DATE CON LA CIENCIA | ¿Será que antes todo era normal? (II)

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Toca pensar y vivir de otra manera

Para ver, necesariamente, hay que detener el mundo.
Detener el mundo expresa perfectamente
ciertos estados de conciencia en el curso de los cuales
la realidad de la vida cotidiana es modificada,
y eso sucede precisamente porque la corriente
de interpretaciones, de ordinario continua,
es interrumpida por un conjunto de circunstancias
extrañas a esa corriente
Deleuze y Guattari, en “Mil mesetas”

Afuera sigue el virus. La humanidad sigue encerrada. Mientras se deslizan los días, a nuestro recinto, llega “La cruel pedagogía del virus”.

La lección llega de la mano del sociólogo Boaventura de Sousa Santos. De las mejores reflexiones que hemos leído en tiempos de pandemia. Boaventura es, por excelencia, uno de los pensadores descoloniales que arroja preguntas inquietantes sobre lo que pasa entre la gente.

¿Qué conocimiento proviene de la pandemia de coronavirus? ¿Qué significa la cuarentena para trabajadores que viven al día? ¿Cómo se vive el confinamiento comunitario en espacios de vivienda reducidos donde la privacidad es casi imposible? ¿Podrá lavarse uno las manos con frecuencia cuando la poca agua disponible debe guardarse para beber? ¿Habrá un deseo de pensar en alternativas cuando la alternativa que se busca es la “normalidad” que existía antes de la cuarentena? ¿Se pensará que esta “normalidad” fue la que condujo a la pandemia y llevará a otras en el futuro? Son algunas de las interrogantes en las cuales nos hace arder este escritor.

Algunos advierten que la humanidad, en trance de construir un “cambio”, se desvía de lo esencial tratando de avanzar a una cotidianidad muy parecida a la “vieja”, aunque lleve mascarilla. El investigador Amador Fernández-Savater es uno de ellos. Amador problematiza cómo la gente se siente rara, al ver interrumpida la definición convencional de su realidad social: “No hay ‘normalidad’, ni vieja ni nueva. Lo que hay es un proceso de normalización que consiste en neutralizar todo lo que no encaja, en presentar la norma como el único camino posible”.

Antes de que el mundo se acabe, el cantante puertorriqueño Residente plantea un reto, imponente en su silencio: “No volvamos a la ‘normalidad’, mejor comencemos de nuevo”.

Boaventura lo declara: la pandemia actual no es una situación de crisis opuesta a una situación normal. Lo que vivíamos antes de la pandemia no era normal, aunque estaba normalizado. Con la modernidad, el mundo ha vivido en un estado de crisis permanente, en una situación anormal.

La normalización del sistema de vida de la modernidad capitalista nos ha traído a donde estamos hoy. La cuarentena es la amenaza inminente a la cual estaremos sometidos, desde ahora, si no cambiamos la civilización de muerte. Un modelo civilizatorio cuyo metabolismo está liquidando la vida en el planeta. La pandemia de coronavirus es, apenas, uno de los resultados de nuestra arrogante relación con la naturaleza. Mañana ya no será el SARS-CoV-2, mañana será otro virus u otra tragedia, por cuanto la Tierra ya no tiene capacidad para reciclar los efectos de la gran pena que le ha causado el sistema capitalista normalizado.

Boaventura lo señala, en un gesto de protesta, “si la vida humana continúa destruyendo todas las demás vidas que conforman la Tierra, es de esperar que estas otras vidas se defiendan de la agresión causada por la vida humana y lo hagan de maneras cada vez más letales. En ese caso, el futuro de esta cuarentena será un breve intervalo previo a las cuarentenas futuras”.

Una bomba de tiempo que guarda, en su interior, los sollozos y la opresión de los más explotados por el capitalismo. No es la primera vez que queda demostrado que quienes menos causan daño a la naturaleza son quienes más sufren las pandemias y las imperfecciones del sistema.

No hay científico serio en el planeta que pueda defender los estragos del modelo capitalista. Basta ver lo que sucede en el mundo para convencernos de que debemos cambiar: la acidificación de los océanos, la desaparición de los glaciares, la muerte de las abejas, la desertificación. Son graves trastornos de la vida en el planeta. Boaventura revela un mano a mano básico para dar el giro epistemológico necesario: hay mucha más vida en el planeta que la vida humana. Esta solo representa el 0,01 % de la vida en la Tierra.

“La cuarentena causada por la pandemia es, después de todo, una cuarentena dentro de otra. Superaremos la cuarentena del capitalismo cuando seamos capaces de imaginar el planeta como nuestro hogar común y a la naturaleza como nuestra madre original a quien le debemos amor y respeto. (…) Cuando superemos esa cuarentena, seremos más libres ante las cuarentenas provocadas por las pandemias”.

Este tiempo de confinamiento debe ser un espacio potencial para pensar en la defensa de la vida toda. ¡Ojalá esta pandemia nos congregue, como pueblo, para crear conocimientos dirigidos a salir de la crisis sostenida de la modernidad capitalista!

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto