VITRINA DE NIMIEDADES | Cancelando a Malena

Rosa Pellegrino

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Era censurable, o eso pensaban quienes le rodeaban. A Malena, el personaje de la película del italiano Giuseppe Tornatore, pretendían invisibilizarla en su pueblo de residencia porque… ¡Caramba! ¿Cómo iba a existir una mujer viuda, sensual y pobre en plena II Guerra Mundial? Pero el lamentable destino del personaje interpretado por Mónica Bellucci se replica en la (¿cinematográfica?) realidad.

La cultura de la cancelación, como se conoce al conjunto de acciones destinadas a castigar en redes sociales a quien hace algo considerado reprochable, es común en muchos ámbitos; con consecuencias que se pierden de vista. Hace una semana se reseñaba en medios internacionales la situación de un hombre de origen latino en Estados Unidos, que sólo por hacer con su mano un gesto fue acusado de racista; terminó despedido y sin posibilidad de conseguir un nuevo empleo en lo inmediato.

El responsable de fotografiar y divulgar el infortunado ademán, que se viralizó en redes sociales, terminó arrepentido, porque descubrió que expuso al escarnio a una persona inocente, que tendría ahora más dificultades para mantener a su familia.

Pero ese afán de “cancelar” a la gente no es novedad, ni ha cambiado su patrón. Recuerdo aquellos tiempos de colegio en los que se aplicaba la “Ley del hielo”, destinada a ignorar en masa a aquel compañero que había cometido algún acto repudiable, o esas campañas con escritos en paredes que, sin saber si eran mentira, cumplen aquella máxima de que lo dicho mil veces se convierte en verdad.

Eran cosas que pasaban entre 1980 y 1990 entre los entonces niños y adolescentes millennials; acusados de haber enraizado la cultura de la cancelación como parte de esos hábitos inusuales con los que se pretende etiquetar a esa generación, presentada como un rara avis.

Pero los miembros de esa generación, muchos llegando a los 40 años, no están cometiendo una nueva perversión, para nada. Estamos ante un problema que, quizás, nació con la humanidad: el afán de aplicar justicia bajo la guía de la rabia; la mezcla de la virtud más exigente con la más visceral de las emociones.

Definiciones sobre lo justo sobran, y varias lo describen asociado a la caridad, la prudencia, la piedad, la moral o la razón; cualidades que, como humanos, probablemente no podremos reunir en una sola persona. Así que ya es bastante complejo aplicar justicia como para sumarle ese fogonazo cegador del enojo, ese disparador de las ideas más peligrosas.

¿Qué puede pasar cuando se arroja ese combustible sobre un mundo hiperconectado? Pues, aparecen muchas Malenas en línea sobre las brasas de la ira de quienes, publicando algo por cualquier red, diciendo la verdad o no, quieren sentir que se aplicó castigo severo. ¿Los daños? Prácticamente irreversibles. Vaya tentación nos ofrecen estos tiempos ¿Podremos cancelarla?

Rosa Pellegrino | @relenapg