Hay que planificar el orden social de la pospandemia

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MARIO SANOJA OBEDIENTE

No podemos sentarnos a esperar a ver qué pasa. Tenemos que pensar y planificar cómo será el nuevo orden social derivado de la pandemia, y hay que empezar ya, sostiene el antropólogo Mario Sanoja Obediente, cronista de Caracas.

“La gente habla de la cantidad de casos, pero ¿quién evalúa el problema socioeconómico y cultural que viene asociado con el covid-19?”, dice el eminente investigador.

Según Sanoja, la restauración, con el menor trauma posible, del orden social zarandeado por la pandemia, es uno de los grandes retos que tenemos por delante. “Me parece que, con celeridad, el Estado debe organizar un grupo de trabajo que analice esos aspectos y trate de plantear una normalidad alternativa, porque si no lo hacemos, por más que logremos controlar el brote de la enfermedad, no controlaremos las consecuencias. Habría que saber cuál es el nivel de las discusiones que se están dando en el Gobierno en este aspecto socioeconómico-cultural. Sería interesante que así como nos informan a diario del número de contagiados, nos informaran también de los avances en este otro aspecto, estratégicamente muy importante”, expresa.

En un artículo publicado recientemente, Sanoja (junto a su esposa, la también antropóloga Iraida Vargas) planteó la dimensión de los cambios que podría desencadenar la pandemia. “El coronavirus está provocando una profunda depresión social y económica del sistema capitalista a nivel global. Ello se traducirá, a mediano plazo, en un cambio total en las relaciones humanas y en los sistemas de intercambio económico relacionados con la producción, el cambio y el consumo de bienes y servicios (…) La urgencia de cerrar las fronteras nacionales en los diversos países ha conducido a una fase de reversión del proceso de globalización neoliberal impuesto por Estados Unidos”. Estas ideas marcaron el comienzo del diálogo:

—Se habla de grandes alteraciones del orden mundial. ¿Cómo nos está cambiando la pandemia?

—Este tipo de eventos ha ocurrido en otras épocas de la humanidad. Algunas veces ha ocurrido de manera coordinada con grandes cambios históricos. Por ejemplo, a finales del siglo XV se dio la peste bubónica, que afectó fundamentalmente a Europa occidental, causó una mortandad terrible en la sociedad de aquella época y fue esa enfermedad masiva lo que antecedió al fin de la Edad Media. Ocurrió cuando Europa hizo contacto con Asia, y el intercambio comercial, a través de barcos que iban y venían, significó también el contacto de las ratas que transmitían la peste. Las ratas asiáticas contagiaron a las ratas europeas y también a los seres humanos. Suena cómico, pero fue la causa de una gran tragedia. Se dio en el contexto de los cambios que llevaron finalmente al mercantilismo y al capitalismo.

Entonces, debemos tener en cuenta ese carácter de signos premonitorios que tienen estos fenómenos respecto a otros cambios. En este momento hay una crisis mundial del sistema capitalista y, al mismo tiempo, una pandemia, una afectación total de la salud a escala global.

—Algunos analistas apuestan al fin del neoliberalismo. Otros dicen que no solo su variante neoliberal, sino que todo el capitalismo colapsará.

—El hecho de que surja una enfermedad no significa automáticamente que venga un cambio de esa envergadura. No es que sea una cuestión mecánica, pero hay que estar alertas sobre lo que significa esta pandemia en términos sociales, culturales y económicos. Uno de los aspectos que se observa a nivel general es la afectación de la pandemia sobre la fuerza de trabajo. Mucha gente ya no puede trabajar como antes, no tiene los mismos ingresos y esta situación se agudiza en las sociedades capitalistas neoliberales que han eliminado prácticamente la función del Estado en distintos aspectos de la vida, particularmente el de la salud pública. En países como Estados Unidos, Brasil o Colombia la incidencia de la pandemia en la vida económica y social es terrible. Hay un aumento notable de la pobreza en EEUU a niveles insospechados. En cambio, en países como Venezuela, Cuba, Nicaragua, China y hasta Rusia, donde el Estado ha conservado espacios y practica una política social en materia de salud pública, con grandes inversiones en ese campo, ha habido mejores resultados. Son los países que muestran mejor desempeño, tienen menos incidencia del malestar social y económico imputable a la pandemia. En Venezuela, por ejemplo, la plataforma Patria es un gran inventario de la población, de sus características socioeconómicas y de salud. Parecía que no tenía importancia, pero en este tiempo ha sido fundamental para que el Estado focalice sus esfuerzos en las personas de mayor riesgo. No se habla mucho de esto, pero es importante porque permite dirigir el trabajo de la salud pública en forma más orgánica, en lugar de estar al arbitrio de la contingencia, como pasa en EEUU o Brasil.

