ARRIMANDO LA BRASA | Aprendiendo a emprender

Laura Antillano

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Un amigo de ascendencia española, me ha hecho llegar una serie de fotografías de los tiempos de la gripe española, en las que señoras de muy diversa condición de edad y social, lucían sus tapabocas ajustados desde el rostro al sombrero, (es curioso porque queda abierto un amplio espacio, lo que no deja de ajustar lo relativo a la nariz y la boca), él lo hizo con insistencia a considerar que esta es una pandemia más, de las vividas por la Humanidad, y ha insistido en que solo debemos adaptarnos al tiempo de espera, y la vida retomará su curso.

Sin embargo es válido opinar con relación a ese futuro, sin fecha en el calendario, pero que significaría retomar la libre circulación, reencontrarnos con los demás en términos cotidianos normales, reintegrarse al trabajo (a lo que todavía exista en términos de empresas o vida productiva), y hasta abrazarnos, tener muestras de cariño “físicamente codificadas desde hace tanto” y tan necesarias.

El hecho es que ante la pregunta insistente de todos acerca de si cambiaremos, sirve mirar nuestro entorno y considerar el hecho de que ya -hemos cambiado-.

Hemos visto a mucha gente reaccionar, ante la imposibilidad de seguir viviendo de lo que hacían antes, e inventarse nuevas propuestas, determinadas por la inmediatez de estos días. La palabra /emprendimiento/ está de moda, y esa palabra es una conjunción entre emprender y ser empresario, que entusiasma a quien así se describe. En su mayoría muy jóvenes “emprendedores” o más bien antiguos, que ahora se descubren como tales, responden a las necesidades del día a día, un ejemplo es la inmensa variedad de diseños de tapabocas que se están presentando por todas partes, ingeniosos y hasta estéticamente muy atractivos. La diversidad incluye fragmentos de reproducciones de obras de artistas, combinaciones de colores y tejidos, detalles, etc., al final lo básico es que cumpla con la función de su uso obligante, necesario.

En lo relativo a la cocina, la elaboración de dulces, helados, galletas, y alimentos de mucha variedad, que están poniendo en relieve la culinaria nacional, también ha despertado el sentimiento de nuevos emprendedores, quienes se descubren a sí mismos como apasionados de estos avatares, lo que si por un lado les ayuda ahora a solventar la gravedad de lo económico, también contribuye y en buena medida, a renovar sus ánimos, señalando con optimismo una vía que no hubieran descubierto sin la presión de estas circunstancias.

Me cuentan de un jovencito, casi niño, de Margarita, quien diseño una mascarilla hecha con el plástico de los envases de refresco, para el cubrimiento del rostro con el tapabocas, y le quedó tan bien que vendió su diseño por redes para hacerlos al por mayor. Así que las ideas y la creación van conectadas, respondiendo a las necesidades del día a día. Vale el descubrirlo como un hecho altamente positivo de lo que vivimos, en estos tiempos azarosos del Covid19.

Laura Antillano