HISTORIA VIVA | ¿Turbulencias ideológicas y sociales?

Aldemaro Barrios R.

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Antes de entrar en honduras, veamos que planeaba la Embajada de Estados Unidos en Venezuela, después del estrepitoso fracaso del golpe de estado de 2002. El entonces presidente George Bush nombró a William Brownsfield como su representante en Caracas, un siniestro personaje sacado del sombrero del terrorismo quien presentó un plan cuyo contenido expresaba cinco objetivos para consumar una supuesta derrota del Bolivarianismo: 1) Fortalecer instituciones democráticas, 2) Infiltrarse en la base política de Chávez, 3) Dividir el chavismo, 4) Proteger negocios vitales para EEUU, y 5) Aislar a Chávez internacionalmente.

Digo esto para no olvidarnos que estos objetivos todavía tienen vigencia en las estrategias, recurrentemente fallidas, del gobierno de Estados Unidos sobre Venezuela, El Caribe y Suramérica. Recordemos que en la cosmovisión de los mandatarios estadounidenses, Venezuela es un “distrito petrominero” incluido en un espacio geopolítico más amplio y que contiene El Caribe y Suramérica (Colombia, Ecuador, Brasil, Perú y Bolivia), así aparecemos en algunos de los documentos históricos confidenciales del Departamento de Estado, que aprovecharon debilidades en Brasil, Bolivia y Ecuador para generar los desastres y tragedias sociales en esos países por la implantación de medidas neoliberales patibularias y antipopulares.

La última estratagema del Departamento de Estado fue calificar a Venezuela como narco estado, un absurdo que justificaría su intervención militar en Venezuela; no tiene nada de extraño que Brownfield fuera consultado para crear tal extravagancia, en tanto fue Secretario anti-narcóticos del Departamento de Estado en 2013 y responsable de entrenar personal militar y policial para la lucha antinarcóticos en la que Colombia mantiene un récord de producción de cocaína que supera estadísticas de años anteriores.

Es cierto que existe una oposición muy débil en Venezuela, incapaz de levantar un discurso coherente que convoque algunos sectores nacionales y que se ha plegado vergonzosamente a los dictámenes de Washington; que la estrategia de desgaste social que ha implantado el gobierno norteamericano contra Venezuela desde 2012 hasta hoy no les ha dado resultados, a pesar de 8 años continuos de sabotajes y agresiones contra objetivos selectivos como la alimentación, medicinas y los servicios públicos, poco han avanzado en lograr elevar y generar un cisma a lo interno del chavismo.

Sin embargo notamos, analizando las redes, indicios de demandas que en estas semanas tuvieron como protagonista el tema del salario, cuyo debate a mi modo de ver pudo ser de mayor altura y no de descalificaciones como se mostró. De hecho portales oposicionistas como Efecto Cocuyo, Contrapunto, Caraota Digital, entre otros, destacan titulares elocuentes en esa tarea de dividir, de generar incertidumbre y falsas expectativas políticas: “PPT y PCV se desmarcan de Maduro para las parlamentarias y trabajan por nueva alianza”, “El Consejo Nacional Electoral (CNE) elimina el derecho al voto directo y secreto de la población indígena”, “¡Firmes! Partidos opositores no participarán en elecciones del 6D y convocan a un pacto nacional”. En fin, las mentiras vuelan en un caos desinformativo estridente.

Las opiniones de Jesús Farías en el debate con Pascualina Curcio sobre la economía venezolana y el asunto del salario tuvieron una cobertura espectacular en esos medios, con un interés especial en significar una virtual desintegración del chavismo, pero además estimular la perplejidad social ante los aumentos desproporcionados en el precio de los alimentos que ha golpeado el salario de los trabajadores a impactos históricos. Son indicios que nos permiten deducir que el objetivo selectivo, como lo señaló William Brownsfield desde los laboratorios de guerra sucia, sigue teniendo vigencia. Estos indicios nos dejan una buena dosis de información para el análisis.

