PUNTO Y SEGUIMOS | La Cuarta se maquilla con filtros de Instagram

Mariel Carrillo

0

La Quinta está dura, indudablemente. La anormalidad absoluta de la economía nacional, el bloqueo, la corrupción, la pandemia y tantos etcéteras a los que resistimos estoicamente, configuran una realidad compleja que insistimos en seguir transformando. Inventando y errando, creyendo en el poder popular.

La contraparte también se ha esforzado 20 años en “cambiar” el presente. Claro que ese cambio sería más bien un retroceso. La oposición, tan falta de proyecto y de valores, ha vendido hasta a su madre (¿cierto, Guaidó?) con tal de poder volver a ser lo que eran: los gobernantes de este país. Como la Margot de Roberto Malaver, lloran a moco tendido esperando que Trump o el covid 19 acaben con la plaga chavista que les puso la vida triste, ya que ellos no pueden solos.

Eso es lo que hay. Aún así: ¿no les preocupa ese tufillo melancólico por la “Venezuela de antes” que se expresa desde una franja etaria que ni aún vivió la Cuarta?

Basta fijarse en las redes sociales y mirar las cuentas de los “influencers” nacionales. Desde un supuesto humor que suele ser chabacano y vacuo, se pretende “relanzar” ese sentir patriótico adequísimo que más que por querer la patria, pasa por sentir la necesidad de que esa patria vuelva a ser el paraíso de los nuevos ricos, los gringos, el Miss Venezuela y el “ta’ barato dame dos”.

Ante la pedagogía maravillosa de Chávez, que reencontró al pueblo con su ser, y con el orgullo por sus raíces, logrando una comprensión amplia de la historia nacional – tan desvirtuada en el bipartidismo – la oposición nada tenía que hacer. Hasta ahora, esa barrera defensiva no ha podido ser rota, y es uno de los bastiones de la Revolución. Sin embargo, sin aquella locomotora humeante que enseñaba a través de todos los medios posibles, la lucha en ese frente ha perdido ímpetu.

En este 2020 de cuarentena, las redes sociales y plataformas digitales ocupan mucho tiempo y espacio en la cotidianidad humana. Generan contenidos, negocios, posicionan matrices de opinión y básicamente juegan un rol vital en la construcción de lo que Gramsci llamó la hegemonía cultural. Y en este sentido vemos como la derecha ha logrado llegar a grupos a los que hace pocos años no tenía tanto acceso.

Lo han hecho adaptándose a los nuevos tiempos y tecnologías. Apelando a la creación de “referentes virtuales” que, a través del “humor”, van reflotando la estética cuartorepublicana como ideal de un pasado de gloria pre chavista. El público, en su mayoría joven y poco formado, responde positivamente a esas publicaciones disfrazadas de gracias, pero llenas de racismo, clasismo, servilismo y un profundo desprecio por el ser nacional.

La penetración ha sido tal, que no es raro encontrarse con “me gusta” de compañeros nuestros en este tipo de perfiles y publicaciones. Si desde nuestra propia trinchera no somos capaces de identificar el fondo de estas acciones, y nos quedamos en la comodidad del trabajo que hizo Chávez, la tarea estará perdida. La comunicación y la cultura son espacios de cambio y adaptación constantes. Hay que hablarle a la gente en formas que le lleguen. Sin perder calidad en los contenidos y sobre todo, sin perder el objetivo, que es la construcción de esta nueva república en la que podamos ser libres y quepamos todos.

Decimos siempre que no volverán, pero sabemos bien que ciertos modos adecos de vivir están muy marcados en nuestra sociedad. Si les abrimos una rendija, así sea por Instagram, van a entrar. Seamos creativos en la forma de cerrar esos pasos.

Mariel Carrillo

Punto y seguimos | Mariel Carrillo es periodista, fue coordinadora de comunicación y cultura en la embajada de Venezuela en Ecuador
Concierto de Voces en Ciudad Caracas