo viral del día siguiente o las expresiones más grandilocuentes de politiqueros de pacotilla.

Hasta ahí todo bien.

Yo hablo más bien de cómo leemos en Internet. Cómo nuestro cerebro procesa la información. Si aún la comprensión lectora es igual al proceso iniciado en el siglo anterior con Mi Jardín.

La neurocientífica Maryanne Wolf cree que no. En su libro Lector, vuelve a casa, culpa a Internet de que los lectores (nuevos y viejos) estén perdiendo la “paciencia cognitiva”.

Según ella, esa impaciencia impide tener mejor comprensión lectora. Porque nos desconcentramos con facilidad por la multifuncionalidad de aplicaciones y redes sociales instaladas en nuestros dispositivos.

Con ese nuevo hábito corremos el riesgo -insiste la científica- de “atrofiar” la zona cerebral que ayuda a tener una comprensión más amplia del mundo. Si se cumple ese presagio, estaremos condenados a ser más masa de lo que somos, sin esperanza alguna.

La tesis de Wolf es refrendada por el influyente escritor Nicholas Carr, quien ha alertado que la nueva era digital nos está cambiando el cerebro.

¿Cómo está ocurriendo eso? Cada vez que leemos en Internet estamos acostumbrando a nuestra mente a desaprender la comprensión lectora tradicional. Esa que privilegia el pensamiento reflexivo y la resolución de problemas complejos.

Al parecer, estamos en un proceso, unos más avanzados que otros, de adoptar la nueva lectura web. Se basa en que nuestra mirada dibuja un patrón en forma de F cuando leemos en Internet.

Con esa forma de leer en patrón F, propugnada por el danés Jakob Nielsen, la nueva generación aprende a desarrollar el hábito de escanear más que comprender lo que lee en Internet. El método, más que innovador es preocupante. A ese paso, en el futuro habrá más ‘escaneadores digitales’ que verdaderos lectores.

¿Algo más sobre el patrón F? Es amado por ‘nativos digitales’, jóvenes entre 15 y 25 años. También está siendo aceptado paulatinamente por otros grupos etarios (más de 40 y 50 años) porque es lo “moderno”. Imagínense: oponerse a eso les condenaría a pertenecer a la era de los papiros.

Otro dato interesante sobre estos nuevos lectores es cómo procesan la información. Se cree que hay que escribirles entreteniéndolos. No con el ritmo de las palabras, ni el poder persuasivo de la narrativa. Se hace combinando el textos con emojis, infografías, un tuit o cualquier recurso multimedia intercalado cada tres párrafos. Según, eso les ayude a no a desconcentrarse con el nuevo estado wasap de la vecina o los likes más recientes de su cuenta en Facebook.

Mientras esta nueva forma de lectura avanza, yo le enseño a mi hija de preescolar a la vieja usanza: con el librito Mi Jardín. Confieso que resisto estoicamente, a pesar de que el celular siempre me tienta, a enseñarle a través del Mono Sílabo de YouTube.

Manuel Palma |@mpalmac