De las exequias arbóreas o de ignorancia crítica

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“Cuando ya no estemos con vida en esta tierra, todavía vivirá nuestro Dios, aunque con el tiempo caerá por el olvido de los nuevos hombres, algunas manos de gente buena le levantará. Él quedará en el alma de todo de quien le conozca. Nuestro dios árbol, el Samán de Güere, nunca morirá…”, evocó la india arawuak, Hirimary, en profético trance acerca del histórico árbol testigo de épicas batallas entre su tribu y los caribes, referencia del paso de Bolívar y sus tropas en plena Campaña Admirable, y fuente de inspiración para juramentos y nuevos modelos políticos.

De eso se habló durante las exequias de los Sauces Llorones de la urbanización Los Chaguaramos, donde varios hijos y nietos del histórico aragüeño pidieron conciencia y no siquitrillar a nadie porque pudiera pagar el más pendejo.

Notoria fue la ausencia del Guayacán de Nueva Esparta. No pudo viajar debido a la cuarentena radical. Inconsolable resultó el lagrimear de savia del Roble de Sucre, la Uva de Playa de La Guaira, el Guatamare de Anzoátegui, el zuliano Cocotero, el mirandino Roso Blanco, el deltano Mangle Rojo y el falconiano Cují. Si sigue la tala, pronto faltarán sombras y oxígeno, advirtieron las Palmas Llaneras y Moriche, que junto al Merecure llegaron acalorados desde los Llanos.

Se presume el desasosiego de las hijas de Zeus y Eurínome, Talia, Aglaya y Eufrósine, que en la mitología griega representan la comedia, la inteligencia y la alegría, Las Tres Gracias, fieles acompañantes de los Sauces en el complejo arquitectónico que es Patrimonio Cultural de la Humanidad… Lástima que las deidades del panteón griego no amellaron la sierra que cometió el ecocidio, lamentó un frondoso Bucare procedente de los Andes.

Talas impunes

¿Qué nos espera a nosotros?, dudó el impresionado Eucalipto, introducido en el país con fines comerciales.

Deberías tener más cuidado, alertó el Araguaney, cuya aflicción no parecía tal, debido al follaje amarillo intenso que lo distingue, en presencia y en significado, desde el 29 de mayo de 1948, cuando fue nombrado Árbol Nacional.

Tienes fama de peligroso por quebradizo y tu insaciable sed que afecta las fuentes hidrológicas. ¿Será por eso que los guarimberos te prefieren?, preguntó la Sarrapia, llegada de Bolívar.

Talar es muy grave, porque en promedio una persona necesita cerca de 22 árboles para respirar. Además, cuando un ejemplar es derribado, se destruye el ecosistema de aves e insectos que viven en torno a él, indicó el sabio amazonense Caucho, cuya hoja servía de ornato en las coronas de ambientación.

Pero las abuelitas nos usan en sus brebajes para amainar afecciones respiratorias, azúcar y colesterol en sangre. Y cuando la industria une mis fibras cortas con las largas del Pino tachirense, sale un papel sanitario de calidad. Dijo el ocurrente Eucalipto, mientras que su socio prometió generar una alergia a los taladores en sus partes nobles (risas). Nunca falta un chistoso en los velorios para amainar el dolor ante las irreparables pérdidas.

Unas rosas, desprendidas de otras coronas, leyeron un tuit de 2017 sobre 850 árboles talados en Lara, y más de 5.000 en Maracaibo el año pasado. Los agresores se justificaron: “Para mejorar el país, tampoco es que estamos dañando todos los árboles”.

Desde Araure llegaron auspiciados por César González –Gonzalito, el hombre árbol–, los escapistas de la Operación Motosierra que arrasó con más de 50 árboles de diversas especies, en plena resaca de Año Nuevo y Reyes Magos 2020. Lo confirmaron la Caoba, unos Carocaros oreja de elefante, Júcaros cubanos, la común Acacia y un noble Samán.

Se violaron los artículos 127, 128 y 129 de la Constitución (CRBV) y el objetivo central del acuerdo de París contra el cambio climático, del que Venezuela forma parte.

Raro velorio

Vestido de Nazareno ­–como cantó Alí Primera– el Apamate cojedeño se percató de que no había cuerpos del delito. Dicen que, a partir de un retoño, están tratando de revivir a dos de los tres talados. No hay autopsia ni informes. Solo tristeza e incertidumbre.

En la Fundación, en Catia, hay unos residentes que quieren matar a mis blancos primos porque previo a florear “botan mucha basurita”… incongruencias humanas, le dijo al ácido Limonero, muy solicitado en estos aciagos días.

El Semeruco guaro pidió respetar el distanciamiento social. Nos puede agarrar el bicho ese que anda suelto por ahí por desacato y necios argumentos. “¿Cuál virus? Nos confinan porque no hay gasolina”… y otras subnormalidades similares.

…¡Qué barbaridad!, expuso con voz muy aplomada un Cedro que llegó de Barinas a la hora del Rosario. Reaccionaron los limpiadores ambientales, que regalan oxígeno al transformar el dióxido de carbono a través de la fotosíntesis: solo se quitaron el tapabocas pa’l café y las galleticas, que forman parte de estas tradiciones a pesar de la crisis.

Por estar en peligro de extinción se mostraron preocupados el carabobeño Camoruco, Lluvia de Oro, Cotoperiz, Tamarindo, Dividive, Roble y Flor Amarilla, que, sumados al resto, contrarrestan la erosión, el efecto invernadero y proveen de frutas y medicinas.

Mosca con San Francisco

Por favor, el reino vegetal pide que nadie se equivoque con la Ceiba de San Francisco, porque el santo ecológico meterá mano, es un patrimonio de la historia y un colirio para los caraqueños… ¡mosca pues! Y que rediseñen, a conciencia, políticas sobre el Arco Minero. Quizá la tormenta Gonzalo (no Gonzalito) haya sido solo un aviso. Campañas, grupos ecologistas y más amor por lo natural…

Sucede que “todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”, dijo Albert Einstein, quién sabe por qué.

Ciudad Ccs/Luis Martín