Es mejor pensar que todo esto es una lección

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ROBERTO MALAVER

En la casa, “codo a codo, somos mucho más que dos”, bromea y no Roberto Malaver con la famosa frase del poeta uruguayo Mario Benedetti, sosteniendo entre el humor y el amor que el ser humano pospandemia seguirá siendo lo que es: egoísta, corrupto y sin ética, pero con el contradictorio abrazo y la misma fuerza querendona –insiste– dentro de la casa. La sátira y su buen humor le sobreviven y creo que se alimentan dentro de su resguardo, su confinamiento, al punto de que este “especulador mayor” tiene el tino afilado para desnudar y anticipar los tropiezos y las torpezas de una oposición con mascarillas de marca: Nike, Louis Vuitton, Adidas, Hugo Boss, Calvin Klein, Prada. En fin, siempre marcando la diferencia, parafraseo.

En su columna semanal “Memorias de un escuálido en decadencia” y libro de recopilaciones, asoma una actual verdad, una doble pandemia venezolana, la del coronavirus y la de otro virus que siempre, y menos mal, pierde fuerza, pero no deja de echar broma, como el papá de Margot, ese personaje de sus textos. Comparto un fragmento:

“Lo bueno de la mascarilla es que uno se la pone y sale a la calle como que fuera una persona decente” –dijo un corrupto de siete suelas de esos que todos vemos y no sabemos de dónde saca pa’ tanto como destaca. Es decir, que nosotros, que desde que nos vimos estamos robando lo que sea posible y más, ahora con estas mascarillas es mucho más fácil porque casi no se nota. Y mientras tanto vimos con preocupación que empezó el registro electoral el lunes 13 de julio, una fecha importantísima, y que los chamos que van a votar por primera vez fueron a inscribirse con una cara de felicidad ja, ja. Y otro que sigue amenazando es el compañero Elliott Abrams, dijo que la guerra es comunicacional, por radio y por internet, así que los compañeros periodistas a los que les paga Elliott están publicando las noticias más caras de la historia de este país, mi país, tu país.

El papá de Margot llegó de la calle, se quitó la mascarilla y dijo: “Menos mal que no me conoció la loca esa que siempre me pide prestado, eso es lo bueno de ponerse esta mascarilla”. Y antes de irse al cuarto nos vio a nosotros y nos preguntó: “¿Y dónde están los reales que se robó Guaidó?”. Y sin decir más nada siguió rumbo al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina gritó: “¿Ya hiciste tu cambio de residencia en el CNE, muérgano?”.

Con este malaverismo, comienza esta entrevista:

—¿Cómo catalogaría esta pandemia planetaria y qué representa para los gobiernos mundiales?

—Sería muy fácil decir que es una tragedia, pero es mucho mejor pensar que es una lección. Una lección que nos está dando alguien para que aprendamos a querernos más. Es una lección para nosotros y una lección para los gobiernos, para que aprendan a defender a sus ciudadanos. Para que sepan que todo gobierno tiene como prioridad salvar al hombre y a la mujer, porque son ellos quienes le dan fundamento a ese gobierno, le dan existencia. Es decir, que de esa lección aprendamos todos, y también aprendamos a conocer el comportamiento de los gobiernos, aprendemos a conocer quién está para ellos por encima de todo, el hombre o el capital.

—¿Qué opina del comportamiento de la prensa hegemónica y local ante la pandemia? Nuestro tratamiento y tacto al informar progresivamente sobre los contagios.

—Con la conducta de la prensa seguimos aprendiendo que continúan defendiendo siempre los intereses del capitalismo. Hacen lo posible por cuidar su capital. Por eso la información de muchos de ellos es para buscar un culpable y no buscar la solución. Así vemos cómo desde Estados Unidos nos dijeron que vino de China el coronavirus, incluso su presidente Trump llegó a llamarlo virus chino, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud todavía no ha dicho de dónde proviene. Y la prensa mundial sigue ese camino.

