Empujemos una causa común

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GUSTAVO BORGES

El covid-19, como pandemia que azota a la humanidad, es un evento inesperado cuyo origen aún no está claro. Contiene toda la carga destructiva de un virus desconocido por la especie, la ciencia y la medicina, cosa que lo convierte en un arma tremendamente dañina e incontrolable en el momento en que llega. Gustavo Borges Revilla, analista destacado en el escenario político venezolano, en la actualidad sostiene que “ni el mejor de los guionistas pudo haber escogido un momento como el que nos tocó para la puesta en escena de este flagelo. Cabe mencionar algunos elementos de la crisis que existían alrededor del mundo en 2020 y que con la llegada del virus se complicaron: la lucha intestina entre las élites que sostienen eso que todavía llamamos imperio; elecciones presidenciales en EEUU, amenazas de guerra en Oriente Medio con el acoso de la administración Trump a Irán; crisis y quiebre de consensos en torno al mercado petrolero, y debilidad de Estados que eran referencia de una supuesta estabilidad como Brasil, España e Italia”.

—¿Cuál consideras que sea el origen del covid-19?

—Que haya sido China el primer país que lo reportara le imprime una lógica conspirativa que aprovecha Estados Unidos para intentar ocultar sus desastres internos, pero si revisamos algunas informaciones que salieron hacia el mes de abril, podríamos poner en duda la versión del origen del virus en la provincia china de Wuhan. Es altamente probable que ya hubiera estado circulando en Italia o Francia mucho antes del primer reporte en China. Sabemos que Francia reconoce oficialmente al menos un caso positivo para finales de diciembre y que profesionales de la medicina en Italia recuerdan haber visto “una neumonía muy rara, muy grave, particularmente en los ancianos, en noviembre”. Aun cuando se trate de un evento de esta naturaleza, todos los elementos que se desataron después de su aparición pueden considerarse elementos de guerra contra China.

—¿Cómo valoras el tratamiento que han dado a la pandemia los gobiernos del mundo?

—Está a la vista el desastre estadounidense y brasileño, cuya gestión de la pandemia los tiene con una tasa de mortalidad superior a la media. El virus los encontró con los peores liderazgos de su historia, jefes de Estado con capacidad intelectual casi inexistente, ignorantes absolutos, presos de su propia incapacidad y con torpe gestión que desencadenó una ola de contagios que pudo evitarse.

El mapa de infectados y fallecidos en Estados Unidos es demoledor, los estados más afectados son donde se concentra la población más pobre, negra e inmigrante, más de 20 millones de personas han solicitado ayuda por desempleo y se calcula que superarán los 50 millones. La pandemia permite ver la deformación de un modelo, un sistema, una manera de entender el mundo. Sin la pandemia no estuviera tan claro el momento del colapso.

Luego están los países que desde el día uno decidieron un marco de gestión alrededor de sus poblaciones. El total de casos en China (más de 80 mil) es lo que se cuenta ahora mismo por día en EEUU, cifras demoledoras. Cuba confirmando su modelo, la brigada de médicos Henry Reeve se desplegó en más de 35 países. En Venezuela, los primeros meses se logró contener la expansión del virus, lamentablemente vemos un repunte al regresar de Colombia y Brasil a venezolanos expuestos a la muerte.

—¿Tu opinión sobre el comportamiento de la prensa hegemónica ante la pandemia?

—La guerra informativa no para ni un segundo, y avanza sobre lo que ellos consideran sus enemigos. En medio del desastre estadounidense las empresas supuestamente informativas ajustaron el relato de la pandemia a sus objetivos políticos: estigmatizar a China como supuesto responsable del origen del virus, destacar la crisis de otros países y continuar con su guerra interna contra Trump apuntando a las elecciones de final de año.

En la prensa global no vamos a encontrar nada útil para superar un momento traumático como este; por el contrario, de no buscar fuentes alternativas terminaremos desinformados y repitiendo las estupideces que las agendas políticas de estos aparatos nos obligan a consumir día a día. Por suerte hay miles de alternativas para informarse con criterio y pensar con cabeza propia. Me preocupa la estupidización colectiva y vertiginosa en las redes sociales. La forma en que se uniforma pensamiento, lenguaje, estética, es desoladora.

—¿Cuál es el impacto de la pandemia sobre la clase trabajadora en el mundo?

—La pandemia acelera una situación que ya se anunciaba, pero no es el desencadenante, la causa o el origen de la crisis global. Hay un efecto inmediato sobre las economías del mundo por la reducción drástica del consumo, pero la crisis es más profunda. La incapacidad financiera de la mayoría de la población mundial existe antes de la pandemia, la grotesca acumulación de riqueza de las élites, acelerada en los últimos 50 años, creó la burbuja que está a punto de explotar.

