Estamos en un colapso climático

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ATILIO BORÓN

¿Qué está pasando?

—Siempre suelo poner un ejemplo cuando se me hace este tipo de preguntas. Que la peste negra de Europa demoró cuatro años en cubrir a Europa, imagínense. Esta demoró cuatro semanas en cubrir al planeta, eso nos da una idea de la dimensión fenomenal que tiene, por supuesto facilitada por el mundo de hoy, el desarrollo de las comunicaciones y los transportes, la enorme movilidad que está registrando la especie humana en un momento como el actual, en donde hay un dato que no se tiene muy en cuenta, el número de personas que han traspasado fronteras de sus países y todas partes.

Pero quisiera que este tema de la pandemia lo ubicáramos en un contexto más amplio que es el proceso de devastación climático, porque no son dos cosas independientes; si hay una pandemia como esta se debe a que ha habido un proceso de destrucción del medio ambiente, que se refleja en eso que se va a dar con una expresión que, a mi manera de ver, es demasiado suave de cambio climático, cuando en realidad estamos en un colapso climático, que son dos cosas completamente diferentes.

Hay presencia de un cambio radical en donde se están descongelando los polos Norte y Sur, en donde se está derritiendo Groenlandia; el año pasado hubo una serie impresionante de incendios y todo esto está relacionado, la pandemia no es independiente de los grandes incendios que asolaron a Australia, los incendios de California, de Europa en Portugal, en la Amazonia, todo esto configura un cuadro en el cual hay que entender el desarrollo de este coronavirus que, evidentemente, plantea el salto de un virus de una especie animal a una especie humana como nosotros, producto de todo este enorme desquicio que se ha producido en este medio ambiente.

—Una presentadora conocida de aquí de la Argentina dijo que ella ya estaba cansada de la cuarentena…

—Esto por sí solo habla de los alcances que puede tener la ignorancia en el caso de una persona que esté frente a un micrófono o una cámara de televisión para decir una aberración como esa. Lo mismo cabe para aquellos que hablan e inventaron el término aquel de la “infecto-dictadura”. Lo cierto es que yo les digo, bueno, pero si están tan incómodos, y son un grupo de veinte, veinticinco, que contraten un crucero y lleven al crucero lo más lejos posible, por favor, de nuestras costas, y allí, que vayan al cine del crucero, a los bailes del crucero, a los restaurantes del crucero, a la pileta [piscina] del crucero, al salón de gimnasio del crucero y luego que vean qué hacer cuando se contagien todos, pero eso sí, que en esas condiciones no vuelvan para acá, porque es muy fácil e irresponsable decir esto cuando todo esto, además, se plantea en medio de un tema político crecientemente tenso acá en la Argentina, donde se utiliza ese argumento para hostigar al Gobierno y arrinconarlo.

Me parece, entonces, que es un caso muy grave que habla de la absoluta irresponsabilidad moral y política de gente que propone eso, sabiendo que los muertos van a ser las personas más pobres, más indefensas, aquellas que están prácticamente al margen de un cuidado serio, como los que pueden tener aquellas que tienen la posibilidad de quedarse en su casa.

—Ahí triunfó ese discurso que tiene Donald Trump o Jair Bolsonaro, de que primero estaba la economía y después venía la salud.

—Exacto, lo cual es un error muy grande, porque primero es inhumano plantear eso, la economía se supone está al servicio de la sociedad, de los hombres y las mujeres que constituimos una sociedad, y en segundo lugar porque cuando esta pandemia llegue a salirse de madre, evidentemente va a producir una debacle económica muchísimo mayor de la que se puede generar en naciones que han establecido una cuarentena vigilada por los gobiernos y asistida por estos como debe ser, por ejemplo, Nueva Zelanda, porque no hablemos de experiencias como el caso de Cuba o Venezuela, porque rápidamente lo impugnan, etcétera.

Pero Nueva Zelanda tiene un índice de natalidad por millón de habitantes parecida al de Cuba, y ellos, ¿qué hicieron?, una cuarentena muy estricta, la mantuvieron durante todo el tiempo hasta que aplanaron completamente la curva y se acabaron los contagios. No había otra manera, no era que ellos no querían que la gente no fuera a trabajar, además nadie puede ser tan estúpido para proponer por capricho que el país entre en un colapso económico, pero cómo explicar que entre un colapso económico del cual nos podemos recuperar y un colapso sanitario en el cual te puedes morir, como se dijo a veces en Estados Unidos, haya gente que diga: “Podemos perder dos millones de personas”. Y ya van llegando a los doscientos veinte mil y esto no ha parado todavía. Entonces, me parece que la opción es muy clara, preservamos la vida y al mismo tiempo tomamos los recaudos para hacer que aquellos que están en cuarentena reciban todo lo necesario para que puedan vivir la normalidad que es posible en condiciones de pandemia como esta.