Lo que no pueden ocultar es la crisis del capitalismo. La crisis de la salud en el mundo capitalista es terrible. Hay que pagarla. En cambio, en Venezuela el tratamiento de la prensa no ha podido ocultar la atención que hubo a tiempo de este virus. Una demostración más de que cuando se piensa y se trabaja a favor de las mayorías es mucho mejor el resultado. A pesar de que somos uno de los países que mejor ha enfrentado la pandemia, los medios internacionales no lo dicen, porque claro, están alineados con Elliott Abrams que quiere salir de Maduro por todos los medios.

—Hay quienes dicen que los países que mejor han gestionado la crisis son los que han estado dirigidos por mujeres: Noruega, Finlandia. ¿Qué opina?

—Se ha comprobado que las mujeres siempre manejaron bien el gobierno en el hogar, ahora manejan mejor los gobiernos de los países.

—¿Sigue vigente la importancia de la articulación entre los pueblos y mecanismos como Unasur, el Alba, la Celac, entre otros?

—En la integración está la clave. Chávez lo vio claramente y luchó por esa unidad latinoamericana. Allí está Cuba dando ejemplo, enviando a sus médicos a todos los países que así lo soliciten. Unasur fue desmontado por los gobiernos que apoyan a Trump, allí hubo una gran unidad, allí estuvo como presidente nuestro amigo Alí Rodríguez Araque, allí se evitó un golpe a Rafael Correa y a Evo, en fin, esa es la mejor respuesta que tienen que dar los pueblos. Y con Chávez, Lula, Evo, Correa. Kirchner, Daniel Ortega, Fidel, se estaba logrando. Y ojalá volvamos en algún momento a tener esas instituciones.

—¿Cuál es el mayor desafío de los pueblos ante esta pandemia?

—El mayor desafío es superarla. Resistir y superarla para seguir encontrándonos en alma, corazón y vida.

—Para usted ¿cuál es el impacto de la pandemia en la comunicación? en vista de que esta pandemia nos obligó a ser virtuales…

—La comunicación se democratizó en las redes. Asomó la creatividad en las soluciones al virus. Se puso de manifiesto el talento de mucha gente creando y diseñando tapabocas, que también es una forma de comunicar. Si tú usas un tapaboca de Armani y yo uso uno hecho en casa, hay una clara diferencia de clase. Yo prefiero el hecho en casa.

—¿Tendrá que dirigirse la humanidad a un cambio drástico de valores y en ese imperativo abolir el capitalismo?

—No. La cosa no es tan fácil. En plena pandemia vemos cómo los capitalistas siguen siendo millonarios y cómo los corruptos siguen robando. Las mascarillas en España se prestaron para un caso de corrupción. En Bolivia un ministro negoció la venta de los respiradores. Es decir, con pandemia y sin pandemia seguimos siendo malos, y el capitalismo sale ganando. Hay que empujar bien fuerte para que se caiga el capitalismo. Mi amigo Pedro Chacín decía que había participado en más de cuatro mil manifestaciones y había escrito miles de volantes contra el capitalismo, y el imperialismo no se había movido un centímetro.

—Se habla de una distopía, del control de la tecnología, teletrabajo, educación virtual… ¿hacia dónde vamos? 

—En ese sentido pienso que se tiene que ir de una vez al gobierno electrónico. Ya que mucha gente está metida en el teletrabajo, como nosotros, tú me envías estas preguntas y yo las respondo y te las envío. Es bueno facilitarle la vida a la gente. De eso se trata al ser gobierno. Facilitarles la vida a los ciudadanos, y con la tecnología se puede lograr.

—Gobiernos electrónicos… y el sedentarismo ¿Y los tele golpes serían más efectivos?

