Punto de quiebre | Pagaron con su sangre la muerte de dos GNB

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I

La mañana amaneció fría y húmeda, pero no había llovido. La gente caminaba apuradita hacia sus trabajos. La calle estaba desértica y eran muy pocos los autos que a esa hora pasaban por el lugar. Algunos comerciantes ya comenzaban a preparar sus toldos y a acomodar la mercancía que habían comprado en el mayor de Coche. En la parte alta la mayoría dormía. Hubo fiesta toda la noche en la cancha. Todavía al amanecer la música se podía escuchar. Un hombre preparaba un tabaco de marihuana, quizás para aguantar un poco más, porque su jornada aún no terminaba, a su lado había un fusil R15 recostado a una pared. Varios metros más allá había otro hombre que estaba tirado al piso y miraba hacia abajo con unos binoculares. También tenía un fusil. Otros tres conversaban a unos 20 metros. Desde allí se tenía todo el control de la vía principal. Nadie podía entrar o salir del barrio sin que fuese visto por estos ojos armados, que lo controlaban todo.

II

Mataron a dos hombres allá abajo. ¿Y esa vaina? No lo sé. Nadie sabe nada. ¿Y tú eres capaz de venirte sin averiguar bien lo que pasó? Lo único que sé es que se llamaban Jhon Robert y Winkerman Jossefer, y al parecer eran policías. Na guará, con esos nombrecitos, de seguro eran hampa. Sí que hablas pendejeras, tío. Por Dios, sobrino, nadie que tenga esos nombres puede ser un muchacho trabajador o estudiante. ¿Verga, tío, y si son sanos? Si quieres apostamos que son hampas, esa vaina nadie me la quita de la cabeza. No sé…. Allá abajo hubieran dicho, no te digo que alguien dijo que eran policías y por eso es que había todo ese misterio, e incluso más de uno andaba cagao porque dicen que van a ametrallar el barrio completo. Esa vaina era antes, sobrino. Yo recuerdo hace como treinta años, si llegaban a matar a un policía hasta ese día llegaban. Cómo será que en una ocasión le robaron el carro, a punta de pistola, al director de la PTJ, Mauro Yánez Pasarella, quien estaba comiendo en un restaurante con su esposa, y en la maleta del carro tenían un mercado completo que habían hecho y cuando se regó la bola de que habían robado al director de la PTJ, una llamada anónima anunció que el carro estaba en San Agustín y allí lo encontraron, con mercado y todo.

III

Vámonos para la Comandancia que el jefe va a salir para Miraflores dentro de media hora. Deja que yo manejo. Nos vamos por la Cota y bajamos por los Laureles. ¿Para qué montas ese bicho? Uno nunca sabe. Tú siempre con tus vainas. Siempre hay equivocados en el camino, Winker, ¿o es qué tú crees que estos bichitos de aquí de El Cementerio o de la Cota son unos angelitos? No, yo sé que no son ningunos angelitos, pero tampoco es que vamos a subir nosotros dos solos para la parte alta, y esos bichos saben lo que hacen, ellos son duros, pero allá arriba. De todas formas, es mejor prevenir que lamentar. ¿Qué vas a hacer este fin? Nada, won, estoy libre, pero para dónde voy a coger con ese virus del carajo, creo que me sale quedarme en la residencia. Vente para mi casa y compramos aunque sean unas alitas de pollo y nos tomamos una curdita. Sí va, cuenta con esa. ¿Y ese carro ahí atravesado?, cuidado con una vaina. Mosca, marico, esta vaina tiene pinta de emboscada; mosca, acelera, marico, nos están disparando…