—Nombrabas a Venezuela y al presidente Donald Trump. Estados Unidos utilizó, cuando tenía alguna crisis interna muy fuerte, las guerras, las invasiones a Irak, Afganistán, los antecedentes, ¿hubo una utilización también en medio de la crisis por parte de Estados Unidos con esta pandemia de la situación de Venezuela?

—Sí, porque ese es un recurso que habitualmente se utiliza en la política norteamericana y Donald Trump lo sigue pensando, la agresión armada a Venezuela la intentaron a eso de un mes con ese desembarco que hicieron a partir de agencias de mercenarios, pero fracasó rotundamente, y renglón seguido lo que hicieron fue enviar dos destacamentos, no solamente uno, porque llegó uno primero y otro después a Colombia, fuerzas del Comando Sur, en donde evidentemente esas fuerzas no van a perseguir narcotraficantes sino que están preparadas para una eventual invasión a Venezuela, lo que sería realmente una tragedia, porque ese país ha sufrido de una manera increíble, y pesa el bloqueo, pesa el robo de los activos venezolanos desde el exterior que es una cosa que debería mover a escándalos a nivel internacional.

Desgraciadamente, las instituciones internacionales hacen caso omiso a eso. Pese a ello, Venezuela tiene uno de los índices más bajos en el ámbito mundial de muertos por coronavirus. Donald Trump puede sentirse tentado, ante la catástrofe que tiene en su casa, de iniciar una operación militar en contra de la República Bolivariana de Venezuela, ahí empiezan los problemas, porque los militares del Pentágono saben muy bien que Venezuela no es un país que esté desarmado. Entonces, hay una capacidad de respuesta y ahí hay un viejo aforismo, desde el análisis de las relaciones internacionales que yo le llamo el aforismo de Noam Chomsky que indica lo siguiente: “Estados Unidos jamás ataca a un país que puede defenderse”, siempre ataca a un país absolutamente indefenso. Cuando el país está desarmado, ataca; cuando el país está armado y tiene capacidad de defenderse, Estados Unidos no lo ataca. La prueba anterior fue la de Corea del Norte, ustedes recordarán las cosas que dijo Trump de Kim Jong-un, que iba a demoler piedra sobre piedra a Corea del Norte, pero finalmente como Corea del Norte tiene su armamento nuclear, tuvo que dar marcha atrás. Sin embargo, estas son maniobras para distraer un poco la atención, pero que en el caso de Venezuela es difícil que la empleen porque se van a encontrar con un hueso muy duro de roer y puede terminar resultándole a Estados Unidos un nuevo Vietnam.

—¿Cómo piensas el mundo pospandemia?

—La pandemia lo que hace es poner una lupa gigantesca, que te permite mirar la crisis que ya estaba en gestación, que venía de mucho antes, y por lo tanto no es correcto asignarle a la pandemia la causalidad de la crisis del capitalismo, ya que venía de mucho antes, había muchos síntomas de la crisis, de hecho la elección de Donald Trump es una prueba del colapso, del agotamiento del modelo del neoliberalismo global, la pandemia solo lo agiganta. ¿Cómo viene el mundo después? Bueno, Henry Kissinger dice, en una nota de hace ya mes y medio, que el mundo no volverá a ser el de antes. Él lanza la advertencia contra aquellos que piensan de que volveremos a lo anterior; olvídense, va a ser muy diferente, y Estados Unidos va a tener que librar una enorme batalla para volver a reconstruir un mundo basado en la libertad, en el comercio internacional, en la cooperación, el multilateralismo.

El foro mundial, ellos ya están pensando en cómo se sale de la crisis y es muy interesante cuando uno lee las cosas que ellos están diciendo, pero parece que se han olvidado por completo de los centros de Washington, del neoliberalismo, y se habla de la necesidad de reconstruir los estados. Estos gobiernos que durante los últimos 50 años estuvieron atacando el gasto público, proponiendo la privatización, la desregulación, la liberación comercial y financiera, ahora dicen que para reconstruirlo, necesitan un papel muy enérgico de los estados, e inclusive ellos mismos hablan de una reforma tributaria. No olvides que algunos de los ultramillonarios en Estados Unidos han declarado –por nombrar solo a uno, el creador de la Microsoft, Bill Gates– que ellos deberían pagar más impuestos, y la gente del agua está diciendo, si vamos a tener que pagar más impuestos para reconstruir esto, se va a requerir un Plan Marshall mundial, los mercados van a ser sometidos a la vigilancia, al control, a regulación estatal, por lo que hay que asegurarse de que ese Estado profundice su raíz democrática y que no se utilice un estatismo renacido para favorecer capitales, que fue lo que pasó con la crisis de los bancos de 2007, en la que Estados Unidos no salió a salvar a los hipotecarios, a los que tenían deudas hipotecarias; no, salió a salvar a los bancos, ¿y los otros? Bueno, al demonio con ellos.

