AHORA LOS PUEBLOS | Bolívar y Chávez: Epicentro de la disputa simbólica

Anabel Díaz Aché

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El pasado 21 de julio, a escasos días de cumplirse 237 años de su natalicio, fue vandalizada la estatua ecuestre del Libertador Simón Bolívar en Madrid, por seguidores del partido ultraderechista VOX. Que a 190 años de su muerte continúe firme como ejemplo de todo lo que la ultraderecha española aspira a destruir; es sin duda el mejor de los homenajes.

Este acto de violencia simbólica, busca agredir a Venezuela y a los pueblos bolivarianos, en medio de la confrontación mundial por la hegemonía, “…las luchas de poder son confrontaciones simbólicas, porque el símbolo expresa todo el acumulado social, histórico y subjetivo que un pueblo puede representar, de ahí su poder innegable.” [1]

Bolívar constituye un símbolo poderoso para Venezuela, es lo que los antropólogos denominan un héroe cultural, entendido como la persona que encarna las máximas cualidades a las que un miembro de la comunidad puede aspirar. “Los héroes culturales, ocupan un papel fundamental en la construcción de las identidades colectivas, de los pueblos sudamericanos”. [2]

El Libertador fraguó su liderazgo histórico desde 1813 con las batallas de Cúcuta, Taguanes, Araure, La Puerta, Pantano de Vargas, Carabobo, Boyacá, Bomboná, Pichincha, Junín y Ayacucho; se consagró como el autor de la derrota y expulsión definitiva del imperio español de las tierras suramericanas. Y para su gloria, se elevó como estadista cuando en sus escritos plasmó la autoría intelectual de un nuevo orden, que aspiraba darle a los pueblos liberados, “la mayor suma de felicidad posible”.

Bolívar, con su liderazgo, logró colocar a pueblos que se encontraban bajo la dominación política-económica y la inferioridad social-ideológica propias de la colonialidad, en la cúspide de la gloria de saberse libertadores, hacedores de repúblicas y dignos merecedores de patria, libertad y justicia social.

Legándoles una nueva identidad, donde su impronta quedó marcada como Padre de la Patria, recreando el mito fundador de la comunidad, que se refleja en el culto a nuestros antepasados, “…el sujeto colectivo debe reconstruir su identidad incesantemente, en la proporción, la oportunidad y la medida de los desafíos que se le plantean”. [3]

No tardaron en reaccionar las oligarquías colombo-venezolanas, fraguando la traición, expulsión, muerte y disolución de la República de Colombia. “El mismo Páez… que intenta confiscar los bienes de Bolívar, le difama en la prensa, prohíbe la entrada a Venezuela, y le declara enemigo público de la nación”.[4] Debe ceder ante la presión popular y repatriar sus restos doce años después de su muerte.

La figura de Bolívar pasa del culto meramente histórico y se convierte en símbolo que da sentido e integra la identidad colectiva, como idea-movilizadora, que bajo las banderas de Zamora, retoma las armas en búsqueda de las demandas frustradas de tierra y libertad, que vuelven a ser traicionadas.

Ante la imposibilidad de invisibilizar a Bolívar, para 1876 las oligarquías pasan entonces a apropiarse del símbolo. Resignificándolo, lo despojan de su espíritu libertario; no sin antes trasladar la “culpa de la traición” al pueblo.

Asume el pueblo la cruz, en la tradición judeo-cristiana, sintiéndose poco merecedor de tan noble padre. “La Nación que hoy es Venezuela debió redefinir su identidad en varias circunstancias críticas, y en casi todas ellas sectores dominantes foráneos o internos impusieron al venezolano una autoimagen negativa”. [5]

Con la insurrección militar de 1992, insurge la figura del Comandante Hugo Chávez y coloca la ideología bolivariana, en el centro de la disputa política. Libera al pueblo de la culpa por la traición y responsabiliza a las oligarquías por la destrucción de la obra de Bolívar. Al arrebatarles el símbolo, que como idea-movilizadora andaba por Latinoamérica, Chávez reconstruye la identidad colectiva y la vuelve encauzar en el sentido histórico.

Es así como el Chavismo, como corriente política, se concibe “como el componente que articula y da consistencia a los movimientos sociales” [6], que responden a una lógica antihegemónica, antimperialista, socialista y profundamente bolivariana.

Anabel Díaz Aché


[1] Campo, A.Lorena (2008), Diccionario Básico de Antropología, Editorial Abya-Yala, Universidad Saleciana, Quito.
[2] Barabas, Alicia y Bartolomé, Miguel (2019), Héroes culturales e identidades étnicas: la tradición mesiánica de mixes y chontales. Centro Oaxaca del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Oaxaca.
[3] y [5] Britto, Luis (2017), El Verdadero Venezolano. Mapa de la Identidad Nacional, Fondo Editorial Fundarte y Monte Ávila Editores, Caracas.
[4] Linares, José (2018), ¡Bolívar Vive!, Fondo Editorial Fundarte y Universidad Nacional Experimental de las Artes, Caracas.
[6] Mercado, Asael y Alejandrina Hernández (2010), El Proceso de Construcción de la Identidad Colectiva. Artículo en la Revista Convergencia vol.17 no.53 Toluca Universidad Autónoma del Estado de México (UNAM), Ciudad de México.