IV

Hay un peo allá abajo. ¿Qué pasó? Mataron a dos guardias nacionales. ¿Qué pasó y cómo fue eso? Les metieron metralla. ¿Pero cómo?, ¿un peo? No, iban pasando y los cosieron a balazos y ahí quedaron con sus chalecos y armas y todo. No les quitaron nada ¿Pero quién carajo hizo esa vaina? Nadie sabe, los mataron en la calle Las Luces. Vergación, eso es un mamarro de peo, hay que avisarle rápido a Vampi y al Coqui. Extremen la vigilancia. Activada la alerta roja. Esperen instrucciones. Nosotras mejor nos vamos. Sí, es mejor, muévanse rápido, nos estamos comunicando, activado el plan betabeta. Felipe, Yonaiker, Yastreiker, Cristián, Jhon Jairo; vamos, muévanse, hay que sacar todo de aquí, rápido. Ustedes abran bien los ojos y comuníquense con la gente de abajo a ver cómo está el movimiento.

V

En la sala de la casa están todos. El Coqui estrelló contra la pared una botella de ron. También estaba El Vampi. Hablaba con alguien a través de un teléfono que parece ser satelital. También están Patricio, Rubén, Johever, Michael Jiménez y Elkys Rafael. Eran los cabecillas del primer anillo de seguridad de El Coqui. Quiero un informe ya de qué coño fue lo que pasó allá en Las Luces, y quiero que me traigan a esas brujas que hicieron esta vaina. Todos tienen que entender que aquí no se hace nada, óiganlo bien, nada, que no esté aprobado u ordenado por mí. Y el que lo haga se está comiendo la luz, y todos sabemos aquí cómo se paga eso. Debemos actuar rápido. Vampi, Johever, los encargo de este beta. Quiero que me averigüen bien lo que pasó, cómo pasó, por qué pasó, cuándo. Quiero resultados ya. Antes de una hora debemos tener respuestas, muevan ese culo, vamos, hagan lo que tengan que hacer, hay mucho en juego como para dormirnos en los laureles.

VI

Patricio y Elkis Rafael vieron a través de sus binoculares cuando llegaron los funcionarios del Cicpc y tomaron algunos puntos estratégicos del barrio. Dos camionetas blindadas fueron apostadas en la vía principal, y tras de ellas se parapetaron varios francotiradores del cuerpo policial. Los fusiles apuntaban hacia la parte alta. Otros funcionarios escrutaban las alturas a través de binoculares. Terminadas las experticias pertinentes, los funcionarios cargaron a los dos efectivos de la Guardia Nacional Yhon Robert Silva Soteldo y Winkerman Jossefer Majul Betancourt y los montaron en la furgoneta, que hedía a víctimas pasadas. Luego se supo que los dos efectivos eran escoltas del mayor general Fabio Zavarce Pabón, comandante general de la Guardia Nacional Bolivariana. Ambos se desplazaban en una motocicleta Suzuki Vstrom 650 cuando comenzó a llover sobre ellos numerosos pedazos de plomo, desde varios rincones, así como desde lo alto del cerro.

VII

¿Qué carajo les pasó a ustedes? ¿Cómo se les ocurre matar a esos dos guardias así porque sí? ¿Qué coño estaban pensando, qué es lo que quieren ustedes, que aquí se desate una carnicería y todo lo que hemos construido se venga abajo? ¿Y ustedes no saben que una vaina de ese tipo la tiene que aprobar Coqui? ¿Quién fue el de la idea? ¿Quién es el responsable? Porque no me van a venir con el cuento de que sus robóticos actuaron por su cuenta. ¡Ah!, se quedaron mudos. Ahora ninguno de los dos va a hablar. Vampi y Johever estaban fuera de sí, mientras que aquellos dos hombres temblaban de terror. Estaban seguros de que habían llegado al final de sus días. Los tenían arrodillados en medio de la calle, pero de ninguna de aquellas paredes, puertas o ventanas se oía nada. Y, ciertamente, el final llegó breves segundos después. Los fusiles escupieron hasta el cansancio los trozos de plomo que mordieron las carnes con rabia.

Ciudad Ccs/Wilmer Poleo Zerpa