Ahora podemos encaminarnos en ese sentido y cuando uno mira hacia el horizonte que se perfila, es un horizonte en el que sí hay suficiente fuerza social, es suficiente el componente plebeyo de base, y esto puede ser el elemento que permita construir un modelo sociopolítico que yo lo he denominado de manera muy provisoria: protosocialista, porque no es realmente socialista, porque no hay condiciones objetivas ni subjetivas para eso, pero si vos pensás en lo que representa el papel del Estado cada vez más democratizado, es la desmercantilización de la salud, que es un dato fundamental en la desmercantilización de la industria farmacéutica, en la recuperación de las riquezas, que marca el trazado de las bases de un proyecto en construcción, que es la alternativa poscapitalista, que hay que empezar ahora que termine la pandemia.

La creación de este modelo protosocialista, que me parece que es lo que se viene, o si no lo que se vendrá es un estatismo autoritario de derecha al estilo Singapur, va a depender de la fuerza que tengamos en la calle. Entonces dos posibilidades hay, el modelo hacia lo Singapur de autoritarismo bestial, no cierto despotismo bestial con políticas neoliberales, o una alternativa que construyamos nosotros que va a transitar por otros carriles.

—Los sectores más conservadores y también muy capitalistas de la Argentina salen a protestar porque dicen que hay un avance del Estado contra la propiedad privada.

—Claro, porque ellos están defendiendo sus intereses, y no tienen absolutamente ninguna coherencia desde el punto de vista del análisis. Lo único que orientan en el análisis de sus discursos es la defensa irrestricta de sus intereses, violando cualquier regla de la lógica del poder elemental que sea, en lo que está bien allá, está mal acá, y lo mismo pasa un poco para redondear cuando se plantea la reelección. En países como Venezuela, Bolivia o Ecuador eso está muy mal, o como Argentina, pero digamos que la señora Merkel, que ya va por casi 15 años y va a terminar con 16 años, puede ir a reelección, pues en Alemania hay reelección indefinida, y en este caso a esos bandidos que posan de periodistas, y en realidad son sicarios mediáticos, les parece que está muy bien. Solo mienten a la gente, porque si el asunto es no reelección, entonces no reelección en Alemania, no reelección en Bolivia, no reelección en Argentina, pero cuando te dicen no reelección acá, pero allá que hagan lo que quieran, hay una enorme contradicción. Por ejemplo, Felipe González tuvo 12 años y en ningún momento nadie pensó que había ahí una tentación populista autoritaria.

—¿Cómo ves toda esta posibilidad a futuro?

—Creo que hay una posibilidad, pero va a depender, como siempre, de nuestra fuerza, de nuestra capacidad de organización, de la inteligencia con que las fuerzas populares, los electores de izquierda, tengamos para movernos en esta coyuntura. Hay un contexto evidente de un capitalismo crecientemente deslegitimado, no solamente en América Latina, en Estados Unidos, en Europa, hay un imperialismo que evidentemente ya no tiene la fortaleza de antes.

El resultado siempre está abierto, yo creo que definitivamente la única salida que se va a encontrar es una salida por la izquierda, pero tenemos nosotros que apuntalarla con una gran movilización y un esfuerzo muy grande para dar la batalla de la idea, para librar esa batalla en los medios de comunicación que son un componente decisivo, por eso tan importante lo de Telesur y por eso Telesur ha sido tan atacada por la derecha; no es casual, la derecha ataca porque sabe que lo que ustedes dicen en esa señal es algo que no debe ser dicho y que prácticamente nadie más dice.

Mini Biografía

Atilio Borón

(Buenos Aires, 1943)

Sociólogo y analista político. Obtuvo su licenciatura en Sociología y, posteriormente, su Magíster en Ciencia Política. Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard. En 2004 le fue conferido el Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada de la Casa de las Américas por su libro Imperio & imperialismo.

De sus publicaciones más reconocidas destacan: Tras el búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo (2000), Nueva hegemonía mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales (2004) y Consolidando la explotación. La academia y el Banco Mundial contra el pensamiento crítico (2008).

Ciudad Ccs/Juan Carlos Bartolotta, corresponsal de Telesur en Argentina