—Los golpes de Estado –si son esos a los que te refieres– requieren de gente. De organización. De militares y a veces también de civiles. Hay que contar con la tecnología, es evidente, pero fíjate en este momento, cuando Trump y su grupo han contado con toda la tecnología para salir de Maduro, sin embargo, no han podido porque existe la unidad cívico-militar. Allí se los dijo, en el Congreso de Estados Unidos, el senador Chris Murphy, hemos hecho de todo, dijo, autoproclamamos a un presidente, enviamos ayuda humanitaria, apoyamos un golpe el 30 de abril y Maduro sigue allí”. No hay que olvidar que antes los gobernantes de Estados Unidos invadían los pueblos e imponían gobiernos, ahora se valen de otras estrategias jurídicas.

—Algún malaverismo o consejo para el periodismo venezolano, ante el insistente y cansón ataque de Elliott Abrams contra nuestro país…

—Hay que decir que en nuestro país hay periodistas que, junto con unas ONG, están siendo financiados por Elliott Abrams, reconocido por él y, además, también dijeron la cantidad de dólares que tenían previsto. No importa el coronavirus, ni la pandemia, importa tomar el poder. Esos periodistas están allí para crear fake news en sus páginas web y después ser premiados e invitados a recibir su premio en Estados Unidos. Así que yo no sirvo para darle consejo a quien no ha sabido escucharlos del pueblo que se los está diciendo todos los días: “El que se mete con Venezuela se seca”.

—Usted que sabe de publicidad, ¿cómo animaría a votar y a salir a votar en medio de una pandemia de esta magnitud? Pero un poco más en serio, ¿qué nos estamos jugando en estas elecciones? y ¿cuál es el panorama con un nuevo CNE, además?

—Hay que votar. Hay que seguir dando una demostración más de democracia. Hay que alcanzar la mayor suma de democracia, y votando es una manera de hacerlo. Ya el CNE anunció que se está preparando para que la gente vote sin problemas, es decir, que ya se montó en la posibilidad de que la pandemia no sea un estorbo, sino que se pueda votar sin correr ningún riesgo de contagio, y eso es muy importante. Y en cuanto a la publicidad, los candidatos tendrán que volver a la radio, porque ahora no podrán abrazar viejitas y viejitos para alcanzar los votos.

—Respecto a la flexibilización y a la cuarentena radical, ¿qué posibles cambios o medidas deberían plantearse o replantearse a propósito del incremento en los casos?

—Yo, que no creo en la literatura de autoayuda, pienso que en este momento uno tiene que autoayudarse. El virus solo lo puede controlar uno. Y uno debe estar en capacidad de elegir: la vida o el virus. Por lo tanto, es mejor esperar en casa, porque en casa se vive mejor.

—¿Volveremos a ser los mismos después de este confinamiento? Y ¿qué mensaje para aquellos que se extrañan, que extrañan el beso y el abrazo, el calor humano?

—Seguiremos siendo los mismos. Pablo Neruda decía: “Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”, pero eso es en el amor. En la realidad somos los mismos: egoístas, sin ética, amantes del facilismo y la corrupción, como nos lo han enseñado los medios y la industria cultural que nos sigue en cada paso que damos. Pero también seguiremos besando, y amando, y siendo amigos, y querendones, porque, en definitiva, “nada humano nos es ajeno”.

—Y usted, ¿qué lección aprendió en casa?

—Aprendí a ser mejor conmigo mismo y con la gente que tengo más cerca de mí.

Mini Biografía

ROBERTO ADOLFO MALAVER GONZÁLEZ

Nueva Esparta, 1955

Nació el 13 de julio de ese año, aunque sus amigos especulen lo contrario. Estudió la primaria y la secundaria en la isla de Margarita y la universitaria la cursó en la Universidad Central de Venezuela (UCV), emocionado primero con Estudios Internacionales y luego con Periodismo. Fue presidente de la Agencia Venezolana de Publicidad, ente adscrito al Ministerio de Comunicación e Información; docente en la Escuela de Comunicación Social de la UCV. Y hoy modera junto al escritor Roberto Hernández Montoya, el programa mejor conocido como Los Robertos, que transmite Venezolana de Televisión (VTV). Editor y columnista del suplemento El especulador precoz y del semanario Ciudad Ccs. Equilibra el humor y la política, respectivamente.

Ciudad Ccs/Francis Cova