PUNTO Y SEGUIMOS | El “sincericidio” de Trump

Mariel Carrillo García

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Hasta hace algunos años existía la sensación de que el imperialismo mantenía ciertas formas, de que las derechas locales asumían la mayor parte de las jugadas y el “caretablismo” que venía con ellas. Sin embargo, Donald J. Trump desenmascaró una política de canibalismo y arrase que lleva más o menos toda la historia republicana de Estados Unidos, y la expuso con el narcicismo y soberbia que le caracterizan.

A los latinoamericanos nada nos debe sorprender de la conducción política de Trump, ni de sus decisiones en política exterior, que no son –al menos en este continente– sino la continuación y exacerbación de los movimientos de Obama, quien siguió a Bush Jr y así regresivamente. La vieja Doctrina Monroe. Lo único que cambió fue la forma de comunicar esas decisiones; cosa que también hizo en el sector interno, de modo tal que ahora millones de ciudadanos norteamericanos reaccionan indignados ante “la locura” y el “autoritarismo” de su presidente.

En un artículo de Jorge Ramos publicado en el New York Times se indica –palabras más, palabras menos- que los estadounidenses están “sufriendo” lo que los latinoamericanos hemos experimentado por años al lidiar con “líderes autoritarios”. Para explicar su argumento, utiliza como ejemplo la propuesta de Trump de retrasar las elecciones presidenciales, ya que estas se realizarían vía correo a causa del coronavirus, y con este método las elecciones de 2020 serían “las más incorrectas y fraudulentas de la historia”.

Para el articulista “Por principio, no hay ningún fraude y Trump no puede tomar una responsabilidad que es del Congreso”. Curiosamente, Ramos, conocido por sus opiniones contra el Gobierno venezolano, está en el bando de quienes asumen, “por principio” que en Venezuela todas las elecciones que se proponen son y serán fraudulentas. También cabe recordar aquí la propuesta adeca de retrasar las elecciones de la Asamblea Nacional. Digo, como para comparar.

Básicamente el coloradito Donald predica con el ejemplo. Hace lo que dice y lo que hace y dice no es ni más ni menos que ejecutar a rajatabla y sin anestesia la política inhumana, mentirosa, sucia, neoliberal y salvaje que convirtió a Estados Unidos en imperio y que hemos sufrido por siglos los demás pueblos del mundo.

Hoy la sociedad estadounidense se indigna porque le pasan alevosamente por encima, porque el presidente se les burla en la cara, se ríe de sus leyes y procedimientos, y porque les trata como si fueran objetos de su propiedad. ¡A ellos que son los ciudadanos del país más libre y democrático de la Tierra!

Resulta tragicómico que dentro de esa nación estén recibiendo una cucharada de su propia medicina, aunque sería mucho esperar que su despertar implicara la ruptura de ese sistema, al menos de puertas para afuera. Trump quizá pague con su puesto la sinceridad de mostrar sin reparos al monstruo yanqui que acostumbraba a vestirse de señora libertaria, pero en el resto del mundo, especialmente en el Sur, al Tío Caimán lo conocemos bien. Bueno sería que los confundidos opositores también lo recordaran. Mal paga el Diablo, dicen…

Mariel Carrillo García