Esa es otra arista de la guerra multiforme a la que nos enfrentamos todos los días en escenarios que parecen inverosímiles, puede ser en las redes, frente al televisor, en la computadora, en la mesa de comer, en la cama, son escenarios de batallas en donde se pretende alojar el “virus” de la incertidumbre y el desaliento.

Ya lo señaló el profesor Henry Navas Nieves del Instituto de Altos Estudios de Seguridad de la Nación de la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela analizando los detalles de este tipo de guerra: “La más novedosa de la doctrina la denominamos de Turbulencia Social dirigida a afectar la psiquis de la población atacando los elementos simbólicos y la autoestima de quienes se resisten a la dominación, generando discordia, divisiones, angustia, desesperanza, etc, utilizando para ello los sectores más atrasados ideológicamente de las agrupaciones humanas quienes por lo general son propensos a la crítica estéril, a la descalificación y  al insulto por encima de la  polémica y controversia profunda, fecunda y constructiva”. [1]

Ello no quiere decir que no se discutan y debatan asuntos de interés de Estado, de carácter social, político, económico o cultural, sino que los mismos se correspondan con un ponderado y constructivo método para hacerle más difícil la tarea a los enemigos de la patria que de manera oportunista atentan contra la unidad patriótica, que al fin y al cabo es una condición vital para soportar la carga negativa inmensa que han puesto las baterías imperialistas contra Venezuela y los pueblos de América.

Venezuela está a pocos meses de la elección de una nueva Asamblea Nacional y por los pronósticos que observamos y las movidas de la oposición, van de nuevo divididos a esas votaciones; parcelados entre ir o no a esa contienda electoral, algunos sectores sensatos de la derecha venezolana señalan que la salida política es participar porque la otra es perder más terreno que el que han perdido en los últimos años, y tienen razón. Pero el paroxismo de los extremos de la derecha los llevará a más derrotas, eso es seguro y la tendencia es a que estos grupos desaparezcan y se diluyan en sus propios estertores.

En la otra acera, el chavismo, a pesar de las turbulencias ocasionales, se observa fuerte, unido y sólido en la diversidad, simbólicamente bien centrado con sus dirigentes principales llevando el barco bolivariano a buen destino en medio de agresiones, despojos, amenazas y tormentas provocadas por los huracanes imperialistas, cuyos vientos violentos no han hecho mella en la brújula bolivariana, con un capitán que con destreza demostrada ha controlado el timón en la ruta que orientó Hugo Chávez en el Plan de la Patria.

Sin duda que las discusiones en el campo ideológico revolucionario deben darse, todavía más en el campo filosófico porque siempre existirán los tirantes que atan esa experiencia socialista venezolana a la vieja estructura del capitalismo hegemónico, y sobre todo teniendo encima y muy cerca al gobierno de Estados Unidos con un concierto de gobiernos adláteres que se han convertido en una jauría de amenazantes falderos a los designios del imperialismo norteamericano. Incluso más, con enemigos de la humanidad como el narcotráfico que ve al pueblo y autoridades de Venezuela como un contrario a vencer para liberar las rutas de contrabando de la cocaína colombiana hacia Estados Unidos o Europa.

De manera que no se trata de unos elementos hostiles institucionales como los gobiernos de Colombia y Estados Unidos si no de otro tipo de criminales que han hecho puentes con sectores perversos oposicionistas venezolanos, por lo que ese universo turbio de narcos y bandas delincuenciales, politiqueros y demagogos se han convertido en un verdadero caos de bandidos, chulos y oportunistas, que han usado recursos de la agencias norteamericanas que los apoyan y más recientemente del robo de bienes y recursos monetarios del Estado venezolano que han sido despojados por gobiernos e instituciones financieras en Estados Unidos e Inglaterra. Ahí está el enemigo, no aquí en Venezuela.

Aldemaro Barrios R. | venezuelared@gmail.com

[1] “Inforebeldes Historia”, grupo de debate político-ideológico. 30 de julio 2020.