BUZÓN DEL EQUILIBRIO | Sueños y ego

Teresa Ovalles M.

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Año pandémico, agosto 2020

Liquid Mind

Me voy a transportar a mis sueños. Y así vivo otra vida en la que no todas las cosas tienen forma y sentido como cuando estamos en vela, o duermevela. Son guacamayas las que veo. Yo he podido hasta volar. Sueño con lomos de montañas cubiertos de casas blancas, regias, hermosas. Con autopistas y presidiarios debajo de las autopistas. Luego sueño con un hospital, con un laberinto en el que escojo los pisos en los que me quedaré, pero hay muchos heridos. Después hay un río cristalino, un sol brillante. En algunos sueños lloro y veo a mi difunto hermano. Él está muy seguro. Los que no estamos seguros en este planeta somos los humanoides. Vuelvo a soñar con el laberinto. Los sueños más bonitos son los que conducen a ríos cristalinos en los que me baño. También sueño con el mar profundo en el que voy en un barco de pasajeros, grande y sencillo, de listones. Azul y blanco. Nado. Cuando despierto, tengo la sensación de haber soñado todas esas cosas. Cuando intento evocarlos, empieza mi día. A los sueños no los tomo en cuenta porque dicen (a pesar de lo vivido), que son solo sueños. Y no les damos importancia.

El desierto

En mi vida onírica atravesé un desierto. Iba entusiasta, cuando de repente me topé con una barrera. Primero apareció un cementerio de cruces hechas de arena, sólidas y gruesas cruces pequeñas. Luego me adentré en una ventisca de arena que me impidió mirar de frente el camposanto, que se fue borrando debido a la ventisca. Tuve que voltear la mirada. Dejé de ver el cementerio porque las partículas de arena me golpeaban el rostro. Antes, alguien me dijo un secreto al oído. Eran rumores, yo me reí y fue cuando decidí abrirme camino y romper la barrera que me condujo al cementerio de cruces. Eran las cinco de la mañana cuando salí del sueño. Pasé horas en el desierto. Lindo amanecer bajo custodia.

Ilustración Maigualida Espinoza Cotty

La paradoja

El comunismo es el avance. Se traduce en la forma de vida que debimos mantener por siempre y no esta barbarie ilusionista en la que todo lo destruimos. La maldad estuvo de fiesta, cree estar de fiesta en la pandemia. La ilusión era el futuro. Debemos volver al pasado y recuperar el tiempo perdido. Ser primitivos siempre fue la clave para sostener la armonía planetaria, volver a los bosques y a las plantas. A los ríos cristalinos que tanto añoro, y al mar. Debimos respetar a los seres vivos que fuimos. Ir de vuelta al pasado. Que ya no es pasado sino “futuro”. La “civilización” y el “progreso” son la barbarie, son ilusiones. Ahí está la ciencia para adueñarse de nuestra mente y cuerpo e insertarnos el microchip en la piel. Otra vez seremos esclavos. Pero “modernos”. Vaya paradoja.

El ego

Es nuestro mayor enemigo. Nos lo insertaron en la mente para dejar de crecer. Imagina si no lo tuviéramos, ¿a dónde no iríamos? Debemos reconciliarnos y abolir el ego que nos separa. Todos somos iguales y merecemos la utopía. ¿Qué calidad de existencia llevamos si todos somos egoístas? Seamos amorosos.

Teresa Ovalles M.