El propio sistema no encuentra formas de lo que los economistas llaman el equilibrio del mercado. La mayoría de ellos se niega a ver el colapso sistémico en su magnitud real. Las víctimas inmediatas seremos los que habitamos en el sur global, a los que se nos despojó de cualquier oportunidad de integración y soberanía. De ahí la insistencia de líderes responsables por retomar mecanismos de integración para evitar un daño más traumático.

Hugo Chávez anticipó una crisis de esta magnitud y entregó lo que pudo por convencer a mediocres de izquierda y derecha para que construyéramos bloques de cooperación.

—¿Crees que en el desarrollo de esta pandemia se esté demarcando el fin del capitalismo?

—Para nada. La pandemia podría significar más bien un aire fresco para el capitalismo. El problema es que creemos que el capitalismo y el imperio son lo mismo o, peor aún, creemos que el imperio es EEUU y no una clase social que acumuló descomunalmente casi toda la riqueza del planeta. El capitalismo es un hecho fundamentalmente cultural, no económico, y ahí es donde la mayoría de los análisis terminan siendo fallidos. Al menos tres veces la historia del capitalismo ha demostrado su capacidad para reinventarse y adaptarse a las circunstancias más complejas. Me refiero a las guerras de independencia que iniciaron en el continente americano, específicamente en el norte, y a las dos guerras mundiales. Los avances tecnológicos surgidos a partir de esos acontecimientos y el reordenamiento de la sociedad consolidaron los valores que ahora forman parte de nuestra cultura y que muy poco se cuestiona desde su raíz.

La paradoja es que en aquellos tiempos todavía existía pensamiento filosófico, debates sobre el futuro de la humanidad, confrontaciones en el ámbito del conocimiento más profundo. Hoy lo más lejos que llegamos es a narrar la tragedia y denunciarla, pero producción de pensamiento no hay, por consecuencia no hay un modelo cultural radicalmente distinto al existente, porque lo que no se piensa primero no llega a existir después. El capitalismo somos nosotros mismos, nuestra forma de relacionarnos, no conocemos otra forma de vivir ni de producir, y hasta ahora no hay a la vista señales de lo contrario.

No digo que no haya alternativas, el ejemplo de resistencia que ha dado el pueblo venezolano en los últimos 20 años y su obra fuera de nuestro territorio, levantando el autoestima de una región ultrajada hasta el límite, es referencia clara de que mientras el sistema se agrieta se abren nuevas oportunidades para pensar y crear al margen de la tragedia. Por muchos años fuimos un fenómeno que con todas sus contradicciones levantó el ánimo de millones de personas por entender la realidad de otra perspectiva, de organizarse de otra manera, de empezar a pensar y experimentar formas de vivir, tomando lo mejor de las experiencias de otras épocas y otros países.

—¿Consideras que China y Rusia serán las nuevas potencias socialistas en una etapa pospandemia?

—China y Rusia están en medio de una guerra que cada vez es menos silenciosa y que se acerca cada vez más a una confrontación de magnitudes catastróficas. Lideran el movimiento de los polos de poder que hasta hace unos años estuvo concentrado en Estados Unidos y Europa. El mundo debe agradecer que ambas potencias estén al frente de la creación de estructuras multipolares, cooperativas, integradoras y solidarias, aun cuando existan intereses económicos y políticos. Sin la capacidad económica y militar que han construido estos países, el mundo estuviera en una situación peor.

Inevitablemente el liderazgo global de Estados Unidos pasará a la historia. La gobernanza global se mueve hacia China y Rusia, que ya hasta institucionalmente tienen un terreno bastante adelantado con el proyecto de la Franja y la Ruta. Venezuela es parte fundamental de este y otros proyectos, nuestra asociación con ellos ha sido fundamental para resistir la guerra criminal que se desató contra nosotros, sobre todo después de la muerte del Comandante.

—¿Cómo visibilizas la creación de la vacuna?

—Rusia anunció que a mediados de agosto van a registrar y producir la vacuna para iniciar en dos meses su inyección masiva en ese país. Esto es una gran noticia que está siendo tergiversada por los idiotas habituales por tratarse de Rusia. Llueven “expertos científicos” que alertan el peligro de poner a circular una vacuna “que no ha cumplido con los estándares de seguridad sanitaria necesarios”. Se trata de un intento por evitar que una solución inmediata y efectiva nazca en fuera de Estados Unidos o Europa. En la carrera por registrar la primera vacuna Rusia lleva ventaja. El presidente Maduro habló de la posibilidad de que tengamos acceso masivo a esta vacuna para finales de año, así que el panorama es menos oscuro. Es una buena noticia que será presentada como mala por los criminales de siempre.

