LA ARAÑA FEMINISTA | Violencia Impune

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La violencia sexual, históricamente, fue invisibilizada
como “daños colaterales” o sea, hechos
inevitables propios de las relaciones naturales de
poder entre machos y hembras existentes en el
reino animal. Valga el
aplauso para Darwin y su
misógina y colonial Teoría
de la Evolución.
Con la Convención de
Ginebra las violencias sexuales dejan de ser daños
colaterales para ser consideradas crímenes de
honor en contra de las familias. Lo que se juzgaba
ante tal violencia ya no sería la teoría del más
fuerte y el instinto productor/reproductor, sino los
principios filosóficos del bien y el mal propios de la
razón de las élites en cuanto a lo femenino y lo
masculino. O sea, era evitable y estaba prohibida
en tanto las víctimas estuvieran casadas o fueran
de moral acorde a la ética social.
Con el nacimiento de los Estatutos de Roma la
violencia sexual pasa a constituir un crimen hacia
las víctimas, evitable y punible que atenta en
contra de toda la humanidad. Se entiende entonces
que la misma fractura el tejido social deja huellas
muy profundas, tanto en las víctimas directas
como en las sociedades que habitan; ocasiona
graves problemáticas a la salud pública y castra
psicológicamente a generaciones enteras posibilitando
la violencia social.
Las sobrevivientes de violencia sexual viven en
carne propia el horror de los conflictos armados.
Las heridas de las violencias sobre sus cuerpos,
considerados disponibles y comunes, relatan la
perversidad de un sistema misógino, racista y
clasista que mira los cuerpos de mujeres, niñas y
otros feminizados, como objetos donde depositar
la ira, la venganza y el poder demandado desde la
hiper-masculinidad que se alienta en el marco de
conflictos bélicos y/o políticos. Quebrar, castrar,
exterminar y desplazar desde el uso de la violencia
sexual como arma guerra. Detrás de la violencia
social lo que subyace es la violencia por motivos de
género y sexo, etnia y clase.
El 19 de junio de 2015 la Asamblea General de las
Naciones Unidas adoptó una resolución que lo
declara como Día Internacional para la eliminación
de la violencia sexual en los conflictos armados, sin
embargo miles de mujeres, niñas, niños siguen
siendo testigos de que el infierno existe en la
propia tierra; y que Lucifer tiene muchos aliados y
muchas aliadas incluso dentro de la misma ONU.
«La violencia sexual es una amenaza al derecho
de todas las personas a una vida digna y a la paz y la
seguridad colectivas de la humanidad», dijo António
Guterres, Secretario General de las Naciones
Unidas, Nueva York, el 19 de marzo de 2017. Habría
que preguntar a los Estados miembros de la ONU si
las niñas y mujeres indígenas en Colombia son
sujetas de derecho de los instrumentos que han
creado, suscrito y ratificado.
¡Ni olvido, ni perdón! Justicia para las mujeres,
niñas y niños sobrevivientes del conflicto armado
en Colombia. ¡Justicia para las niñas de las
comunidades indígenas de Embera y nukak makú!

POR GABRIELA BARRADA