—Como cronista, ¿cómo ve la situación particular de Caracas?

—El aumento del número de casos en Caracas tiene relación directa con el ingreso ilegal de migrantes por las trochas de las zonas fronterizas. Son nacidos en Venezuela, pero de familia colombiana, en su mayoría. Por eso es que las zonas donde hay más concentración de familias de origen colombiano es donde ha habido el rebrote: Catia, Petare, por ejemplo. Es importante ponerle atención a esto. Hay que estudiar las características de la población caraqueña para planificar acciones específicas de salud pública.

—Las fiestas han sido otro factor de la propagación, al punto de que el propio presidente Nicolás Maduro tuvo que hacer un llamado a que la gente suspenda esas actividades por un tiempo. Usted dijo en una entrevista, el año pasado, cuando se estrenaba como cronista, que los caraqueños somos históricamente fiesteros. ¿Somos también temerarios?

—Lo de las fiestas se trata de muy antiguas formas sociales de ser. En Caracas no es nada nuevo. Es una manera de expresar fraternidad. En una situación de emergencia como la que estamos viviendo, con riesgo mortal, la fiesta es una manera de olvidarse del problema, buscarle un escape feliz a una potencial tragedia. Por eso buscan la reunión y la diversión, creyendo que así conjuran el problema. Tal vez sí sea una forma de temeridad.

—¿El cambio civilizatorio del que se habla, en qué plazo podría darse?, porque, por lo pronto, lo que vemos es un enriquecimiento brutal de algunas corporaciones, como las de tecnología y ventas a distancia, mientras hay un empobrecimiento tremendo de grandes masas de la población. ¿No será que el neoliberalismo está reabsorbiendo el golpe y utilizándolo a su favor?

—Eso es evidente. Las grandes corporaciones hacen dinero con cualquier cosa y la pandemia no es la excepción. Pero el cambio que se está dando en el nivel de las relaciones sociales es profundo. Esas élites van a encontrar la fórmula para seguir enriqueciéndose, pero es la masa sin trabajo, sin ingresos, la que les dará la orientación definitiva a los procesos que deriven de esta situación. La única forma en que podría ponerse freno a un gran cambio histórico es por la fuerza, instaurando regímenes represivos que aplasten los movimientos sociales mayoritarios. Hay señales de eso, como las masivas protestas en EEUU que han puesto en evidencia el carácter represivo de esa sociedad. Allí se está forjando una auténtica rebelión social en distintas ciudades, y no solamente de negros, también hay latinos y blancos pobres y de clase media. Son sectores que probablemente sentían este problema pero no habían llegado a internalizarlo. Esta coyuntura de la pandemia desencadenó la rebeldía. Mucha gente ya no está dispuesta a calarse la desigualdad y el racismo.

—Otro paradigma neoliberal afectado es el de la globalización, la movilidad planetaria de las élites, los viajes aéreos, el turismo. ¿Cómo lo ve en el contexto de esta crisis?

—Las grandes compañías de aviación tienen pérdidas milmillonarias en dólares. Este es uno de los grandes cambios en el estilo de vida en la etapa que viene. La gente no va a poder viajar tanto como antes porque está claro que la transmisión de la enfermedad depende mucho de la movilidad de las personas, especialmente en el nivel internacional. Y si vamos a lo interno, ya mucha gente no va al trabajo, sino que labora desde su casa. Se está planteando cada vez más la educación a distancia para evitar que se aglomeren los niños en las escuelas. Todo eso es una transformación radical con lo que había hace cinco meses… No estamos hablando de hace veinte años, sino de meses, estamos hablando de lo que pasaba en enero o febrero de este mismo año. Es difícil que la gente pueda adaptarse a esos cambios en tan poco tiempo. Todo el mundo está esperando que las cosas regresen a la normalidad anterior, pero no creo que eso ocurra.

—¿Cómo vislumbra usted que será la nueva normalidad?

—La nueva normalidad va a estar caracterizada, creo yo, por una manera de vivir más individual que la anterior. Lo social tiene que transformarse para dar origen a formas nuevas, con mucho menos contacto personal. Esto será así a menos que inventen una vacuna muy confiable o unos fármacos tan efectivos que tú sepas que si te da el covid-19, te lo curan en 24 horas. Ahora bien, la masificación de esa vacuna y de esos medicamentos dependerá de que se transforme el sistema económico, pues en las sociedades capitalistas el empeño parece ser monopolizar la producción de la vacuna y de los medicamentos para venderlos a altos precios y hacer grandes ganancias. Hay que ver lo que significa vender, por ejemplo, 8 mil millones de dosis de una vacuna. Por eso no se trata solo de que se acabe la enfermedad, sino cómo se va a acabar y de qué mecanismos sociales y económicos tendrán que crearse para establecer la nueva normalidad. Hay que pensar los mecanismos de restauración de un orden social, que será diferente en muchos sentidos. No sé hasta qué punto en Venezuela se esté haciendo una reflexión seria sobre qué hay que hacer y qué hay que cambiar para crear una nueva normalidad. Si no pensamos en eso de manera sistemática, estaremos jugando de forma muy simple, esperando a ver qué pasa. Aquí no podemos sentarnos a esperar a ver qué pasa, sino prevenir y actuar en consecuencia.