—¿Cómo valoras la acción del Estado venezolano ante la pandemia?

—Venezuela es un país que requiere un análisis aparte. Todo el contexto en el que estamos incluso antes de la llegada del virus es de alta vulnerabilidad. Los efectos del bloqueo criminal han hecho un daño monumental en cuanto a infraestructura de todo tipo.

Previendo esto, la estrategia venezolana desde el día uno fue recomendar cuarentena radical, reducir drásticamente el contacto social y evitar la propagación descontrolada del virus. Los primeros meses fueron de aciertos innegables, se logró cortar las cadenas de transmisión, pero lamentablemente la situación en la frontera activó focos difíciles de controlar debido a la cantidad de gente moviéndose por trochas o caminos fuera del alcance del aparato de seguridad.

También limitamos con Brasil y Colombia, cuyos gobiernos hicieron poco o nada por cuidar el cruce de personas, y animaron y alentaron el movimiento migratorio hacia Venezuela con la intención de provocar un desastre en la frontera y el resto del país. Estamos hablando de gobiernos que han organizado matanzas grotescas contra su propia población como es el caso colombiano, así que para nada es una afirmación inverosímil. El Gobierno venezolano hace lo que puede y más. En medio de la cuarentena fuimos víctimas de un intento de incursión mercenaria, esto es descriptivo del nivel de acoso que tenemos encima, además del bloqueo y la guerra diplomática e informativa. Venezuela es un país víctima y cualquier análisis que hagamos tiene que empezar por ahí.

—¿Ante la pandemia, hacia dónde debe configurarse el liderazgo político en los próximos tiempos?

—El liderazgo político venezolano sufre de los mismos males de cualquier liderazgo que tiene bajo su responsabilidad pelear una guerra injusta e impuesta. Contrario a la visión idealista y religiosa de la política, en un momento de amenaza nacional, se hace imposible no concentrar el mando en una dirección única, con criterio y autoridad, vemos mentes muy lúcidas y con una capacidad estratégica para la guerra descomunal, pero en la misma medida también vemos a oportunistas rescatando beneficios inmerecidos y groseros. Pero la historia está llena de casos así, no es condición exclusiva de la tragedia venezolana, aquí no se ha inaugurado ningún mal, sufrimos lo mismo que muchos otros países que han pasado por situaciones así. La denuncia de las fallas tiene que existir, la crítica al proceso y su rumbo tiene que existir también, tanto como las reflexiones honestas, en su justa medida y evitando no coincidir con nuestros verdugos.

—¿Cuál es el mayor desafío de los pueblos del mundo ante esta pandemia?

—Sobrevivir, cuidarnos a nosotros mismos en aquellos países donde la vida no importa. Resistir la condena de muerte que se nos ha impuesto por la vía de la negligencia. En la medida de lo posible hacer esfuerzos superiores por pensar más allá de la coyuntura, reflexionar y organizarnos. No dejarnos manipular por las agendas de la élite por más dispuestas que parezcan a promover nuestra causa. Evitar la fragmentación y empujar una causa común donde todos estemos incluidos, todos somos víctimas.

—¿Cuál es el aporte desde Misión Verdad ante la atención y el manejo de esta pandemia?

—Misión Verdad pretende ser un instrumento para el estudio de la guerra contra Venezuela. No tenemos otra intención que dejar un registro escrito de todo lo que pasó en estos años, de cómo se intentó por todos los medios colapsar a un país. En el marco de la pandemia, el espíritu de trabajo sigue siendo: reflexionar las causas y consecuencias de un presente difícil, complejo e injusto. Y en la medida de lo posible hacer aportes para salir de este estado de inercia y desesperanza. ♦

Mini Biografía

GUSTAVO BORGES REVILLA

Caracas, Venezuela – 1983

Actualmente se desempeña como director del Grupo de Investigación y Análisis de la Misión Verdad, desde donde presta asesoría a la Cancillería venezolana y a la cadena internacional TeleSur. Es editor, publicista y diseñador gráfico. Premio Nacional de Periodismo 2015, 2016 y 2019. Ha realizado conferencias y talleres de comunicación política en Europa, América Latina y el Caribe. Ha sido fundador y director de imagen de proyectos de comunicación como Ávila Tv, Causa Venezuela y Amazonia Films. Entre los años 2008 y 2011 trabajó como director de arte en campañas para el Consejo Nacional Electoral. Ha asesorado al Ministerio de Comunicación e Información y al Ministerio de Cultura de su país.

Ciudad Ccs/ JOSÉ JAVIER SÁNCHEZ