ASÍ DE SENCILLO | Dar la cara

Maritza Cabello

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Se fue.

Se fue en silencio. Se fue con una gran carga que le comprimía el pecho.

¿Cómo aquel ser que ha amado con tanto entrega ha hecho eso? Se preguntaba atormentado.

Se fue cabizbajo, en puntillas. Sin esperar explicaciones.

Un día, Después de muchos años se encontraron y surgió la duda: ¿Por qué te fuiste? Y la respuesta fue: Por lo que hiciste, lo que pensaste, lo que dijiste a otros.

-¿Qué dije? ¿Qué hice? ¿Qué pensé?

En conclusión, dijo, hizo y pensó lo que él había supuesto.

Tomó una decisión impulsando por lo que él creía, no por lo que hubiese corroborado, conversado, aclarado.

¿Cuántos amores, amigos, seres se pierden por no confrontar, por suponer?

¿Cuántos enredos y dolores se pueden evitar si practicáramos la frontalidad?

Se dice que ser frontal puede resultar doloroso, porque se puede decir lo que el otro tiene miedo de escuchar.

He allí otro factor que nos aleja, el miedo.

El miedo evita la frontalidad.

Así se haya cometido un error, hay que asumirlo y ser frontal. Dar la cara. Superar el miedo.

Preguntar, no suponer y dar por hecho una verdad que sólo está en la mente de uno de los implicados.

Cuentan que a un hombre se le apagó el carro en una carretera solitaria y oscura. En un cerro cercano vio una casita. Entonces, se dispuso a subir para pedir ayuda, pero a medida que se acercaba a la casita, se decía y si me dice que no puede, y si me dice que no puede, y si me dice que no quiere… Así iba por el camino y a cada paso se iba enfureciendo.
Cuando llegó a la casita, tocó la puerta molesto y le apenas abrieron, el dueño del carro gritó e insultó y se fue molesto.

Todo lo había supuesto.

Maritza Cabello