Laura Nazoa: Caracas hizo suyo a Aquiles y lo celebró en grande

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Geógrafa, editora, irreverente y solidaria, y claro, con mucho sentido del humor. Asume retos y gana premios.

— La página de Aquiles Nazoa que coordinaste en  Ciudad CCS acaba de ganar el premio de comunicación Aníbal Nazoa, ¿No hay como muchos Nazoa en ese premio?

— …y podría haber más, porque la verdad es que en la familia somos muchos y muchas quienes celebramos esos 100 años de Aquiles, que es en definitiva lo que nos junta en el premio. Pero además de los Nazoa, también hay en ese premio mucho trabajo y mucho cariño. Ciudad Caracas hizo suyo a Aquiles y semana a semana, durante más de siete meses, se lo entregó a su ciudad y al país en una fiesta que lo celebró en grande y celebró en él a Caracas. Porque en realidad La Página de Aquiles fue un espacio que nos sirvió para canalizar la alegría por el centenario de su nacimiento y refrescar su obra. El equipo que participó, incluyéndonos a la ilustradora Clementina Cortés y a mí, lo hicimos todas y todos como un conjunto de lectores y admiradores suyos, donde mi condición de coordinadora fue bastante más útil y práctica que la de sobrina. Sobre el nombre del premio, hubo un cronista y articulista que hizo tanto y tan bien hecho en el periodismo de este país, que su memoria mereció que ese premiazo lleve su nombre. Que ese sea mi papá es otro asunto. Así que aunque a primera vista pueda parecer nepotismo, se trata de tres reconocimientos distintos.

— En una nota decías que Caracas es de la familia Nazoa, ¿sigue siendo Caracas de los Nazoa?

— Eso es solamente un pedacito de lo que dije. Dije que Caracas es de la familia Nazoa, no porque seamos amos del valle y propietarios de espacios y edificios, no. Caracas nos pertenece porque su belleza nos enamora, porque alberga nuestra memoria, porque nos duele cuando la hieren, porque nos abriga con su naturaleza descomunal y porque palpitamos con su pulso. Es una idea de la propiedad que nos enseñó Aquiles, y como él dice, es la propiedad que ejercemos sobre las cosas los que nada tenemos. Una propiedad que no solo nadie podrá quitarnos, sino que nos permite decir soberanamente “esta es mi ciudad, esta es mi patria”. En lo personal, y más allá de la familia, La Página de Aquiles, por cierto, alimentó en mí esa noción de “propiedad” sobre Caracas que, de la mano de Aquiles, se hace más encantadora, más generosa, más honda.

— Contaste que Aquiles te hizo el encargo de que en vez de poner una placa en su casa, pusieran un loro que dijera: “Aquí nació Aquiles Nazoa”. ¿Por qué no has cumplido con el encargo?

— El encargo que me hizo Aquiles en realidad fue, por una parte, garantizarle que él seguiría haciéndonos reír con eso cuando ya no estuviera aquí y, por la otra, que fuera su vocera para confirmar lo poco que le importaba el asunto de poner una placa en la casa donde él nació. Esa tarea la he hecho impecablemente. Cada vez que me hablan de la placa, de inmediato exijo el loro y, aunque me miran como quien mira a un loco, siento la gran satisfacción del deber cumplido. Ahí está la casa, sin placa y sin loro, pero si alguien se ofrece para ponerlo y enseñarlo a decir “aquí nació Aquiles”, será más que bienvenido, a Aquiles le encantaría.

— Hija de Aníbal y sobrina de Aquiles, ¿cómo hacer con  todo ese talento humorístico?

— Pues usarlo para lo que es, reírme. Y si a Aníbal y Aquiles le sumas el resto de la familia, ese talento humorístico, como tú lo llamas, termina siendo un modo de andar por la vida, de relacionarse, de ver el mundo. En realidad, todo ese talento es muy fácil de llevar, no pesa nada, por el contrario, aligera las cargas.

— Y Aquiles cumplió 100 años el 17 de mayo, y habían prometido llevarlo al Panteón Nacional, ¿qué pasó?

— Eso te lo pregunto yo a ti. Sé que hubo una discusión a la que yo me acerqué solamente como espectadora por aquello de que “los reconocimientos no se reclaman”. Entre quienes, igual que tú, admiran a Aquiles, vi que en algún momento se levantó un revuelo por llevarlo al Panteón Nacional. Sin embargo, al revuelo lo siguió un silencio de las mismas dimensiones y no sé qué pasó. Tarea pendiente. De todas formas, Aquiles desde hace muchos años tiene un lugar especial en el más entrañable de los panteones, que es el corazón del pueblo de Venezuela.
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Retrato Hablado 

“Estoy ciego, pero perder la vista hizo que todos mis otros sentidos volvieran a la vida. Han venido al rescate. Mi memoria ha mejorado, recuerdo más cosas que antes con gran lucidez, y todavía escribo”. Así declaró en 1917, el escritor de novelas policiales, Andrea Camilleri. También fue director de cine y guionista. Y además, fue un fiel comunista. Fue con la creación del comisario Salvo Montalbano –el Montalbano fue en homenaje al escritor español Manuel Vásquez Montalbán–, como el escritor comenzó a ser famoso en el mundo. El comisario apareció en la primera novela La forma del agua, en 1994, y fue llevada al cine. A partir de allí, ese comisario Montalbano comenzó a hacer sus investigaciones en el pueblo de Vigáta, un pueblo imaginario, pero que todos suponen que quedaba en Sicilia, lugar donde nació el escritor el 6 de septiembre de 1925. Montalbano apareció en 24 novelas y 10 relatos cortos. Y hay una novela que el escritor dejó bajó llave, Riccardino, que sería publicada después de su muerte. En el 2008 ganó el Premio Internacional de Novela Negra RBA, con su novela La muerte de Amalia Sacerdote. Murió un día como hoy 17 de julio de 2019, a los 93 años, en Roma.
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El Viernes de Lira 

Ciudad CCS / Roberto Malaver