EN PIE DE PAZ | La nueva normalidad

Isaías Rodríguez

0

No es fácil entender esto de la «nueva normalidad». Ciertos grupos de poder se benefician con ella. Es una lectura clasista de lo que está ocurriendo. Los grandes conglomerados económicos ligados a las tecnologías digitales salen favorecidos. La nueva normalidad la venden como «la cuarta revolución industrial», después de la máquina de vapor, la electricidad y la computación. La pandemia expande ciertas actividades comerciales. No todos se perjudican con el cierre de la economía.

El órgano especializado del Sistema de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) promociona la campaña de la nueva normalidad: «Lo que vendrá cuando se haya aplanado la curva epidemiológica del covid-19». Propone reflexionar sobre lo que es normal, sugiriendo que hemos venido aceptando una normalidad que no es la correcta. Nuestra realidad anterior, después del covid-19, ya no puede ser aceptada.

Pero, ¿La hemos aceptado, o se nos ha impuesto? ¿Los desastres y las emergencias deciden lo que es la normalidad? ¿Abren un agujero en el tiempo? ¿Nos hace vislumbrar otros mundos? ¿Talla en verdad una nueva modalidad productiva? ¿Un nuevo relacionamiento social? ¿No será un salto espectacular de la nueva tecnología dominante? ¿Estamos ante un hecho civilizatorio aún no considerado en toda su dimensión? ¿Qué sigue, tomando en cuenta que todo se va digitalizando?

Siendo crudamente realistas, todo indica que quienes marcan el rumbo no son los gobiernos ni, mucho menos, el protagonismo del pueblo ni la participación de los ciudadanos. Las empresas se han encargado de que haya mucha gente que encontró el gusto a trabajar en, o desde la casa, y que no asistan a las oficinas. Los patronos se ahorran el local, los servicios y hasta los equipos. Y los empleados trabajan más por la misma o por una remuneración menor.

El covid-19 nos ha dejado sin palabras. En medio de ese cúmulo infinito de preguntas surge de todo: desde intentos serios y profundos de escudriñar la situación actual hasta las manidas repeticiones del discurso dominante. El coronavirus no ha hecho más que destapar otra pandemia, la de la pobreza. Hoy, igual que ayer, crece en medio de la desigualdad extrema y el desprecio por la vida humana. Un mundo donde las leyes y las políticas económicas se conciben para crear riqueza para los poderosos. Con una fe inmensa y equivocada en el sector privado y un olvido consecuente hacia las mayorías oprimidas.

Es imposible no ver el impacto desproporcionado que el coronavirus tiene entre la gente de pocos o menores recursos. Desencadena la crisis alimentaria y la falta de condiciones higiénicas, la especulación encarece el transporte público, se agravan la salud emocional y las otras enfermedades, aumenta el desempleo, los salarios no alcanzan y la ausencia de solidaridad y la corrupción son parte del asalto urbano y cotidiano.

Isaías Rodríguez