—Tampoco podemos seguir por siempre confinados. Es insostenible en lo económico. ¿Cierto?

—Sí, claro, y no solo en lo económico. Es algo que afecta física y psicológicamente. El encierro deteriora físicamente y también en el plano mental, el no hablar con amigos, no intercambiar ideas. Cuando se rompen esos nexos y la gente vive aislada, solitaria, se afecta la calidad de vida en términos intelectuales y espirituales. En México, el confinamiento ha generado problemas familiares y sociales muy graves, especialmente a los más jóvenes, al punto de que tuvieron que crear un sistema de consulta por teléfono para ayudar a las personas en problemas, darles consejos y oírlos.

—¿Recomendaría crear un servicio como ese en Venezuela?

—No sé si en Venezuela hay algo así, creo que no, pero sería importante porque las situaciones son muy difíciles, sobre todo por lo repentino y drástico que ha sido el cambio. A nosotros en la Alcaldía nos dijeron una tarde: “Tienen que irse y no vuelvan más, hasta nuevo aviso”. Uno se va porque entiende el problema, pero ¿hasta cuándo podemos seguir así? Nos dicen que hagamos todo por Internet, pero hay actividades que requieren el contacto personal y, en el caso nuestro, es complicado incluso hacer las tareas cotidianas porque Internet va y viene cuando le da la gana.

—A Venezuela la agarra esta coyuntura en medio de un bloqueo de EEUU, de medidas coercitivas unilaterales, robo de activos y de empresas en el exterior. Lo que estamos haciendo es heroico. ¿Está de acuerdo?

—Sumamente heroico. La parte alentadora es que esta situación es negativa para la normalidad anterior, pero puede ser positiva para el nacimiento de una nueva normalidad. Estamos viviendo una experiencia terrible, sumamente dura. Sin embargo, la gente ha mantenido el orden y la calma a pesar de las dificultades. Otro aspecto clave es que habrá una elección en diciembre y ya no es una simple escogencia de políticos como diputados, ahora abre otras interrogantes. Hay que preguntarse qué representa esta elección para las nuevas formas de vida que tenemos que afrontar. Los candidatos deben tener claro que no se trata solo de conseguir un cambur en la Asamblea Nacional, sino que deben responder a la angustia que la gente sufre como consecuencia de esta pandemia y de los cambios socioeconómicos que han ocurrido. Es una situación peligrosa pero muy interesante.

—Como dice Boaventura de Sousa Santos, es una pandemia pedagógica.

—Sí, muy pedagógica. La gente habla de la cantidad de casos, pero ¿quién evalúa el problema socioeconómico-cultural que viene asociado? Esos son los grandes retos que tenemos por delante. Me parece que, con celeridad, el Estado debe organizar un grupo de trabajo que analice esos aspectos y trate de plantear una normalidad alternativa, porque si no hacemos esto, por más que logremos controlar el brote de la enfermedad, no controlaremos las consecuencias. Habría que saber cuál es el nivel de las discusiones que se están dando en el Gobierno en este aspecto socioeconómico-cultural. Sería interesante que así como nos informan a diario del número de contagiados, nos informaran también de los avances en este otro aspecto, estratégicamente muy importante.♦

Mini Biografía

MARIO SANOJA OBEDIENTE

Caracas-Venezuela, 1934

Mario Sanoja Obediente nació en La Pastora, en 1934. Es licenciado en Etnología por la Universidad de La Sorbona y doctor en Antropología por la Universidad Central de Venezuela.

Colaboró con el Smithsonian Institution y es profesor titular de la UCV. Es individuo de número de la Academia Nacional de la Historia desde 1985. Recibió el Premio Nacional de Cultura en 2004.

Junto a su esposa, Iraida Vargas, ha desarrollado algunos de los más importantes trabajos de excavación arqueológica en el casco urbano de Caracas.

En 2019 fue designado Cronista Oficial de Caracas y desde esa función está empeñado en crear un museo para la ciudad, que no sea un depósito de cachivaches, sino un lugar para la participación y el intercambio de saberes. La pandemia ha obstaculizado la marcha de este proyecto, pero de ninguna manera lo ha paralizado.

Ciudad Ccs/CLODOVALDO HERNÁNDEZ